
Muchos maestros y teólogos han presentado que Jesús caminó sobre la tierra como un hombre al 100%. Nos dicen que lo hizo para mostrarnos lo que un hombre puede llegar a ser y hacer mediante la fe, el ayuno y la consagración espiritual. ¿Es esto cierto? ¿Jesús caminó entre nosotros solo como un hombre, o era algo más, mucho más?
Si dejamos de lado nuestra elevada teología y miramos únicamente a la Palabra de Dios, se hace evidente que la doctrina mencionada no puede ser verdadera. Según las Escrituras, Cristo, quien estaba “en forma de Dios” y “no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse”, fue “hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:6-7). Ser hecho “semejante a los hombres” no es lo mismo que ser hecho exactamente como un hombre caído.
El apóstol Pablo describe esta diferencia diciendo: “El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente; el postrer Adán (Jesucristo), espíritu vivificante. … El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo” (1 Corintios 15:45-49). Nunca hubo un momento en la vida de Jesús en la tierra en el que Él fuera igual a cualquier otra persona. Adán, el padre de toda la humanidad, fue hecho para ser un “alma viviente”. Jesús Cristo, en cambio, fue hecho un “espíritu vivificante”. Aunque Jesús caminó entre los hombres con un cuerpo humano y enfrentó las mismas pruebas que nosotros enfrentamos en la vida, estaba lejos de ser solo un hombre.
Desde el momento de su concepción en el vientre de María, Jesús sería para siempre tanto el Hijo de Dios como el hijo de María. Yo tengo un padre y una madre naturales. Nunca ha habido un momento en mi vida en el que no haya sido descendiente de ambos padres. Jesús también tenía una madre y un Padre. Nunca tomó una sola acción sin que fuera el hijo de María quien la realizara. Tampoco hizo nada sin que fuera igualmente el Hijo de Dios. Incluso hoy, Jesús es tanto el Hijo de Dios como el Hijo del Hombre mientras está sentado a la diestra del Padre (Hechos 7:56).
La clave de todo lo que Jesús hizo en la tierra comenzó con quién era Él. Era “el unigénito Hijo de Dios”. Juan reconoció esto al decir: “…y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre…” (Juan 1:14). No había oración, fe ni consagración que pudiera haber producido lo que Jesús era. Esto solo podía ser el resultado de un nacimiento celestial.
Jesús era más que un hombre. No tenía pecado en su naturaleza ni en su corazón (Juan 14:30). Dios Todopoderoso era su Padre, y esa realidad afectaba todo lo que hacía en esta tierra. Pero, ¿qué hay de aquellos que vienen a Cristo y también nacen de Dios? ¿Son iguales a los hombres y mujeres naturales?
Cuando Pablo nos dice: “El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente; el postrer Adán (Jesucristo), espíritu vivificante”, añade a esto diciendo: “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Como el terrenal, así son también los terrenales; y como el celestial, así son también los celestiales.” (1 Corintios 15:45-48). Es claro que, así como Adán era un “alma viviente”, aquellos que son “terrenales”, es decir, no regenerados, también son almas vivientes. Pueden existir para siempre, pero no son “espíritu” como Cristo. Aquellos que enseñan que un hombre natural “es un espíritu que tiene un alma y vive en un cuerpo”, enseñan un error. Suena bien, pero, simplemente no es bíblico.
El apóstol asegura que, aunque los “terrenales” no son “espíritu”, los hijos de Dios son “como el celestial (Jesucristo)”. Si has nacido de Dios, no eres meramente un “alma viviente”. Así como Cristo es espíritu, ¡tú también ahora eres espíritu! Jesús también confirmó esta poderosa verdad al hablar con Nicodemo acerca de “nacer de nuevo”. Dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Jesús está contrastando el nacimiento natural con el nacimiento espiritual. Todos nacemos en este mundo como “carne”, pero solo aquellos que “nacen del Espíritu” son espíritu. Aquellos que enseñan que “Dios está en todos los hombres” están engañados y te están engañando.
El poder del nuevo nacimiento es tal que produce una creación que no existía antes. A través de este nuevo nacimiento, los que éramos “almas vivientes” recibimos un espíritu de Dios mismo. En ese momento nos convertimos en seres “espirituales”. Este nuevo espíritu no es “Cristo y tú”, es “¡Cristo en ti!” El pecado ya no es tu naturaleza porque el “viejo hombre” de pecado ha sido crucificado con Cristo (Romanos 6:6).
Si eres un hijo de Dios, no eres solo un hombre o mujer mejorado. Sí, eres humano, pero eres más que humano; eres más que Adán; ¡eres más que un hombre! El Espíritu de Dios ha dado a luz una nueva creación cuya vida, alimento y bebida fluyen del cielo mismo. No puedes ser sostenido por cosas terrenales. No eres de esta tierra. ¡Eres más que un hombre!
Artículo original publicado en inglés el 15 de Julio de 2021, con el título: More than a man (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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