
Al inicio del Apocalipsis, Jesús habló a Juan diciendo: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:17-18). Esta declaración fue una proclamación de victoria y el cumplimiento de una promesa. El poder de la “muerte y el Hades” había sido destruido, tal como lo anunció la Palabra de Dios.
En el Nuevo Testamento, hay dos palabras griegas diferentes que se traducen como “infierno”. Una es “geenna”, que se refiere a un lugar de castigo eterno. La otra es “hades”, que significa “invisible, el lugar de las almas que partieron”. Se traduce como “infierno” y “sepulcro”. Esta palabra nunca se utiliza en referencia al “lago de fuego”. En algunos pasajes parece hablar del lugar donde se encuentran los que murieron sin conocer a Dios, pero en otros se refiere al “sepulcro” en general, como simplemente el lugar de las almas que partieron. Sería igualmente preciso traducir las palabras de Jesús como: “mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:18).
Cuando la Biblia habla de Jesús diciendo: “Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción” (Hechos 2:27), está hablando del “Hades” no como un lugar de castigo, sino como “el sepulcro”. Jesús entró en “el sepulcro” para destruir su poder, pero nunca fue al “lago de fuego”. La enseñanza de que Jesús “ardió en el infierno” es una perversión de la Palabra de Dios.
Dios había dado una promesa de la victoria de Jesús sobre el sepulcro a través del profeta Oseas, diciendo: “De la mano del Seol (sepulcro) los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol (sepulcro)” (Oseas 13:14). Innumerables almas han entrado al sepulcro debido a plagas mortales que los atacaron. Sin embargo, esta profecía fue una promesa de que Dios mismo sería una plaga sobre la muerte. En cierto sentido, ¡Dios causaría “la muerte” de la muerte!
Jesús también dio una promesa de la destrucción del “sepulcro”. Cuando Pedro declaró: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, Jesús dijo: “Sobre esta roca (esta revelación de Cristo) edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Esta declaración es en realidad una promesa de la resurrección de los santos. Fue la garantía de que “el sepulcro” no podrá retener ni mantener a aquellos que se aferran a la verdad de Cristo.
El apóstol Pablo nos recuerda esta victoria prometida al hablar de la resurrección de los redimidos. Él dijo: “Entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:54-55). En ese día, tanto “la muerte” como “el sepulcro” serán impotentes para retener a los hijos de Dios. Este pasaje en realidad se burla de la impotencia de “la muerte” y “el sepulcro”. Pablo pregunta: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” Luego Pablo identifica el “aguijón” de la muerte, diciendo: “El aguijón de la muerte es el pecado” (1 Corintios 15:56).
Este concepto llamado “pecado”, que Pablo llama “el aguijón de la muerte”, es lo que da a “la muerte” y “el sepulcro” dominio sobre una persona. La Biblia dice que “la muerte” entró al mundo con el pecado y que “pasó a todos los hombres” (Romanos 5:12). Desde ese día, “el pecado y la muerte” han sido compañeros. Dondequiera que se encuentre el pecado, reina la muerte (Romanos 5:14). Mientras el pecado esté en tu corazón, “la muerte” tiene dominio sobre ti.
Jesús fue “manifestado para quitar nuestros pecados” (1 Juan 3:5). Pablo explica la razón por la cual Jesús sufrió en la cruz, diciendo: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). Así es como Jesús cumplió su promesa de hacernos libres del pecado (Juan 8:36). En nuestra muerte con Cristo, el pecado es destruido, y la muerte pierde su dominio sobre nosotros. Tal vez un día partamos de este mundo por medio del “sepulcro”, pero aun así, “las puertas del Hades (el sepulcro)” no podrán retenernos si realmente conocemos a Cristo. Por otro lado, aquellos que mueren en sus pecados… ¡estarán perdidos! (Juan 8:24).
Artículo original publicado en inglés el 13 de Septiembre de 2021, con el título: The Sting of Death (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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