153. Cómo Morir en Tus Pecados

Jesús hizo una declaración asombrosa a los judíos devotos con quienes conversaba: “…porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). Comparemos esta declaración con la creencia común hoy en día de que todos seremos pecadores hasta que muramos, creyentes o no. Se nos dice que la salvación no cambiará esto, que Jesucristo no cambiará esto. Hasta que dejemos este cuerpo mortal, seguiremos siendo pecadores y continuaremos pecando. En otras palabras, «todos moriremos en nuestros pecados». Esto suena lo suficientemente lógico, excepto por un detalle: ¿Jesús estaba hablando a los incrédulos cuando dijo: “En vuestros pecados moriréis”?

Jesús pronunció estas palabras a los judíos más celosos. Ellos dedicaban toda su vida a buscar cumplir perfectamente la Ley de Moisés. Algunos eran como el apóstol Pablo antes de su conversión a Cristo, quien dijo que, “…en cuanto a la justicia que es en la ley, (él era) irreprensible” (Filipenses 3:6). Las palabras de Jesús a estos judíos devotos fueron extremadamente duras porque su mensaje era que todos sus esfuerzos por alcanzar la justicia terminarían en fracaso. Cuando tomaran su último aliento, seguirían siendo pecadores.

La base de Jesús para esta declaración era simplemente: “Si no creéis que yo soy”. Aquellos a quienes dirigía estas palabras eran muy estudiosos de las Escrituras. Se aferraban a las palabras de Moisés y los profetas. Su relación con Dios, tal como la entendían, era muy importante para ellos. Sin embargo, se negaban a creer que Jesús era, de hecho, su Mesías, el Cristo, de quien Moisés y los profetas habían hablado. A causa de esta incredulidad, toda su dedicación, adoración y actividad religiosa no les serviría de nada.

Jesús ya les había dicho a estos “buscadores” algo difícil de entender: “Me buscaréis, y no me hallaréis…” (Juan 7:34). ¿Cómo es posible que una persona busque al Señor, pero no lo encuentre? La respuesta se encuentra en su declaración: “Si no creéis que yo soy”. Estos creían en la promesa del Mesías. Buscaban a Dios diligentemente y oraban para que Cristo viniera, como muchos judíos lo hacen hasta el día de hoy. Estaban totalmente convencidos de que amaban a Cristo, pero se negaban a creer que Jesús era, de hecho, “Él”, el Cristo. Por lo tanto, cumplían las palabras de Jesús de que buscarían a Cristo pero no lo hallarían. Se creían espirituales, pero su incredulidad estaba condenando sus almas.

Este mismo espíritu de incredulidad posee a muchos en la iglesia hoy. Profesan fe absoluta en Jesucristo. Verdaderamente creen que creen en Él. Sin embargo, rechazan el testimonio de las Escrituras acerca de Jesucristo. Un ejemplo es la profecía de Gabriel sobre Cristo, dada a Daniel. Gabriel dice que el Mesías vendría “…poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable…” (Daniel 9:24). Casi universalmente, los cristianos aceptan que Jesucristo hizo “expiación (reconciliación) por la iniquidad” en la cruz, pero rápidamente rechazan que él puso “fin al pecado” en nosotros a través de su muerte. Otro ejemplo es quienes creen que Jesús murió por nuestros pecados, pero rechazan las palabras del apóstol Juan: “…y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca…” (1 Juan 3:5-6). Esta creencia selectiva es como la de los judíos que afirmaban creer en la promesa de Cristo, pero se negaban a creer que “Jesús es el Cristo” (1 Juan 5:1). La verdad en la que creían quedaba anulada por la verdad que se negaban a creer.

No es el creyente, sino el incrédulo, quien morirá en sus pecados. Jesús lo confirma al hablar del Espíritu Santo, que “…convencerá al mundo de pecado…” diciendo: “De pecado, por cuanto no creen en mí” (Juan 16:9). El único poder que tiene el pecado para permanecer en el corazón o la vida de una persona es el poder de la “incredulidad”. Es obvio que la persona que rechaza las palabras de Jesús, de que “…la verdad os hará libres” (Juan 8:32), nunca será libre. El poder de su “incredulidad” anula el poder de lo que afirman creer. Es fácil morir en tus pecados. Todo lo que debes hacer es rechazar que Jesús sufrió y murió para quitar tu pecado y hacerte libre. Si haces eso, morirás en tus pecados. Por otro lado, puedes creer en la verdad de Cristo y ser libre.

Artículo original publicado en inglés el 2 de Octubre de 2021, con el título: How to Die in Your Sin (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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