155. El Nuevo Pacto de Dios

Cuando Dios dijo: “Haré un nuevo pacto…” (Jeremías 31:31), fue muy claro sobre lo que este “Nuevo Pacto” sería. No sería como los Diez Mandamientos escritos en piedra ni como la Ley de Moisés escrita en pergamino. Dios dijo: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33). Esta profecía sobre el “Nuevo Pacto” se cita dos veces en el libro de Hebreos como la base profética de nuestra salvación en Cristo Jesús (Hebreos 8:8-12, 10:15-17).

Dios dijo que en este Nuevo Pacto pondría su ley en la “mente” de la persona y la escribiría en su “corazón”. Esto habla de un cambio de naturaleza. El apóstol Pablo, compartiendo su experiencia predicando a Cristo entre los gentiles, confirma esto al decir: “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, … muestran la obra de la ley escrita en sus corazones” (Romanos 2:14-15). Estos gentiles fueron transformados por el poder de Cristo de tal manera que, aunque no tenían “ley”, naturalmente hacían las cosas contenidas en la ley de Dios. Pablo dijo que esto “mostraba la obra de la ley escrita en sus corazones…”. Con esta declaración, Pablo está afirmando que estos gentiles habían entrado en el “Nuevo Pacto” de Dios.

El apóstol Pablo confirma nuevamente este mensaje de la ley de Dios escrita en nuestros corazones cuando describe a un creyente como una “…carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 3:3). Cuando esta “carta de Cristo” está escrita en las “tablas de carne del corazón”, se cumple la promesa de Dios de escribir su ley en nuestros corazones.

Muchas personas se resisten cuando se les dice que la verdadera salvación cambia la naturaleza de una persona. Sin embargo, el apóstol Pedro dice lo mismo, asegurándonos que por las “preciosas y grandísimas promesas” de Cristo somos “participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:4). Cuando Cristo viene a nosotros, Él tanto quita como da. Él “quitó nuestros pecados” (1 Juan 3:5) y nos da su “naturaleza divina”.

En su carta a los Gálatas, el apóstol Pablo describe cuán diferentes son los deseos de quien camina en el “Nuevo Pacto” (al que llama “el Espíritu”) de los deseos de quien vive bajo la ley de la religión carnal (al que llama “la carne”). Él dice: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17). Los deseos del “Espíritu” son tan diferentes y opuestos a los de “la carne” que no es posible que aquellos que caminan en Cristo hagan las cosas que harían si aún vivieran en “la carne”. Lo que produce “la carne” Pablo lo llama “las obras de la carne”, pero lo que produce “el Espíritu” lo llama “el fruto del Espíritu”. Estos son completamente opuestos entre sí, tan diferentes como la noche y el día. Uno es la naturaleza de Cristo, y el otro es la naturaleza de “la Serpiente”. Nadie tiene ambas. ¡Este es el “Nuevo Pacto” de Dios!

Artículo original publicado en inglés el 16 de Noviembre de 2021, con el título: God’s New Covenant (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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