
A veces, la verdad no es algo agradable de escuchar. Ese fue el caso cuando Pablo escribió su primera epístola a la iglesia de Corinto. La iglesia estaba llena de carnalidad, contención y conflictos. Algunos en la iglesia incluso vivían en fornicación.
Sin embargo, la reprensión más severa de Pablo no fue para aquellos que cometieron tales cosas, sino hacia cómo reaccionó la iglesia ante esto. Escribió: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?” (1 Corintios 5:1-2).
Los creyentes en Corinto pensaban que su capacidad para acomodar a los involucrados en tales cosas era una señal de espiritualidad. ¡No lo era! Era una señal de su carnalidad. Pablo dijo que estaban “envanecidos”. Estaban orgullosos y altivos. Deberían haber estado con el corazón quebrantado por el pecado en la iglesia. En cambio, actuaron como si estuvieran en medio de un gran avivamiento.
Fue Jesús quien nos dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4). Esto hace referencia a la profecía de Isaías sobre “…a los enlutados de Sion” (Isaías 61:2-3). Estos eran aquellos que “lamentaban” la condición espiritual depravada de Israel. Su “consuelo” se encontraría en la salvación que Cristo trajo al mundo.
Debemos tener compasión por los perdidos. No debemos condenar al pecador por ser pecador. Pero el pecado en el mundo no es lo mismo que el pecado en la iglesia. El pecado desenfrenado en el mundo nos recuerda que el mundo todavía necesita al Salvador. El pecado desenfrenado en la iglesia nos dice que la iglesia ha perdido la realidad de la verdadera salvación.
La iglesia estadounidense ha estado tan inundada de escándalos, promiscuidad sexual y excesos que la mayoría de las personas están “insensibles” a ello. Considera cuántos cristianos se han involucrado en cánticos profanos contra ciertos líderes políticos. ¿Nos reímos de esto? ¿O se quebranta nuestro corazón por ello? ¿Desde cuándo Jesús nos dijo que maldijéramos a nuestros enemigos?
Incluso en el ministerio hemos cambiado la presencia de Dios por carnalidad. Gran parte del ministerio verdadero ha sido sustituido por una producción basada en entretenimiento. Los profetas son exaltados en fama, no porque escuchen a Dios, sino porque nos dicen lo que queremos oír. Es similar a la condición que trajo el juicio de Dios sobre Jerusalén en los días de Nabucodonosor. Dios dijo: “Los profetas profetizan mentira, y los sacerdotes dirigen por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?” (Jeremías 5:31).
La iglesia se encuentra en tal condición porque ha creído su propia mentira. Constantemente se nos dice que todos seguimos siendo pecadores, igual que el mundo. Lamentablemente, en muchos casos, la mentira se ha convertido en verdad. Cuando aceptas que el pecado es normal para un cristiano, esto tiene un efecto doble. Primero, niega la obra de Jesucristo, quien murió para “quitar nuestros pecados” (1 Juan 3:5-6). Cuando esto sucede, se destruye la base de la fe salvadora y el creyente comienza a caer nuevamente bajo el dominio del pecado. En segundo lugar, destruye la brújula moral del creyente. Aquello que antes era inaceptable se convierte en aceptable, y luego justificable. Primero en otros, luego en nosotros mismos. Los profetas describieron esta condición resultante, diciendo: “¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza” (Jeremías 6:15).
Nada cambiará hasta que la iglesia se dé cuenta de cuán lejos ha caído de la gloriosa salvación que Cristo compró para todos. Solo entonces nuestros corazones podrán lamentar nuestra propia condición, la condición de la iglesia y de nuestra nación. Solo entonces Dios podrá avivarnos de la oscuridad que ha llenado la tierra.
Artículo original publicado en inglés el 22 de Noviembre de 2021, con el título: You Have Not Mourned (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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