
Trish es ministra de adoración en la Iglesia Calvary Outreach. Este año sufrió un gran dolor, ya que su padre, su madre y su hermano mayor fallecieron debido a complicaciones por COVID-19. Me ha asombrado la gracia de Dios sobre ella durante este tiempo. Hace apenas unos días, compartió este testimonio sobre la bondad y fidelidad de Dios.
“Hace una semana, fui a la cafetería Luby’s a cenar. Pasé por la fila y me senté a comer cuando, al levantar la vista, vi a una anciana que me recordó muchísimo a mi mamá. Llevaba una falda larga con una blusa rosa bonita a juego, como las que mi mamá siempre usaba. También tenía un hermoso cabello gris y las mejillas caídas, como mi mamá. Incluso su piel delgada, con múltiples manchas oscuras y moretones, me recordaba tanto a ella.
De inmediato, me invadió el dolor y la tristeza. Sentí una angustia profunda dentro de mí. Me dolía tan intensamente como en los primeros momentos de duelo que había enfrentado meses atrás. Comencé a llorar incontrolablemente. Lloraba en silencio, pero sin parar. Solo podía detenerme brevemente cuando cerraba los ojos y tomaba algunas respiraciones profundas. Pero en cuanto los abría, inmediatamente volvía a llorar profusamente.
Escribí a mi familia en un grupo de mensajes explicando lo que estaba pasando. Les dije que me sentía devastada y que no estaba segura de poder soportarlo; les pedí que oraran por mí. Les dije que estaba desesperada por consuelo y que necesitaba un abrazo. Necesitaba un abrazo de alguien, de cualquiera, incluso de un extraño.
Estaba tan quebrantada que, después de enviar el mensaje, oré de inmediato y le pedí a Dios que enviara a alguien a darme un abrazo de consuelo. Pensé que tal vez la mesera lo haría cuando viniera a atendernos. Ella pasó junto a nosotros, pero al verme tan afligida, se alejó rápidamente.
Entonces vi que la señora que tanto me recordaba a mi mamá se levantó de su mesa. De inmediato supe que Dios me la estaba enviando. Se acercó más y más hasta llegar directamente a mí y me dijo: ‘Cariño, tengo que darte un abrazo. ¿Está bien? ¿Puedo darte un abrazo?’ Le respondí: ‘Sí, señora, por favor’. Me abrazó con fuerza y me dio unas palmaditas en la espalda, como lo haría una madre. Me besó en la frente, como lo haría una madre. Me dijo que lloraría conmigo y simplemente me sostuvo durante un largo rato mientras yo desahogaba mi dolor y mis lágrimas y encontraba consuelo.
Después, mientras conversábamos, me dijo: ‘Algo dentro de mí seguía diciéndome que tenía que venir a darte un abrazo. No me dejaba en paz’. Le respondí: ‘Déjeme decirle por qué’. Le conté cómo había perdido a mi mamá y a mi papá a principios de este año y cuánto me recordaba a mi madre. Luego le compartí cómo estaba tan angustiada y oré pidiéndole a Dios que enviara a alguien a darme un abrazo porque necesitaba consuelo desesperadamente. Ella fue la respuesta a mi oración.
Mientras hablábamos, me mencionó que estaba pasando por una situación grave con su hijo Michael. Me dijo que había estado entrando y saliendo del hospital por más de un año. Le diagnosticaron el virus del Nilo Occidental y meningitis, y los médicos ya habían hecho todo lo que estaba en sus manos por él. Le pregunté si podía orar por Michael en ese momento. Ella respondió: ‘Sí, por favor’. Tomados de la mano, agradecí a Dios por haber respondido mi oración y le pedí que sanara a Michael. Sentí la presencia de Dios y creo que Él también respondió nuestra oración por Michael. Después, ella regresó a su mesa, donde estaba sentada con su hija. Supongo que le contó la historia, porque la escuché decir: ‘Y ella oró por Michael’.
Después de eso, sentí una paz y un consuelo indescriptibles. Seguí llorando un poco de vez en cuando, pero ya no era por dolor o tristeza, sino porque me asombraba que Dios hubiera respondido mi oración enviándome precisamente a la señora que me recordaba tanto a mi mamá. Continué dando gracias a Dios por su fidelidad. No solo suplió mi necesidad, sino que creo que también suplió la de ella. ¡Dios es tan bueno!”
Qué recordatorio tan hermoso para todos nosotros, especialmente para quienes han sufrido pérdida, soledad o dolor. ¡Nuestro Padre sabe lo que necesitamos y Él cuida de ti!
Artículo original publicado en inglés el 18 de Diciembre de 2021, con el título: God Cares About You (PDF)

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