
Hace décadas, un ministro anciano me dijo: “La mayoría de las personas no quieren que les digas lo que Dios dice. Quieren que les digas lo que ya creen, pero de una manera nueva y emocionante”. Lamentablemente, a menudo he encontrado que estas palabras son ciertas. La gente se inclina a escuchar a aquellos que les aseguran que lo que desean creer es verdad. Tal comportamiento proviene de una condición espiritual que el apóstol describió como “teniendo comezón de oír” (2 Timoteo 4:3).
Esta generación parece ansiar la afirmación de sus posturas predispuestas. En política, nos negamos a escuchar cualquier cosa que no nos diga que nuestro “bando” es bueno y el “otro bando” es malo. Si el político que apoyamos hace algo incorrecto, queremos escuchar que fue justificable o excusable. Si el político al que nos oponemos hace lo mismo, queremos escuchar lo malvado que es y cómo debe ser castigado. Ocurre lo mismo con la pandemia de COVID-19 y las vacunas que le siguieron. No toleramos nada que no nos diga lo que queremos que sea verdad.
El síndrome de “comezón de oír” también está bien arraigado en la iglesia moderna. Esto se evidencia al considerar la multitud de profetas en la tierra que prometen hablar solo “cosas buenas” al pueblo. La gente puede amar escuchar a tales profetas, pero hablar solo cosas buenas no es una característica de un profeta de Dios. Dios habló de ellos, diciendo: “No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras” (Jeremías 23:21-22). Si un profeta te está diciendo solo lo que quieres escuchar, es casi seguro que no ha oído nada de parte de Dios.
Pablo nos advirtió que este síndrome de “comezón de oír” haría que la gente abandonara la verdad y se volviera a “fábulas”. Dijo que “…no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4). Es asombroso darnos cuenta de que las doctrinas más apreciadas de la iglesia moderna son simplemente “inventadas”. Son solo “fábulas”. Desafío a cualquiera a ir a la Escritura y demostrar por qué cree lo que cree. Si crees que “la sangre de Jesús cubre tu pecado de los ojos de Dios”, no lo encontrarás en la Escritura. Si crees que “los que mueren en su pecado irán al cielo si han creído en Cristo”, no lo encontrarás en la Escritura. Si crees que “los redimidos siguen siendo pecadores que pecan todos los días”, no lo encontrarás en la Escritura. Estas cosas son “fábulas”. Son “inventadas”, pero las personas con síndrome de “comezón de oír” aman escucharlas.
Jesucristo murió en la cruz y derramó su sangre para librarte del poder y la presencia del pecado (Romanos 6:22). Cualquier cosa que niegue esta libertad no puede ser el evangelio de Cristo, porque Jesús mismo nos dijo: “la verdad os hará libres” (Juan 8:32). ¿Por qué este mensaje de libertad del pecado a través de Jesucristo perturba tanto los corazones de quienes lo escuchan? La respuesta es simple: nos despoja de toda excusa. Si Jesús sufrió y murió para hacernos libres, entonces la única razón por la que una persona sigue bajo el dominio del pecado es porque no ha escuchado o porque no quiere creer. Jesús confirma esto al decir que “el Consolador” vendría para “…convencer al mundo… de pecado, por cuanto no creen en mí” (Juan 16:7-9). El síndrome de “comezón de oír” siempre hará que una persona rechace “la verdad” y elija una “fábula”, condenándose así a continuar en la esclavitud del pecado.
No creas en Dios solo cuando dice algo que te gusta escuchar; más bien, créelo sin importar lo que haya hablado. Si eliges qué creer y qué no, harás que toda su palabra sea “invalidada” (Marcos 7:13). Es importante recordar que todo lo que Dios habla, lo habla para nuestro provecho. Incluso su reprensión es para nuestro bien. Guarda su palabra en tu corazón y créela exactamente por lo que dice. Si rompe tu corazón, también lo sanará. Si te derriba, también te levantará. Si reprende tu pecado, también te hará libre (Juan 8:32).
Artículo original publicado en inglés el 26 de Diciembre de 2021, con el título: Itching Ear Syndrome (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Deja un comentario