
Cuando el ángel Gabriel se apareció al profeta Daniel, le aseguró que seis cosas se cumplirían antes de que terminara un período específico de 490 años. Estas seis cosas nos dan la comprensión más clara del propósito de la venida de Cristo jamás registrada en la Escritura. Gabriel las enumeró de la siguiente manera: (1) “…terminar la prevaricación, (2) poner fin al pecado, (3) expiar la iniquidad, (4) traer la justicia perdurable, (5) sellar la visión y la profecía, y (6) ungir al Santo de los santos” (Daniel 9:24). Lo último que Gabriel mencionó fue, en realidad, lo primero en cumplirse: “ungir al Santo de los santos”.
En las Escrituras del Antiguo Testamento hay muchas profecías sobre Cristo. Dios prometió la simiente de la mujer que heriría la cabeza de la serpiente (Génesis 3:15). Moisés habló de un profeta que Dios levantaría “como yo” (Deuteronomio 18:15). David habló de “mi Señor”, quien se sentaría a la diestra de Dios (Salmos 110:1). Isaías habló de un hijo que Dios daría (Isaías 9:6), de un siervo que justificaría a muchos (Isaías 53:11) y de un redentor que vendría a Sion (Isaías 59:20). Estas y muchas otras profecías comenzaron a contar la historia de un mensajero “ungido” que Dios enviaría y a quien Israel comenzó a llamar Mesías, o el Cristo.
La profecía de Gabriel añadió a esta expectativa. También reveló que, así como Samuel derramó el aceite sobre la cabeza de David cuando fue ungido como rey de Israel, habría un tiempo y un acontecimiento en el que el Mesías sería ungido para cumplir su comisión en la tierra.
Cuando comenzaron los últimos siete años de la profecía de Gabriel, un hombre llamado Jesús de Nazaret vino a ser bautizado por Juan el Bautista. Este evento fue la razón por la que Juan fue enviado a bautizar. Juan mismo lo confirma, diciendo: “Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua” (Juan 1:31). Mateo, Marcos, Lucas y Juan registran lo que sucedió aquel día cuando Jesús fue bautizado: “Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Marcos 1:10-11). ¡Esta manifestación del cielo fue una declaración para todos de que el Mesías, el Santísimo, había sido ungido por Dios!
Durante años me pregunté si Juan el Bautista había sido el único que vio este gran evento. ¡No lo fue! Cuando Pedro compartió el evangelio con Cornelio, hizo referencia al conocimiento generalizado de este acontecimiento, diciendo: “Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:37-38). El conocimiento de esta manifestación en el bautismo de Jesús es probablemente la fuente del conocimiento limitado que Apolos tenía acerca de Cristo cuando los creyentes lo encontraron en Éfeso (Hechos 18:24-26).
Cuando comenzó la persecución contra la iglesia primitiva, los apóstoles se reunieron y oraron por denuedo para predicar el evangelio. En su oración dijeron: “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” (Hechos 4:27-28). Ellos entendieron que su tiempo de unción no era un evento distante en el futuro, sino que, sin lugar a dudas, había ocurrido ante todo el mundo a orillas del río Jordán.
El mismo Jesús habló de este evento poco después de que sucediera. Al salir de su tiempo de ayuno y tentación en el desierto, “volvió en el poder del Espíritu a Galilea” y “vino a Nazaret, donde se había criado” (Lucas 4:16). Allí entró en la sinagoga y leyó las siguientes palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19). Luego, Jesús declaró: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:21). Esta fue una declaración abierta de que él era, de hecho, el Ungido, el Mesías, el Cristo.
La unción de Jesucristo por su Padre no fue solo un evento secundario en su ministerio. Fue una declaración para cualquiera que tuviera ojos para ver. El Mesías había venido. Pronto, todo cambiaría. Jesús lo resumió de esta manera, diciendo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). El mensaje de Dios sigue siendo el mismo hoy: ¡Arrepiéntanse y crean en el evangelio!
Artículo original publicado en inglés el 26 de Enero de 2022, con el título: Anointing the Most Holy (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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