163. El Reino de Justicia de Dios

Dios no hace predicciones. Sin embargo, en ocasiones nos dice lo que ocurrirá en el futuro. Un gran ejemplo de esto es la profecía del Mesías Príncipe dada a Daniel por el ángel Gabriel. Más de quinientos años antes de que Jesucristo apareciera en el río Jordán para ser bautizado e iniciar su ministerio terrenal, Dios declaró cuál sería la misión de Cristo y lo que se lograría con su venida. Las seis cosas que Dios dijo que sucederían son: (1) «terminar la prevaricación», (2) «poner fin al pecado», (3) «expiar la iniquidad», (4) «traer la justicia perdurable», (5) «sellar la visión y la profecía», y (6) «ungir al Santo de los santos» (Daniel 9:24). Consideremos el punto (4): «traer la justicia perdurable».

Dios hizo una promesa a través de los profetas acerca de un tiempo en que Sion rebosaría de justicia. Él dijo: «Por amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha. Entonces verán las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará» (Isaías 62:1-2). Lo que a veces se pasa por alto en esta profecía acerca del establecimiento de la justicia en Sion es que Dios dijo: «te será puesto un nombre nuevo». Esta fue una declaración de que esta profecía sobre Sion y Jerusalén llenas de justicia no se refería solo a la nación judía ni a una ciudad física, sino a un reino aún por venir. Este reino comenzó a ser conocido como “el Reino de Dios”.

Jesús habló frecuentemente sobre este reino de justicia. Al comenzar su ministerio terrenal, dijo: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio» (Marcos 1:15). Sus palabras «El tiempo se ha cumplido» hacen referencia al tiempo indicado en la profecía de Gabriel sobre la aparición del Mesías. Todas las promesas sobre este glorioso reino de justicia estaban a punto de cumplirse.

Al observar las profecías sobre este reino de justicia, podemos ver cómo los apóstoles incorporaron este mensaje en el evangelio que predicaban. Dios describió a los habitantes de este reino diciendo: «Y los llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová» (Isaías 62:12). Es interesante notar que los apóstoles se referían a los creyentes como “santos”, lo que significa “sagrado” o “santificados”. Aquellos que han sido lavados de sus pecados mediante la sangre de Jesucristo verdaderamente son “santos”.

Dios da otra visión sobre los habitantes de este reino, diciendo: «Y tu pueblo, todos ellos serán justos; para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme» (Isaías 60:21). El apóstol Pablo debía tener en mente esta profecía cuando escribió: «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis…» (1 Corintios 6:9). Aunque muchas iglesias pueden estar llenas de personas injustas, en el Reino de Dios no hay personas injustas. En este mismo pasaje, Dios llama a estos justos «renuevos de mi plantío». Jesús nos recuerda esto cuando dice: «Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada» (Mateo 15:13).

Dios dijo que su reino sería llamado «Ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel» (Isaías 60:14). El apóstol Pablo se refiere a esto cuando dice a los creyentes: «Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos…» (Hebreos 12:22-23). Pablo estaba confirmando que esta «Ciudad de Jehová» es, de hecho, la Iglesia de Jesucristo.

La gloria de este reino es tal que Dios prometió: «No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos» (Isaías 35:9). Es impactante, pero evidente, que en el Reino de Dios no hay diablo. El «león rugiente» puede andar buscando a quién devorar en este mundo, pero no puede devorar a los que permanecen en Cristo. Ni el pecado ni Satanás tienen existencia en el Reino de Dios. Ambos han sido destruidos para el creyente a través de la sangre de Cristo (1 Juan 3:5; Hebreos 2:14).

Los fariseos también conocían las profecías sobre el Reino de Dios y le exigieron a Jesús que les dijera cuándo aparecería este glorioso reino. Jesús les respondió: «El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros« (Lucas 17:20-21). Esta es una declaración asombrosa. La palabra griega traducida como «entre» también significa «dentro». ¡El Reino de Dios está dentro de ustedes!

El glorioso Reino de Justicia de Dios está en sus hijos. Cristo es este Reino de Dios. Nosotros vivimos en él, y él permanece en nosotros. Nuestro reino no se define por fronteras, tierras, gobiernos o afilaciones religiosas. Como nos dice el apóstol Pablo: «…el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo» (Romanos 14:17). ¡Jesucristo verdaderamente ha traído «la justicia perdurable»!

Artículo original publicado en inglés el 24 de Febrero de 2022, con el título: God’s Kingdom of Righteousness (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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