
El apóstol Juan registró los últimos momentos de la vida de Jesús mientras colgaba muriendo en la cruz, escribiendo: «Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu» (Juan 19:28-30).
Las últimas palabras de Jesús en la cruz, «Consumado es», significan mucho más que solo el fin de su sufrimiento ese día. Fue una declaración de que el propósito completo por el cual vino al mundo ahora estaba cumplido. Después de su resurrección, Jesús les dijo a los discípulos: «Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos« (Lucas 24:44). Todas las profecías sobre el Mesías y su obra en la tierra ahora estaban cumplidas.
Las profecías de Cristo que estaban «escritas en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos» pueden dividirse en dos categorías. En un grupo están las profecías que fueron dadas para confirmar a todos que Jesús es, de hecho, el Mesías que Dios prometió enviar al mundo. Estas profecías hablaban de su nacimiento virginal, los eventos de su vida, el poder de su ministerio y, por supuesto, sus sufrimientos, muerte y resurrección. Cuento veinticinco pasajes diferentes donde los escritores del Nuevo Testamento señalaron eventos en la vida de Jesús y los conectaron con profecías, diciendo: «para que se cumpliese la Escritura». Estas profecías, que describían con precisión los eventos de la vida de Jesús, confirmaban a quienes creían en la Escritura que Jesús verdaderamente es «el Cristo» (1 Juan 5:1).
Este grupo de profecías se ilustra cuando Juan el Bautista, estando en prisión, envió discípulos para preguntar a Jesús: «¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?» Jesús respondió: «Id, y haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio» (Mateo 11:4-5). Jesús sabía que Juan entendería el significado de sus palabras porque Juan conocía la profecía del Cristo que decía: «… vuestro Dios vendrá con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo…» (Isaías 35:4-6). Estas profecías describían los eventos de la vida de Jesús con tal claridad que cualquiera que creyera en la palabra de Dios estaría seguro de que Jesús de Nazaret era, de hecho, el Cristo de Dios.
El otro grupo de profecías hablaba de aquello que no podía verse con los ojos naturales. Estas anunciaban la victoria y la obra redentora de Cristo en la cruz. La primera de ellas se encuentra en las palabras de Dios a la serpiente, cuando le dijo que la simiente de la mujer «te herirá en la cabeza» (Génesis 3:15). Esta era una promesa de que Satanás sería destruido por uno que nacería de una mujer. No se podía ver esta victoria con los ojos naturales, pero el apóstol Juan lo deja claro: «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3:8). El escritor de Hebreos también confirma esto, diciéndonos que Cristo se hizo carne y sangre «para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo» (Hebreos 2:14).
Esto nos lleva de vuelta a la profecía más clara sobre el propósito de la primera venida de Cristo jamás registrada en la Escritura. Gabriel le dijo a Daniel que seis cosas serían cumplidas cuando viniera el Mesías. Estas son: (1) «terminar la prevaricación», (2) «poner fin al pecado», (3) «expiar la iniquidad», (4) «traer la justicia perdurable», (5) «sellar la visión y la profecía», y (6) «ungir al Santo de los santos» (Daniel 9:24).
Las palabras «sellar la visión y la profecía» son una promesa de que todo lo anunciado en la visión se cumpliría antes de que este período específico de tiempo terminara. La palabra hebrea usada para «sellar» se traduce otra vez en este mismo versículo como «poner fin», y significa «cerrar». Antes de que el ministerio de Cristo terminara en la tierra, él «pondría fin» a todo lo que fue enviado a cumplir. ¡Lo terminaría todo! Las últimas palabras de Jesús en la cruz, «Consumado es», fueron una declaración de que no había fallado en cumplir todo lo que vino a hacer.
La obra de redención es una obra terminada. Es un error verla como algo que Cristo aún debe hacer en el futuro. Pablo trató este tema diciendo: «No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos)» (Romanos 10:6-7). No mires al futuro ni siquiera a la segunda venida de Cristo para la realización de algo que los profetas dijeron que Cristo haría cuando viniera. Él ya ha destruido al diablo, ha puesto fin al pecado, ha hecho expiación por la iniquidad y ha traído la justicia eterna. Aquellos que creen en el evangelio y confían en Jesucristo reciben y experimentan esta gran liberación del pecado y de Satanás. Aquellos que rechazan la verdad, siguen luchando en la oscuridad.La gloria y el poder del evangelio no se reciben a través de un proceso religioso. Tampoco es algo que Cristo realizará en el futuro. Puedes ser libre de toda obra de Satanás hoy porque «¡Consumado es!«, ¡Está terminado!.
Artículo original publicado en inglés el 10 de Marzo de 2022, con el título: It is Finished (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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