
Durante la mayor parte de los últimos diecinueve siglos, los teólogos han trabajado arduamente para explicar la enseñanza del apóstol Pablo sobre la justificación. Gran parte de sus esfuerzos han sido semejantes a los de alguien que intenta estudiar un hipopótamo a través de un microscopio. Puede que vean y conozcan mucho sobre una pequeña parte del hipopótamo, pero nunca podrán comprender al animal entero con una visión tan limitada. La enseñanza de Pablo sobre la justificación en el libro de Romanos es un relato multifacético de los inescrutables juicios de Dios (Romanos 11:33). Sin embargo, muchos maestros se han concentrado en un solo aspecto de la justificación y han tratado su visión limitada como si fuera el todo. Aquellos que se acercan a la Palabra de Dios de esta manera nunca conocerán la gloria y la vastedad de esta gran salvación.
Dos aspectos de la justificación
Contrario a su uso en los círculos teológicos, hay dos formas simples en las que la justificación puede aplicarse a una persona o situación. La primera es demostrar que alguien o algo es justo. Si en un juicio penal el acusado es declarado inocente, ha sido justificado por el proceso legal. Ha sido absuelto de toda culpa. Sin embargo, si una persona culpable es declarada inocente, esto no es justificación, sino más bien una injusticia. Dios confirmó esta verdad absoluta acerca de la justificación cuando nos dijo que, aunque Él “perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado”, también “…de ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éxodo 34:7).
David nos ayuda a entender esta primera forma de justificación en su arrepentimiento tras su gran pecado con Betsabé y Urías. Él le dijo a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio” (Salmos 51:4). Pablo citó este pasaje con palabras más comprensibles: “Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado” (Romanos 3:4). David le estaba diciendo a Dios: “Tú eres justificado en cualquier juicio que elijas pronunciar sobre mí por causa de mi pecado, y serás hallado sin culpa cuando tus decisiones sean examinadas”.
La segunda forma de justificación solo se revela después de que una persona o situación ha sido hallada injusta. La justificación, en este caso, es el remedio para la injusticia. Nada que sea injusto puede ser justificado sin antes corregir su injusticia. Llamar justo a lo que no lo es, es, sencillamente, una mentira. Una balanza injusta solo es “justificada” cuando se ajusta para mostrar el peso correcto. Un libro de contabilidad con errores no es justificado hasta que los registros se corrigen. En el sistema de justicia penal, la justificación puede tomar la forma de castigo, reforma o incluso actos de restitución ordenados por el tribunal. Debemos recordar que los remedios humanos siempre son limitados en su capacidad para corregir la injusticia. Sin embargo, la capacidad de Dios no lo es.
Todo el mundo declarado culpable
Los primeros dos capítulos y medio de Romanos establecen el escenario para revelar la “justificación” que Dios provee en el evangelio. En estos capítulos, la nación de Israel y el pueblo judío son presentados como igualmente pecadores que los gentiles. Pablo pregunta: “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros (Judíos) mejores que ellos (Gentiles)? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado” (Romanos 3:9). Pablo usa el registro de la Escritura para probar esto y concluye diciendo: “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” (Romanos 3:19).
Puesto que todo el mundo fue hallado culpable delante de Dios, la primera forma de justificación no puede aplicarse. La verdadera justificación no puede declarar inocente al culpable. Hacerlo sería, en sí mismo, una injusticia. Por esta razón, nuestra justificación toma la forma del remedio. Es lo que Dios hizo para sanar la injusticia de la humanidad caída. Este remedio es lo que Pablo llamó “la justicia de Dios” (Romanos 1:17).
Artículo original publicado en inglés el 21 de Marzo de 2022, con el título: Justifying the Ungodly Part 1 (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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