
¿Qué hace Dios con un mundo entero que ha sido hallado culpable en el tribunal del cielo? ¿Demandará su justicia condenación o redención? Esta «parte 2» de «Justificando al Impío» comienza a guiarnos a través de los muchos aspectos de la justicia de Dios al elegir redimir a la humanidad caída.
A través de la Redención
El apóstol Pablo inicia su revelación sobre la justificación con estas palabras: «Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús» (Romanos 3:21-24). Con las palabras «mediante la redención«, Pablo nos deja ver que nuestra justificación requirió el derramamiento de la sangre de Cristo y su muerte en la cruz. Esta simple verdad revela una diferencia entre la justificación de hombres como Abraham o David en comparación con lo que recibe un creyente nacido de nuevo en Jesucristo.
La Escritura nos dice que aquellos que creyeron en Dios, pero vivieron antes de la venida de Cristo, «… murieron sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos y creyéndolo y saludándolo…» (Hebreos 11:13). También dice que «… todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros…» (Hebreos 11:39-40). Estos hombres y mujeres que confiaron en Dios murieron en la fe, pero sin la gloriosa obra de redención en la que ahora caminamos. Solo después de la crucifixión de Jesucristo pudieron recibirla también. Lo que recibió Abraham fue maravilloso, pero Pablo nos dice que lo que recibimos nosotros es «mucho más» (Romanos 5:9), porque ellos no fueron justificados «mediante la redención«.
El Perdón
El segundo aspecto de nuestra justificación trata con los pecados de nuestro pasado. Pablo los describe como «aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis» (Romanos 6:21). Muchos de nosotros desearíamos poder cambiar nuestras acciones pasadas, pero no podemos. ¿Cómo podemos tener un futuro con Dios cuando la verdad de los pecados ya cometidos se levanta contra nosotros en condenación? Pablo nos da la respuesta al hablar de «… Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados…» (Romanos 3:24-25).
Hay tres palabras griegas en el texto original que son muy importantes para entender correctamente estos versículos. La palabra griega traducida como «pasado» significa «han ocurrido previamente». Estos son los pecados que ya hemos cometido. Otra palabra griega traducida como «remisión» significa «praetermisión”, es decir, “tolerancia». «Praetermisión» es «pasar por alto sin hacer mención». La tercera palabra griega fue traducida como «propiciación» y se refiere a «una víctima de sacrificio». Jesús fue ofrecido como una «víctima de sacrificio» en una «ofrenda de paz» a Dios, para que nuestros pecados, que «han ocurrido previamente», fueran «pasados por alto» por Dios y él «no hiciera más mención» de ellos. Esto es lo que llamamos «perdón».
Es importante notar que Pablo especifica «pecados pasados» y no «pecados presentes y futuros». El perdón de los pecados pasados no significa que podemos pecar impunemente. Judas refutó este tipo de pensamiento, advirtiendo sobre «hombres impíos» que estaban «convirtiendo en libertinaje la gracia de nuestro Dios…» (Judas 1:4), lo cual significa ver la gracia de Dios como una licencia para pecar sin consecuencias eternas. Como veremos más adelante en Romanos, estos pecados confesados y perdonados son los únicos que la sangre de Cristo cubre. Este «pasar por alto» de los pecados pasados nos llega «por medio de la fe en su sangre» (Romanos 3:24).
Por la Fe
El tercer aspecto que Pablo revela sobre nuestra «justificación» en Jesucristo es que es «por fe«. Él dice: «Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley» (Romanos 3:28). Esta idea de «justificación por la fe» fue rechazada por aquellos que confiaban en la Ley. Si Dios recibía a alguien por fe, todas sus labores bajo la Ley eran en vano. Esto hizo que el mensaje de la «justificación por la fe solamente» fuera altamente ofensivo para aquellos que habían trabajado tanto para «justificarse» a sí mismos (Lucas 16:15).
Pablo retrocede casi mil ochocientos años para exaltar a Abraham como un precedente de la «justificación por la fe«. Aunque Abraham fue, sin duda, «justificado por la fe«, su justificación fue diferente a la nuestra porque no fue justificado «mediante la redención que es en Cristo Jesús«. Aun así, él sirve como un ejemplo innegable de cómo Dios recibió a un hombre que creyó en él, aunque no vino por las obras de la Ley. La declaración de que «Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia» (Romanos 4:3) nos dice que Dios consideró la fe de Abraham tanto como una virtud justa como un acto de justicia. Dios valoró el hecho de que alguien creyera y obedeciera su voz más de lo que valoró todas las obras religiosas de los hombres.
La fe de Abraham fue la base sobre la cual Dios eligió darle grandes promesas. Pablo sigue con este precedente descubierto en Abraham para mostrar que las promesas de Dios no vienen por guardar una Ley religiosa. Él dice: «Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe» (Romanos 4:13). Pablo usa este precedente encontrado en Abraham para mostrar por qué la redención solo se da a aquellos que creen en el evangelio, tal como Abraham creyó en las promesas que Dios le dio.
Artículo original publicado en inglés el 28 de Marzo de 2022, con el título: Justifying the Ungodly Part 2 (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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