167. Justificando al impío. Parte 3

A medida que continuamos con la revelación del apóstol Pablo sobre la obra multifacética de la justificación, vemos que se vuelve cada vez más rica y completa con cada versículo. Pablo comenzó mostrando que la justificación viene a través de la redención que está en Cristo Jesús y que trae el perdón de nuestros pecados pasados. Luego muestra que solo se puede recibir por fe. En la Parte 3 descubriremos cómo Dios usa la justificación para alcanzar a aquellos que eran considerados «inalcanzables».

Dios justifica al impío

Pablo hace una declaración muy reveladora cuando escribe acerca de Dios «que justifica al impío» (Romanos 4:5). Esto es diferente al ejemplo de la justificación de Abraham. El «impío» en este pasaje se refiere al pecador descarado. Es la persona que ha vivido sin tener en cuenta a Dios ni a su palabra. Sin embargo, hay dos grandes ejemplos en la Escritura de Dios «justificando al impío». El primero puede sorprender a algunos porque el «impío» en este caso no es otro que el rey David de Israel.

Aunque David era un «varón conforme a mi corazón», cuando Dios lo eligió para ser rey sobre Israel, hubo un período en su vida en el que estuvo muy lejos de ser esa persona. David no solo cometió adulterio, sino que en su intento de encubrir su pecado, mandó asesinar a Urías, el esposo de Betsabé. David continuó ocultando su culpa hasta que Dios envió al profeta Natán para confrontarlo. Solo después de que se expusiera la gravedad de sus pecados, David comenzó a humillarse ante Dios en un verdadero arrepentimiento.

Mientras el corazón de David se quebrantaba por la profundidad a la que había caído, reconoció su pecado ante Dios. Estaba destrozado, sabiendo que la sangre de un hombre inocente y honorable estaba en sus manos. David clamó: «Líbrame de homicidios, oh Dios…» (Salmos 51:14), y «mi pecado está siempre delante de mí» (Salmos 51:3). David sabía que no estaba en condiciones de acercarse a Dios con ninguna pretensión de justicia. Para él, incluso ofrecer un sacrificio habría sido un insulto a Dios. Le dijo a Dios: «Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Salmos 51:16-17).

Pablo usa a David en esta condición como un ejemplo de Dios «justificando al impío». Él cita a David en el Salmo 32, donde vemos qué es lo que Dios busca en el impío para justificarlo. David escribió lo siguiente:

«Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado» (Salmos 32:1-5).

Cuando David intentó encubrir su pecado y «calló», Dios no tuvo consideración ni con él ni con sus oraciones. Solo cuando reconoció su pecado ante Dios y dejó de tratar de ocultarlo de los hombres, Dios lo perdonó. Aquellos que enseñan el perdón automático te están mintiendo. En las palabras de David descubrimos que, sin nada que ofrecer a Dios más que un corazón quebrantado y contrito, el impío puede encontrar el favor de Dios.

David no vino con sacrificios ni con obras religiosas. En cambio, se humilló en un verdadero arrepentimiento y clamó al SEÑOR. Su «fe», que brotó de un corazón quebrantado y contrito, fue la única «justicia» que David pudo ofrecer a Dios. Sin embargo, esto era exactamente lo que Dios estaba buscando. Por eso Pablo dijo: «Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia« (Romanos 4:5). Esto significa que su «fe», que surgió de su «corazón quebrantado y contrito», fue un verdadero «sacrificio de justicia» para el Señor (Salmos 4:5, Salmos 51:19).

David no fue redimido por la sangre de Jesucristo, pero sí descubrió que Dios estaba dispuesto a perdonar sus transgresiones y cubrir los horribles pecados de su pasado. Su gran iniquidad no le fue tomada en cuenta porque en «tristeza que es según Dios» (2 Corintios 7:10), ofreció lo único que Dios está dispuesto a recibir de un impío.

Jesús confirma esta justificación del impío en la parábola del fariseo y el publicano en el Templo. Mientras que el fariseo se jactaba de su propia justicia, el publicano «…no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador» (Lucas 18:13). Este pecador penitente tenía el mismo «corazón quebrantado y contrito» del que habló David. Jesús dijo: «Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro…» (Lucas 18:14). Aquellos que se acercan a Dios con obras religiosas en lugar de un «corazón quebrantado y contrito», siempre serán rechazados por el Señor, pero Dios siempre está dispuesto a «justificar al impío», si el impío está listo para apartarse de su maldad y confiar en Jesucristo.

Paz con Dios

El siguiente aspecto de la justificación revelado por el apóstol Pablo es la «paz con Dios». Pablo dijo: «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo« (Romanos 5:1). Esto habla de un cese de hostilidades. Significa que la guerra entre nosotros y Dios ha terminado. En el versículo 5, Pablo dice: «Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo…» (Romanos 5:10). Nuevamente, Pablo les dijo a los colosenses: «Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado…» (Colosenses 1:21).

El pecado en tu corazón y en tu mente te convierte en enemigo de Dios. De hecho, Pablo nos dice: “los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:7). Como descubriremos en declaraciones posteriores de Pablo, las cosas que nos hicieron enemigos de Dios son tratadas en esta obra redentora de la justificación. A través de Jesucristo, ¡nuestra guerra con Dios ha terminado!

Artículo original publicado en inglés el 5 de Abril de 2022, con el título: Justifying the Ungodly Part 3 (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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