
¿Qué pasaría si se cambiara un solo evento en el relato bíblico de la resurrección de Jesús? El ángel aún habría aparecido a María y dicho: «No está aquí, pues ha resucitado» (Mateo 28:6). Jesús aún se habría aparecido a los discípulos y dicho: «Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (Lucas 24:39). Pedro aún se habría puesto de pie el día de Pentecostés y habría hablado de Jesús, diciendo: «A quien Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella» (Hechos 2:24). ¿Pero qué pasaría si la única diferencia en la historia de la resurrección de Jesús fuera que Jesús nunca murió? La respuesta es obvia. Sin la muerte de Cristo, no podría haber habido resurrección.
Si Jesús no murió en la cruz, entonces las evidencias de su resurrección habrían sido solo una ilusión. Por supuesto, Jesús sí murió en la cruz. El apóstol Pablo nos dice: «Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1 Corintios 15:3-4). La resurrección de Jesucristo de entre los muertos fue la confirmación de Dios de que su crucifixión había cumplido su propósito divino.
Cuando Jesús dijo: «Porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Juan 14:19), nos estaba diciendo lo que su resurrección lograría para nosotros. En términos sencillos, su resurrección nos daría vida. Pablo relaciona esta conexión entre la resurrección de Cristo y nuestra recepción de la vida cuando dice que Dios nos ha «dado vida (revivido) juntamente con Cristo» (Efesios 2:5). Solo al ser unidos a Jesucristo en su resurrección puede una persona tener la vida de Cristo dentro de sí. Por esta razón, Pablo dice: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí» (Gálatas 2:20).
Pedro también confirma esta conexión, diciendo: «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos« (1 Pedro 1:3). La realidad de ser «nacidos de nuevo» nos es dada por el poder de la resurrección de Jesús. La resurrección es incluso la causa y el poder de nuestro nuevo caminar en Cristo. Pablo dice: «Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva» (Romanos 6:4).
Quizás una de las partes menos entendidas de nuestra redención involucra el poder de la crucifixión de Jesús. Es en su muerte donde somos librados del poder y la presencia del pecado. Este mensaje es claramente articulado por los apóstoles. Pablo nos dice: «Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado» (Romanos 6:6-7). La naturaleza pecaminosa de aquellos que son «crucificados con Cristo» (Gálatas 2:20) es destruida por el poder de la muerte de Jesús, y así son «libertados del pecado» (Romanos 6:22). Pedro nos recuerda esto, diciendo: «Quien (Jesús) llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia» (1 Pedro 2:24). Esta liberación del pecado se convierte en nuestra realidad cuando, por la fe, somos «crucificados con Cristo». La cruz de Cristo no es el comienzo de nuestra lucha contra el pecado. Es el final de la lucha, porque es donde el pecado es destruido para aquellos que confían en Cristo. La cruz es donde nuestro «viejo hombre» murió.
De alguna manera, casi universalmente, la iglesia ha confundido el orden de estas dos partes vitales de la redención. Las personas llegan a un lugar de arrepentimiento y/o confesión. Alguien les instruye sobre «cómo ser salvos» y luego les dice que ahora han nacido de nuevo, pero que seguirán siendo pecadores mientras vivan en un cuerpo carnal. Lo que se olvida es que no puede haber un nuevo nacimiento por medio de la resurrección con Cristo si no ha habido primero una muerte al pecado por medio de la crucifixión con Cristo. ¡La crucifixión viene antes que la resurrección!
En la redención, nadie vive con Cristo si no ha muerto primero con él. Pablo nos recuerda esta verdad fundamental del evangelio, diciendo: «Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él« (2 Timoteo 2:11). Pablo nuevamente nos recuerda este «orden» del evangelio cuando nos exhorta a buscar las cosas celestiales. Él dice: «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. … Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios» (Colosenses 3:1-3). Considera su declaración: Si en verdad has resucitado con Cristo, ¡estás muerto! ¡Aquellos que han resucitado con Cristo ya han sido crucificados con él!
Pablo nos instruye a reconocer y afirmar este hecho tan importante sobre nuestra unión con Cristo. Él dice: «Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro« (Romanos 6:10-11). If you truly know Christ, then you are both dead to sin and alive unto God. You need to recognize this powerful truth of the gospel! Because Christ died, you are in fact dead without him! Because Christ lives unto God, you are also made alive unto God through him! This is not a mere confession. This is the reality of those who know Jesus Christ. This is why you have no dominion over them! (Romanos 6:14).
¿Qué confiesa tu fe? ¿Está de acuerdo con la multitud que dice: «Soy hijo de Dios, pero sigo siendo pecador y continuaré pecando hasta que deje este cuerpo mortal»? ¿O concuerda con Pablo y los demás apóstoles que dicen: «Estamos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús»? La primera es una falacia que te mantendrá en la oscuridad. La segunda es la verdad del evangelio, la cual Jesús dijo: «os hará libres» (Juan 8:32).
Artículo original publicado en inglés el 8 de Julio de 2022, con el título: Death Before Life (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Deja un comentario