
Hace treinta y cinco años, un hombre me preguntó sobre el siguiente escenario:
“Había un hombre que antes había sido alcohólico, pero ahora era salvo y caminaba en la gracia de Dios. Un día, mientras conducía, pasó por un club nocturno y decidió entrar para recordar viejos tiempos. Pronto se sintió abrumado por la tentación de tomar solo un trago. Un trago llevó a otro, y antes de darse cuenta, estaba borracho. Luego fue seducido por una prostituta, y mientras estaba en el acto de adulterio, la policía allanó el lugar. Hubo disparos y el hombre murió accidentalmente. ¿Acaso Dios enviaría a este hombre al infierno solo porque fue vencido por una tentación?”
El hombre que me presentó este escenario esperaba que yo discutiera si Dios enviaría a alguien al infierno basándose en una sola tentación, pero no lo hice. En cambio, le respondí: “Eso nunca sucedió”.
“¿Cómo sabes que nunca sucedió?”, preguntó el hombre.
Le contesté: “Porque dijiste que este hombre caminaba en la gracia de Dios. La Biblia dice: ‘…el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia’ (Romanos 6:14). Si este hombre caminaba en la gracia de Dios, el pecado no tendría poder sobre él”.
Hace algunos años, el ministerio de Swaggart recibió una pregunta similar:
“Supongamos que un cristiano tiene su fe en Jesucristo y en Él crucificado, y ama a Dios, pero cae en la tentación y comete adulterio. Si Jesús arrebata a la iglesia mientras esa persona está en medio del acto de adulterio, ¿será llevada en el rapto?”
La respuesta que dieron a esta pregunta fue tanto peligrosa como escandalosa. Dijeron que un hombre podría estar en el acto de adulterio en el momento en que Jesús regrese por su pueblo, y aun así, Jesús lo aceptaría “…si su fe está anclada en Cristo”.
En transmisiones posteriores, los ministros de Swaggart presentaron un argumento aparentemente sabio y convincente para justificar que este hombre sería aceptado por Dios. Sin embargo, lo único que se interpuso en el camino de su “sabiduría” fue la Palabra de Dios misma. Como nos recuerda el apóstol Pablo: “No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, …heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9).
En ambos escenarios mencionados, se nos pide que creamos que el hombre en adulterio está “caminando en la gracia de Dios” o que “su fe está anclada en Cristo”. Ambas son suposiciones y absurdos. Si el hombre en cualquiera de estos escenarios alguna vez verdaderamente conoció a Dios, antes de terminar en adulterio, algo ya había salido muy mal en su caminar con Dios.
Lo que muchos cristianos no entienden es que “el pecado no es la causa del alejamiento de una persona de Dios, sino la evidencia de su caída de la gracia”. Cuando el apóstol Pablo advirtió a los gálatas sobre las consecuencias de apartarse de Cristo para confiar en la circuncisión y en la Ley, dijo: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído”1 (Gálatas 5:4). Ser “desligado de Cristo” y “caer de la gracia” son expresiones sinónimas. El “efecto” de Cristo en su pueblo es que Él limpia nuestro corazón del pecado y nos libra del poder de las tinieblas (Colosenses 1:13). Él es quien “…es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 1:24). Si Cristo deja de tener efecto en nosotros, luchamos por sostenernos por nuestras propias fuerzas porque ya no somos guardados por la gracia.
Cuando alguien que realmente ha conocido a Cristo es encontrado atrapado en el pecado, ese pecado no es la causa de su caída de la gracia, sino el resultado de ella. Aquellos que caminan en la gracia de Dios son “…guardados por el poder de Dios mediante la fe…” (1 Pedro 1:5). Si se apartan de la gracia de Dios, lo único que les queda para sostenerse es su propia determinación y fuerza de voluntad. Entonces, es solo cuestión de tiempo antes de que sucumban ante el incesante ataque del pecado que ha regresado a trabajar en su corazón.
Jesús dijo: “Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Juan 15:4). Este es el secreto de la vida cristiana victoriosa. Busca comunión con Cristo y búscale cada día de tu vida. Cree la verdad del evangelio y aférrate a ella. Aquellos que caminan de esta manera no tienen que temer ni al pecado ni a Satanás, porque su “…vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3), y Él los guarda de caer.
1 En la KJV, este versículo aparece cómo: “Christ is become of no effect unto you, whosoever of you are justified by the law; ye are fallen from grace.”, que traducido literalmente sería: “Cristo se ha hecho sin efecto para vosotros, cualquiera de vosotros que sois justificados por la ley; habéis caído de la gracia.”
Artículo original publicado en inglés el 8 de Octubre de 2022, con el título: False Scenarios (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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