178. Haciendo a Dios mentiroso

La serpiente fue la primera en acusar a Dios de ser un mentiroso. Mientras convencía a Eva de comer del árbol prohibido, ella respondió con lo que Dios les había dicho: “Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis” (Génesis 3:3). La respuesta de la serpiente fue una acusación contra Dios: “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:4-5). El mensaje era claro: “Dios les está mintiendo. Él sabe que no morirán, sino que serán como Él, porque conocerán lo que Él conoce”.

Adán y Eva no habían olvidado lo que Dios les dijo, pero la serpiente los convenció de que no morirían si comían del árbol prohibido. En sus mentes, “Dios estaba equivocado o, peor aún, les había mentido”. Pero Dios nunca se equivoca, ni miente. Si hubieran creído en Dios, jamás habrían comido del fruto que trajo muerte y dolor a toda la humanidad.

Adán y Eva fueron creados en inocencia y todas las cosas fueron puestas bajo su dominio. Sin embargo, cuando fueron puestos a prueba, carecieron del atributo más importante para caminar con Dios: la fe. Su incredulidad los llevó a desobedecer, y su desobediencia entregó a toda la humanidad en manos del pecado y de Satanás. Desde ese día, Dios ha buscado siempre a aquellos que crean en Su palabra.

Tener fe es creer en lo que Dios dice y confiar en que Él cumplirá Su palabra. Esta “fe” es tan importante para Dios que la considera una manifestación de justicia. La Biblia dice acerca de Abraham: “…y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6). Dios encontró en Abraham lo que no halló en Adán. Abraham no tenía hijos y su esposa Sara era estéril. Sin embargo, cuando Dios le prometió que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas del cielo, Abraham creyó que Dios estaba diciendo la verdad. Dios sabía que podía cumplir una gran promesa sobre este hombre porque poseía una virtud justa llamada fe. La Escritura lo llama “la justicia de la fe” (Romanos 4:13).

Esto puede sonar extraño para algunos, pero la fe de Abraham le dijo a Dios todo lo que necesitaba saber sobre él. La incredulidad de Adán y Eva los llevó a desobedecer a Dios. La fe de Abraham aseguró que obedecería a Dios. Cuando Dios puso a prueba a Abraham, la Escritura dice que él “…ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos…” (Hebreos 11:17-19). La fe de Abraham fue la razón por la cual obedeció a Dios. Como resultado, Dios juró por sí mismo, diciendo: “…en tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:18). Era evidente que este hombre, Abraham, no era solo otro Adán.

Abraham creyó la “asombrosa” promesa de que él y su esposa estéril tendrían un hijo. Esta “justicia de la fe” en Abraham fue la base de todas las promesas que recibió de Dios. Dios nos ha dado promesas diferentes a las que le habló a Abraham. Sin embargo, todo lo que recibimos de Dios depende de si creemos que Su palabra es verdadera o falsa. Dios nos ofrece las grandes promesas de redención a través de Cristo Jesús. Cuando estas “asombrosas” promesas llegan a nosotros, Dios observa si seremos como Adán o como Abraham. Si tenemos “un corazón malo de incredulidad” (Hebreos 3:12), como Adán y Eva, no recibiremos nada de Dios. Pero si tenemos un corazón de fe como Abraham, no hay límite para lo que Dios puede hacer en nosotros.

Para Dios, creer o no en Él es un asunto muy serio. Cuando crees en Dios, testificas que Él es verdadero (Romanos 3:4), pero cuando no crees en Dios, actúas como si Él fuera un mentiroso. El apóstol Juan confirma esto cuando dice: “…el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo” (1 Juan 5:10). ¡Es peligroso hacer a Dios mentiroso!

Este “testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo” se resume en las palabras: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). Dios envió a Gabriel para decirnos que Cristo vendría al mundo “…para acabar con la transgresión, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable…” (Daniel 9:24). Este testimonio fue dado por los profetas y confirmado por Jesús y los apóstoles. El apóstol Juan nos dice que Jesucristo “…fue manifestado para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido” (1 Juan 3:5-6). Este testimonio es “la verdad”, la cual, Jesús dijo, hará libres a los que la conocen “de verdad” (Juan 8:36).

Podría enumerar muchos más versículos bíblicos que muestran el testimonio que Dios ha dado acerca de Su Hijo, pero estos no tienen valor para quien no cree que Dios es verdadero. Esta es la pregunta más importante que enfrenta toda persona que ha vivido desde Adán hasta hoy: “¿Es Dios verdadero, o es Dios un mentiroso?” ¡Dios está esperando tu respuesta!

Artículo original publicado en inglés el 14 de Octubre de 2022, con el título: Making God a Liar (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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