
Adán, Eva y los hijos de Israel son los grandes ejemplos de aquellos que conocieron a Dios y vieron sus obras, pero “…no creyeron en Dios, ni confiaron en su salvación” (Salmos 78:22). Debido a que los hijos de Israel no creyeron ni confiaron en Dios, Él juró en su ira: “…No entrarán en mi reposo” (Hebreos 3:11), y toda aquella generación pereció en el desierto. Cuando Adán y Eva no confiaron en Dios, perdieron su paraíso y entregaron a toda la humanidad en manos de Satanás y del pecado. En ambos casos, estos que sabían que Dios existía y vieron sus poderosas obras, no confiaron en Dios, lo que significa que no creyeron en Dios.
Abraham no solo creyó en Dios, ¡sino que confió en Él! A través de creer y confiar en Dios, llegó a ser “…padre de todos los creyentes” (Romanos 4:11) y “…heredero del mundo” (Romanos 4:13). Su ejemplo nos muestra lo que significa “creer en Jehová”. Dios halló en Abraham una preciosa virtud de justicia que faltaba tanto en Adán y Eva como en los hijos de Israel. Esta era la virtud justa de “creer en Dios”. La Biblia nos dice que Abraham “…creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6).
Jesús habló a sus discípulos, quienes ya creían en Dios, diciéndoles: “Creéis en Dios, creed también en mí” (Juan 14:1). Esta era una instrucción para que confiaran en Jesucristo de la misma manera en que confiaban en su Padre. Si hacían esto, no habría límite a lo que Cristo podría hacer en ellos.
Creer en Dios es simplemente creer lo que Él dice y confiar en que cumplirá su palabra. Creer en Jesucristo es creer en las promesas que Dios dio acerca de Cristo y confiar en Jesús para que cumpla esas promesas en nosotros.
Creer en Jesús comienza con la misma revelación que expresó Pedro, cuando dijo a Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). Pedro sabía que Jesús era el Cristo prometido, quien vino “…para salvar a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). La verdad de que Cristo vino para librarnos del pecado es tan central para creer en Jesucristo que Jesús dijo: “…si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). Sin embargo, solo siete versículos después, Jesús habló a aquellos que creían en Él, diciendo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). Observemos el contraste en estos versículos: aquellos que reciben y creen en su palabra serán hechos libres del pecado, pero aquellos que no creen en Él morirán en sus pecados.
Creer en Jesús no es solo aceptar una doctrina. No es solo creer que Jesús existe, ni siquiera solo creer que es el Hijo de Dios. Aquellos que creen en Cristo confían en Cristo. Confían en Él para que cumpla todo lo que Dios prometió que haría en ellos y sobre ellos. Por esta razón, somos enviados a predicar el “evangelio de Cristo”. Este es el fundamento de nuestra confianza en Jesucristo.
Algunas personas piensan que la fe es solo creer «algo» acerca de Jesús. Eso no es fe; es un engaño. El evangelio de Cristo, tal como está registrado en las Escrituras, es la única base para la verdadera fe. Pablo habla de confiar en Cristo, diciendo: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13). Hasta que escuchemos la verdad del evangelio, no tenemos una base real para confiar en Cristo. Por esta razón, tantos creyentes profesantes son arrastrados por las tormentas de la vida, el poder del pecado y los vientos de engaño. Han confundido confiar en Cristo con confiar en las locuras y fábulas religiosas de los hombres.
Consideremos las promesas enumeradas a continuación, dadas a aquellos que “creen en Él”, es decir, a quienes creen el testimonio que Dios ha dado acerca de Jesucristo y confían en Cristo para cumplir esa obra en ellos:
- “…para que todo aquel que en él cree, no se pierda…” (Juan 3:16).
- “…el que en mí cree no tendrá sed jamás” (Juan 6:35).
- “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47).
- “…el que cree en mí, …de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38).
- “…el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).
- “…todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:26).
- “…todo aquel que cree en mí, no permanecerá en tinieblas” (Juan 12:46).
- “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también…” (Juan 14:12).
- “…que todo aquel que en él creyere, recibirá perdón (libertad) de pecados por su nombre” (Hechos 10:43).
- “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad (privilegio) de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).
Artículo original publicado en inglés el 7 de Noviembre de 2022, con el título: Believing in Jesus Christ (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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