181. Mi bendición

Dos semanas después de haber rendido mi vida a Jesucristo, mi situación financiera colapsó… y luego empeoró. En el negocio, nos quedamos con una deuda enorme que mi padre y yo pasamos más de doce años trabajando casi sin ganancias para pagar. Mis ingresos mensuales apenas cubrían el pago de la hipoteca de nuestra casa, así que mi esposa trabajaba para proveer alimento y cubrir nuestros demás gastos de vida.

No me estoy quejando. De hecho, me regocijo. Durante ese tiempo, vi a Dios hacer muchos milagros en todas las áreas de nuestra vida. Aún más, fue un tiempo de grandes bendiciones espirituales. Recuerdo muchas visitaciones del Espíritu de Dios. También fue una época en la que Dios me reveló gran parte de lo que hoy veo y entiendo en Su palabra. Día y noche mi corazón estaba puesto en el Señor. Descubrí que podía vivir en Su bondad a pesar de las circunstancias naturales. Con el tiempo, comenzamos a ver cómo Dios transformaba nuestra situación.

Durante casi siete años, mi esposa no pudo concebir hijos. La única respuesta de los médicos fue confirmar que ella no podía. Seis semanas después de que entregamos este asunto a Dios, mi esposa quedó embarazada de nuestro primer hijo. Nuestro primogénito fue diagnosticado con una condición que, según los médicos, requeriría la remoción y el reemplazo de la parte frontal de su cráneo. Nos negamos a la cirugía y vimos a Dios hacer lo que los médicos decían que era imposible.

Incapaz de pagar o vender la casa en la que vivíamos, me arrepentí delante de Dios como un pecador por haberme metido en semejante problema. Dios proveyó una salida que nos dio los $18,500 que necesitábamos para comprar la casa en la que aún vivimos, treinta y cinco años después. Mientras trabajábamos para reparar y remodelar la casa que habíamos comprado, llegamos a un punto en el que se nos acabó el dinero y no podíamos avanzar. En un momento anterior, me había acercado a una empresa para intentar comprar puertas y ventanas de casas casi nuevas que estaban a punto de ser demolidas. Me respondieron con un absoluto “No”.

Una noche, llegué a casa del trabajo con algo en mi corazón de parte del Señor. Me senté en el sofá con mi esposa y oré esta oración: “Padre, tú sabes que nunca te he pedido cosas terrenales. Mi deseo es tener más de ti y de tu presencia, pero siento que quieres que te pida esas puertas y ventanas. Si esto es tu deseo, entonces te pido estas cosas que necesitamos”.

A la mañana siguiente, recibí una llamada de mi hermano mayor, Mike. Me dijo que el abogado de la empresa propietaria de las casas que iban a ser demolidas lo había llamado la noche anterior. El abogado le dijo que las casas serían demolidas la semana siguiente y que recordaba que alguien había preguntado por las puertas y ventanas, pero no recordaba quién. El abogado le dijo a mi hermano: “Si sabes quién es, dile que puede tomar lo que quiera sin costo alguno. Solo que lo saque antes del fin de semana”. Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver la rapidez con la que Dios había provisto.

Un día estaba ministrando en un servicio y, como lo había hecho muchas veces, estaba contando las más recientes bendiciones de Dios sobre nuestra vida. Mientras compartía cómo Dios nos estaba proveyendo los materiales necesarios para reparar nuestra casa, el Espíritu de Dios me preguntó: “¿Esa es tu bendición?”. Inmediatamente, mi corazón se quebrantó y respondí: “¡No, Señor! Tú eres mi bendición. Tú me salvaste de las profundidades del pecado y me has sostenido en cada situación. En las tormentas de la vida, me has llenado de gozo y paz. Nada de este mundo que me hayas dado se compara con tenerte a ti. Solo tú eres mi bendición. Sin ti, todo es vacío y vano”.

Recuerdo las palabras del apóstol: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; … y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos” (Hebreos 10:32).

Artículo original publicado en inglés el 19 de Noviembre de 2022, con el título: My Blessing
 (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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