
Dios ha usado a muchas personas de maneras asombrosas e impresionantes a lo largo de los siglos desde la resurrección de Jesucristo. Algunos han sido grandes ganadores de almas; otros han sido usados en dones de sanidades y grandes milagros. Algunos, como el apóstol Pablo, recibieron una gran revelación del evangelio de Cristo. Sin embargo, ninguna persona ha poseído o manifestado jamás la plenitud de Cristo. Si alguien lo hubiera hecho, habría sido como si Jesucristo mismo estuviera caminando y ministrando en medio de nosotros. Aquellos a quienes consideramos los más grandes ministros de Cristo solo poseyeron una porción limitada de su plenitud.
El apóstol Pablo confirma esto cuando dice: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7). La palabra “medida” habla de una “porción limitada”. Pablo tenía la porción de apóstol y maestro. Su porción era grande, pero aún así “limitada”. Juan era apóstol y profeta. Felipe era evangelista y sus hijas tenían el don de profecía. Ágabo era profeta. Ananías era simplemente un discípulo, pero recibió visiones del Señor y fue usado por Dios mediante la imposición de manos para restaurar la vista de Saulo de Tarso. Cada uno de ellos tenía una diferente “medida” de Cristo.
Pablo recordó a los efesios su conversión y su posterior bautismo con el Espíritu Santo, diciendo: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13). Luego ora por ellos diciendo: “Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis […] cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Efesios 1:18-20). Esta era una oración para que los creyentes entendieran lo que el poder del Espíritu Santo haría en ellos si se lo permitían.
A medida que Pablo continúa su carta a los efesios, explica cómo se imparte la “medida de Cristo” a un creyente. Dice: “Del cual fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder” (Efesios 3:7). Esto hace referencia al poder del Espíritu Santo obrando en una persona que ha sido bautizada con el Espíritu de Dios. La “operación de su poder” en una persona es lo que le da la gracia para recibir su medida del don de Cristo. La gracia dada por “la operación de su poder” convirtió a Pablo en un poderoso apóstol de Jesucristo. Aun así, esto era solo una “porción limitada” de la plenitud de Cristo.
En el siguiente capítulo de Efesios, Pablo finalmente nos dice qué es lo que trae la plena manifestación de Cristo en la tierra. Describe los diversos ministerios que Cristo colocó en la iglesia mediante la operación del Espíritu Santo en individuos. Dice: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4:11). El propósito de estos ministerios era establecer a cada creyente en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, para que la obra del Espíritu Santo pudiera hacer que todo el cuerpo de creyentes se levantara como “un varón perfecto (completo), a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). La iglesia misma es la única entidad que Dios ha ordenado para manifestar la plenitud de Cristo en este mundo.
Una iglesia así rara vez ha existido desde la resurrección de Jesucristo. Se vio y se manifestó en los días de la “iglesia primitiva”, pero desapareció con la entrada de falsos maestros cuando los apóstoles fueron quitados del escenario. Tal vez ha habido ocasiones en que Cristo fue plenamente manifestado en la iglesia durante tiempos de gran avivamiento y derramamiento del Espíritu de Dios, pero han sido pocos y esporádicos. Cuando la plenitud de Cristo se manifiesta en la iglesia, estas palabras son verdaderas para la iglesia así como lo fueron para Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19).
Se han ofrecido muchas enseñanzas necias y antibíblicas como excusas para justificar por qué la iglesia no manifiesta plenamente a Cristo hoy. Algunos afirman que ciertas “dispensaciones” han cambiado la forma en que Dios obra en su pueblo. Si esto fuera cierto, entonces no podría ser verdad la palabra de Dios que dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). Otros afirman que la maldad del mundo limita a Dios. ¡Qué tontería es esa! ¿Acaso la maldad de la humanidad significa que Dios deja de ser Dios?
Hay una sola razón por la cual la plenitud de Cristo no se manifiesta en la iglesia y, por lo tanto, en el mundo. Pablo nos dice que este “varón perfecto (completo)”, que es “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, solo se manifiesta cuando “todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro” (Efesios 4:16). Esta declaración nos lleva de vuelta a la “operación eficaz” del Espíritu Santo en cada individuo. Cuando el Espíritu Santo operó eficazmente en Pablo, lo convirtió en un poderoso apóstol. Cuando operó eficazmente en Felipe, lo convirtió en un evangelista, echó fuera demonios y manifestó grandes milagros. Cuando operó en Ágabo, lo convirtió en un profeta. Cada miembro tiene una medida limitada, pero cuando el Espíritu Santo puede operar eficazmente “en la medida de cada miembro”, las “medidas” de cada uno se levantan juntas y manifiestan la plenitud de Cristo al mundo.
El apóstol Pablo dijo que Cristo es “…la cabeza sobre todas las cosas para la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:22-23). He visto grandes ministros y grandes santos de Dios, pero nunca he visto una iglesia que sea la plenitud de Cristo. Tal iglesia solo se verá nuevamente cuando cada uno de los que se reúnen esté lleno del Espíritu Santo y el Espíritu de Dios pueda “operar eficazmente en la medida de cada miembro”. Solo entonces veremos una iglesia que sacudirá al mundo y lo trastornará mediante la plena manifestación de Jesucristo.
Artículo original publicado en inglés el 15 de Febrero de 2023, con el título: The Fulness of Christ (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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