195. Israel y la presencia de Dios

En el año 70 d. C., tras un sitio de siete meses, el ejército romano rompió las defensas de Jerusalén, destruyó el Templo, quemó la ciudad y demolió sus muros. Casi todos los habitantes judíos fueron asesinados o esclavizados. Durante los siguientes setenta años, los romanos reprimieron brutalmente otras dos grandes rebeliones judías, lo que culminó en un casi genocidio del pueblo judío que habitaba en las regiones que hoy conocemos como Israel y Palestina. Los que sobrevivieron fueron esparcidos entre las naciones de todo el Imperio Romano y más allá.

Jesús predijo la destrucción de Jerusalén, la dispersión del pueblo judío y los diecinueve siglos en los que Jerusalén estaría bajo control de los “gentiles”, diciendo: “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (Lucas 21:24). No fue sino hasta la “guerra de los seis días” en junio de 1967 que los “tiempos de los gentiles” para ocupar y controlar Jerusalén llegaron a su fin.

Desde la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., ningún pueblo en la tierra ha sufrido tanto y, aun así, ha permanecido como un pueblo distinto como lo ha hecho el pueblo judío. A medida que el cristianismo ascendió al poder político, los judíos, que una vez persiguieron a los cristianos, pasaron a ser los perseguidos. Fueron sometidos a bautismos y conversiones forzadas. Enfrentaron expulsiones y destierros masivos de muchas naciones europeas. Se les prohibieron la mayoría de los oficios y fueron utilizados como chivos expiatorios para enfermedades, hambrunas y fracasos económicos. En muchas ocasiones, hubo grandes masacres de judíos por parte de aquellos que afirmaban llevar el nombre de Cristo. Es evidente que quienes autorizaron y cometieron tales cosas no conocían a Cristo, pero aún así lo hicieron en el nombre de Jesucristo.

Con el surgimiento del islam, los judíos encontraron un nuevo perseguidor. Aunque en ciertos momentos fueron protegidos, se les relegó a la categoría de ciudadanos de segunda clase y pronto se convirtieron en chivos expiatorios de derrotas o tragedias en el mundo musulmán. Bajo el islam, también sufrieron expulsiones y masacres similares a las que vivieron bajo la cristiandad.

Todas estas persecuciones culminaron en el Holocausto, cuando los nazis asesinaron a seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la refundación de Israel como nación en 1948, ha sufrido ataques continuos por parte de naciones y grupos opuestos a su existencia. Incluso hoy, el antisemitismo arde en naciones de todo el mundo. Tan solo este mes fuimos testigos de la gran masacre de hombres, mujeres y niños israelíes a manos del grupo maligno llamado Hamás. La única razón por la cual los hombres malvados no han podido destruir completamente al pueblo judío la revela el profeta Isaías, quien escribió: “Si Jehová de los ejércitos no nos hubiera dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra” (Isaías 1:9). Dios mismo ha detenido las manos de los destructores para que un día pueda cumplir la promesa que hizo a Abraham respecto a su “simiente” natural. Aunque ellos rechazaron a Su Hijo, Dios no ha abandonado Su promesa.

En la última semana antes de ir a la cruz, Jesús lloró por Jerusalén, diciendo: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta (Lucas 13:34-35). La palabra griega traducida como “desierta” significa “solitaria” o “vacía”. Esta fue una advertencia de que Israel quedaría “sola”, sin la presencia de Dios, por haber rechazado al Hijo de Dios, Jesucristo. Sin la presencia de Dios, ya no tendrían Su protección.

Durante tres años y medio, Dios se acercó a Israel a través de Jesucristo. Él sanó a los enfermos, abrió los ojos de los ciegos, expulsó demonios, resucitó a los muertos y les declaró la palabra de Dios. Aun así, lo rechazaron como su Mesías y demandaron su crucifixión. Con el corazón quebrantado, Jesús dijo: “No me veréis hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor” (Lucas 13:35). Él los había llamado continuamente, pero no quisieron oírlo. Ahora, no volvería a ellos hasta que primero lo recibieran como su prometido “Mesías”.

Desde aquel tiempo, el pueblo judío ha buscado diligentemente que el Mesías venga a ellos, pero no ha venido. Las palabras de Jesús fueron firmes: “Me buscaréis, y no me hallaréis” (Juan 7:34). Mientras buscan al Mesías, rechazan a Jesús, quien es el Mesías. Por esta razón, aunque lo busquen, no lo encuentran. A pesar de las falsas seguridades que muchos líderes evangélicos dan al pueblo judío, su Mesías nunca vendrá a ellos hasta que primero se vuelvan a Jesucristo. Pero, ¿cómo podría ser que un pueblo que ha sufrido tantas crueldades a manos de quienes afirmaban conocer a Jesús llegue alguna vez a clamar a Jesucristo? Sé que tal cosa parece imposible, pero ya está registrada en la Palabra de Dios.

Contrario a mis sinceras oraciones y deseos, los sufrimientos del pueblo judío continuarán y aumentarán. Si derrotan a Hamás, surgirá otro adversario. Esto irá en aumento hasta que parezca que Israel dejará de existir. Todo su poder militar y sus alianzas fallarán. Sin embargo, en esa hora, Dios ha prometido un gran retorno a Jesús. Él dijo: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito (Zacarías 12:10). En una hora en la que parezca que toda esperanza está perdida, sus corazones comenzarán a volverse hacia Jesucristo, quien es su prometido Mesías. Solo entonces la presencia de Dios regresará al pueblo judío, y cuando eso ocurra… ¡ya no estarán solos!

“Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla” (Zacarías 14:3-4).

Artículo original publicado en inglés el 27 de Octubre de 2023, con el título: Israel and God’s Presence (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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