
¿Qué significa ser “salvo”? Antes de poder responder a esta pregunta, debemos considerar lo que realmente significa la palabra “salvo”. La palabra griega que se traduce como “salvo” en la Biblia significa “librar o proteger”. Piense en una persona atrapada en un edificio en llamas. El “salvador” en este escenario podría ser el bombero que la rescató (o libró) de las llamas. Si una persona había sido secuestrada, quienes la libraron de los secuestradores serían los “salvadores” en esa situación. En cada uno de estos ejemplos, una persona es “salva”, o rescatada, del peligro o de la muerte. Ahora bien, para entender la “salvación” según las Escrituras, debemos descubrir de qué nos salva realmente Jesús.
Después de que Juan el Bautista nació, el Espíritu Santo vino sobre Zacarías, el padre de Juan, y él profetizó acerca del Mesías venidero y la salvación que traería. Dijo que Dios ha “…levantado un poderoso Salvador en la casa de su siervo David. Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio del mundo; Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron” (Lucas 1:69-71). Esta gran liberación de nuestros enemigos es la esencia de la salvación. Pero entonces, ¿quiénes son nuestros enemigos?
Algunos dicen que la salvación es nuestra liberación del castigo de Dios por el pecado, pero ya que la salvación es “…de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron”, ¿no haría eso a Dios nuestro enemigo? ¡Tal pensamiento es absurdo! Dios no nos odió. La Biblia dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo” (Juan 3:16).
Pablo nos dio una perspectiva sobre quiénes son nuestros enemigos cuando escribió: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Nuestros enemigos no son otras personas. Son Satanás y los poderes de las tinieblas. Si piensas que tu enemigo tiene un rostro humano, ya has perdido la batalla, porque “no tenemos lucha contra sangre y carne”.
Nuestro mayor enemigo, sin embargo, no es Satanás, sino algo que él trajo sobre nosotros mediante su engaño y rebelión. Este gran enemigo se llama Pecado. El pecado no es solo un acto, sino un poder espiritual que tiene dominio en el corazón de la humanidad caída. Jesús describió el pecado como un amo de esclavos (Juan 8:34), y Pablo también habló de la persona perdida como un “siervo (esclavo) del pecado” (Romanos 6:17). Él describió el pecado como un poder que una vez habitaba en él, el cual lo impulsaba a cometer los actos del pecado (Romanos 7:17).
El pecado, Satanás y el poder de las tinieblas son los grandes enemigos de los cuales Jesús vino a librarnos y protegernos. Este es el mismo mensaje que el ángel dio a José, diciendo: “…y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). El apóstol Pablo describe cómo Jesucristo nos libró del pecado, diciendo: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). La Biblia también describe nuestra liberación de Satanás, diciendo: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).
Ahora considera esto: si estuvieras atrapado en un edificio en llamas y alguien viniera a salvarte, ¿estarías realmente salvo si esa persona te dejara dentro del edificio, muriendo entre las llamas? ¡Por supuesto que no! Solo estarías salvo si hubieras sido librado del edificio y de sus llamas. Entonces, ¿por qué en la teología de las iglesias se declara que las personas “salvas” siguen bajo el dominio del pecado? ¿No es eso una contradicción? En realidad, no existe tal cosa como un pecador salvo. O eres un pecador, o eres alguien que ha sido salvo del pecado. Sí, una persona que había sido salvada de un edificio en llamas podría regresar al fuego y perecer allí, pero no habría sido salva del fuego a menos que hubiera sido rescatada fuera de él. De la misma manera, una persona a la que Cristo ha salvado del pecado podría posiblemente regresar a la esclavitud del pecado, pero al hacerlo, ha abandonado su salvación. Pedro describe esta situación diciendo: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 Pedro 2:20). Pedro continúa diciendo: “Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:22). Hemos sido lavados de nuestros pecados, pero aquellos que regresan a él están volviendo a su “revolcarse en el cieno”. Si fuiste salvo, fuiste librado del pecado por la sangre de Cristo. Si estás nuevamente en el pecado, es porque volviste a aquello de lo cual Cristo te había librado.
La salvación es la obra que Cristo realizó en la cruz para librarnos del pecado. El término “salvo” describe a aquellos que ahora han sido rescatados del dominio del pecado, de su poder y de su presencia. Así que, la próxima vez que digas: “Soy salvo”, responde esta pregunta: “¿De qué eres salvo?”
Artículo original publicado en inglés el 5 de Enero de 2024, con el título: What it means to be “Saved”? (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Deja un comentario