
¿Cuántas veces has visto a alguien sostener a un bebé recién nacido en sus brazos y decir: “Es simplemente perfecto”? A veces me pregunto cómo podemos tener tantos bebés perfectos, pero ni un solo hombre perfecto. Por supuesto, todos sabemos la razón. Cuando vemos al infante, estamos observando sus rasgos físicos y asombrados por la maravilla de esa pequeña vida. Cuando miramos al hombre, vemos sus defectos y debilidades. Entonces, la verdadera cuestión es: ¿Qué tipo de perfección estamos buscando?
Esto nos lleva de nuevo al título de este mensaje: ¿Fue Jesús perfecto? Bueno, creo que todos diríamos: “¡Absolutamente!”. Y estoy de acuerdo. Pero entonces, ¿fue Jesús el niño perfecto? Antes de responder esto, considera a un niño de doce años que, sin decir una palabra, se separa de sus padres mientras están de viaje, provocando que ellos lo busquen durante más de tres días, temiendo lo que podría haberle sucedido. Jesús hizo esto. La Biblia dice: “Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles” (Lucas 2:46). María no pensó que este fuera el comportamiento adecuado de un niño “perfecto”. Cuando encontraron a Jesús, ella preguntó: “Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia” (Lucas 2:48). ¿Puedes imaginar el tormento que su madre vivió en esta situación?
¿Qué hay de ser el predicador perfecto? ¿Qué dirías de un predicador, con o sin razón, que entra a tu iglesia y vuelca las mesas de libros y los puestos de café, tirándolo todo al suelo o sacándolo al estacionamiento? ¿Y si luego toma un látigo y echa a la mitad de los diáconos y ministros a la calle? Ya puedo oírlo: “¡Ese predicador no tiene amor!”, “¡Ese no se parece nada a Cristo!”, “¡No tiene respeto por la casa de Dios!”, “¡Es tan autosuficiente!”. Nadie llamaría “predicador perfecto” a alguien que hiciera esas cosas, pero Jesús hizo precisamente eso.
¿Y qué hay de ser el Pastor perfecto? Santiago nos dijo: “Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto…” (Santiago 3:2). Bueno, ciertamente Jesús no encajaba en esa descripción. Ofendió a los fariseos. Ofendió a los judíos. Ofendió a las multitudes. Incluso ofendió a sus propios discípulos. De hecho, la noche antes de su crucifixión, Él dijo: “Todos os escandalizaréis de mí esta noche…” (Marcos 14:27). Las palabras de Jesús ofendieron a tantos, que los miles que lo seguían lo abandonaron, incluyendo a muchos de sus discípulos. Ciertamente, Jesús no sería considerado el Pastor perfecto, al menos no según los criterios con los que juzgamos la perfección.
Quienes vivieron en los días de Jesús no lo consideraban perfecto. Fue acusado de ser pecador, borracho, glotón y de tener un demonio. Jesús no pasó la “prueba del pecado” de los fariseos, y probablemente tampoco pasaría tu prueba de “perfección”. Sin embargo, aun así, Jesús no tuvo pecado y, de hecho, fue perfecto. Solo que la perfección bíblica (completitud, completado, o estar completo) tiene poco que ver con nuestras ideas de perfección carnal. Jesús no tenía pecado en su corazón ni en su naturaleza, y no pecó. La Biblia dice que Él “…fue tentado (probado) en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). La palabra griega traducida como “tentado” en este pasaje significa “probado”. Jesús nunca deseó ni cometió pecado, pero soportó las mismas dificultades, pruebas y ataques que son comunes para todos. Vivió en un mundo pecaminoso como nosotros, pero nunca permitió que ese pecado tuviera lugar en su corazón ni en su vida.
En el libro de Hebreos descubrimos que una persona es completada (perfeccionada) cuando tanto el “hombre interior” (el corazón y la naturaleza) como el “hombre exterior” (la vida que se vive en el cuerpo) son limpiados del pecado. Esto solo puede lograrse por medio de la sangre de Cristo. Por eso el apóstol exhorta a los santos a tener “…libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,… teniendo nuestros corazones purificados de mala conciencia, y nuestros cuerpos lavados con agua pura” (Hebreos 10:19-22).
Conozco a muchos hombres y mujeres de Dios que nunca alcanzarían el estándar humano de “perfección”, pero no son pecadores, ni en su corazón ni en su caminar. Cristo ha quitado su pecado. Tienen un corazón justo, una naturaleza justa y viven una vida justa. No hacen todo perfecto. No hacen todo como yo creo que debería hacerse. Y no concuerdan conmigo en todo. ¡Pero no son pecadores! ¡Son hijos de Dios!
Artículo original publicado en inglés el 13 de Enero de 2024, con el título: Was Jesus Perfect? (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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