
Proverbios 7:1-3
1 Hijo mío, guarda mis razones, Y atesora contigo mis mandamientos. 2 Guarda mis mandamientos y vivirás, Y mi ley como las niñas de tus ojos. 3 Lígalos a tus dedos; Escríbelos en la tabla de tu corazón.
Encuentro que es una cosa peligrosa ir de compras al supermercado cuando tengo hambre. Me hace sentirme tentado a comprar comida que en circunstancias normales no me atraen en lo absoluto. Al parecer no soy el único. De acuerdo con el Rey Salomón: “El hombre saciado desprecia el panal de miel; Pero al hambriento todo lo amargo es dulce.” (Proverbios 27:7)
Este mismo principio puede ser aplicado a nuestra búsqueda de la pureza, de conservarnos limpios y sin mancha, es decir, sin pecado, delante de Dios. Existe un peligro real en pasar nuestros días con hambre espiritual porque no nos hemos alimentado bien de la palabra de Dios.
Si vamos a hacer algún intento significativo por mantener nuestra pureza, es imperativo que no sólo leamos la palabra de Dios; también debemos apreciarla, valorarla, deleitarnos en ella. Salomón – el rey de Israel a quien Dios le dio sabiduría que superaba la de cualquier hombre (1 Reyes 3:3-14) – usó palabras que dan una noción de este aprecio hacia la Palabra de Dios cuando le dice a su hijo “guarda” sus razones, que los “atesore”, que los guarde cómo “la niña de sus ojos”, que lo “ligue o ate” y que lo “escriba” en su corazón.
Relacionarnos con la palabra de Dios de esta manera requiere que vayamos más allá del uso de la Biblia simplemente como un libro de texto para estudiar, un libro de textos para probar argumentos o un libro de promesas al que recurrimos ocasionalmente. Apreciar la Palabra de Dios requiere que busquemos la perspectiva del salmista que se distancia de los orgullosos y burladores de su época, dice del hombre que camina con Dios, “En la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.” (Salmos 1:2)
Existe una correlación directa entre deleitarnos en la Palabra de Dios (permitirle que controle y guíe nuestras vidas) y mantener el celo por la pureza. Si no apreciamos las Escrituras, la pregunta no es si tropezaremos en el asunto de la pureza, sino cuándo.
Cada uno de nosotros puede mantener puro nuestro camino escondiendo la palabra de Dios en nuestro corazón. (Salmos 119:9).
Aliméntate de la Palabra de Dios y queda satisfecho. Aprecia las Escrituras y sé puro.
Leer: Salmos 119:1-11
Versículos destacados y énfasis añadido
4 Tú encargaste Que sean muy guardados tus mandamientos.
5 ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos Para guardar tus estatutos!
9 ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.
10 Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos. (Pidiendo misericordia y ayuda)
11 En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti. (El hijo de Dios no practica el pecado, no peca, porque Jesús lo guarda)
Fuente: 365 Daily Devotions, Part I. Truth for Life, Alistair Begg, (Devocional del 6 de Enero).
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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