206. Ninguna condenación

La Biblia nos dice: “por un hombre entró el pecado en el mundo” (Romanos 5:12). Ese hombre fue Adán, y toda la muerte, destrucción, miseria e iniquidad de la historia humana está conectada con su gran desobediencia. La transgresión de Adán no solo trajo el pecado al mundo, sino que sus acciones causaron que todos los que nacieron después fueran pecadores. El apóstol Pablo nos dijo: “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores…” (Romanos 5:19).

A los horrores del pecado mismo se añadió algo que vino junto con el pecado que Adán introdujo. Ese “algo” fue llamado “muerte”. La Biblia dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Sabemos que la muerte física entró como resultado del pecado, pero la “muerte” mencionada en este pasaje es mucho más que eso. Es una sentencia de muerte eterna, o de condenación. El apóstol Pablo llama a esta sentencia de muerte “condenación”. Él escribió: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres (Romanos 5:18). La palabra griega traducida como “condenación” significa “una sentencia adversa”. Esta “condenación” es la sentencia de condenación que vino sobre cada persona a causa del pecado.

En el capítulo 6 de Romanos, el apóstol Pablo revela cómo Jesucristo nos libró de esta sentencia de muerte cumpliéndola sobre nuestro “viejo hombre” de pecado. Él escribe: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él (Cristo), para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado” (Romanos 6:6-7). Por medio de la fe en Jesucristo, la sentencia de muerte bajo la cual estábamos es ejecutada sobre la naturaleza pecaminosa que entró en nuestros corazones por la transgresión de Adán. Considera el poder de este solo pasaje del evangelio: ¡Nuestro viejo hombre es crucificado! ¡El cuerpo del pecado es destruido! Y ya no servimos al pecado porque “el que ha muerto, ha sido justificado del pecado”.

No se puede matar dos veces a un hombre que ya está muerto. Dado que, por la fe en Jesucristo, la sentencia de muerte ha sido cumplida sobre nuestro viejo hombre de pecado, ya no estamos bajo condenación. Así como Cristo “murió al pecado una vez” y “la muerte no se enseñorea más de él” (Romanos 6:9-10), la condenación no tiene reclamo sobre aquellos que ya han muerto con Cristo. La palabra de Dios es clara: los redimidos son en verdad “muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:11).

Pablo confirma esta liberación de la sentencia de muerte, diciendo: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…” (Romanos 8:1). La misma muerte con Cristo que nos libró del pecado, también nos libró de la condenación. Muchas personas afirman haber sido liberadas de la condenación, pero rechazan la liberación del pecado. No entienden que nuestra liberación de la condenación fue lograda al cumplir nuestra sentencia de muerte sobre “nuestro viejo hombre” de pecado. Si una persona no ha muerto al pecado con Cristo, tampoco está libre de la condenación.

Pablo vuelve a explicar cómo somos librados tanto del pecado como de su condenación, diciendo: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne (Romanos 8:3). La ley de Moisés podía matar al pecador, pero nunca podía matar el pecado que estaba en el pecador. Esto es exactamente lo que Cristo hizo en la cruz: ¡Él “condenó al pecado en la carne”! La sentencia de muerte que correspondía al pecador, Cristo la cumplió sobre el pecado que habitaba en su corazón y naturaleza, y al hacerlo, no solo nos libró del pecado, sino también de la condenación.

Artículo original publicado en inglés el 28 de Abril de 2024, con el título: No Condemnation (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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