
Hace años, mientras estábamos en Israel con un grupo de una iglesia grande del área de Houston, a mi papá le pidieron que hablara al grupo de la iglesia en el Monte de los Olivos. Mientras hablaba, la presencia de Dios descendió sobre él y sobre los que estaban allí reunidos. Hubo silencio por un largo tiempo después de que terminó, y finalmente el guía turístico armenio, que era profesor en la Universidad Hebrea, se puso de pie con lágrimas en los ojos y dijo: “Este hombre ha preparado el camino para que yo les dé el tour que siempre he querido dar, en lugar de lo que se me instruye decir”.
Dos días después, en el Mar de Galilea, un anciano de aquella iglesia grande se acercó a mi papá y le pidió si podía caminar con él. Le dijo: “Amo a mi iglesia. La adoración es maravillosa, y tenemos todos los dones del Espíritu en operación en cada servicio. Solíamos creer que teníamos que esperar al Espíritu de Dios para hablar en lenguas, pero ahora entendemos que estos dones son nuestros y que podemos usarlos en cualquier momento. Pero cuando usted habló anoche, sentí la presencia de Dios por primera vez en muchos años. ¿Oraría conmigo? Quiero volver a sentir la presencia de Dios”.
La contradicción en las palabras de este hombre era asombrosa. Estaba convencido de que su iglesia estaba experimentando los grandes dones y la manifestación del Espíritu de Dios, mientras al mismo tiempo estaba vacía de la presencia de Dios. Tal cosa jamás debería ocurrir. Sin embargo, decenas de miles, si no millones, piensan que tienen las mismas grandes manifestaciones espirituales sin la presencia de Dios sobre ellos. Algo está muy mal cuando ese es el caso.
Hace aproximadamente cincuenta años, una “nueva revelación” comenzó a tomar fuerza en las iglesias llenas del Espíritu. Hasta ese momento, se entendía por quienes habían recibido el Bautismo del Espíritu Santo que la operación de los dones espirituales ocurría y funcionaba a voluntad y por la visitación expresa de Dios. La Biblia dice: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu” (1 Corintios 12:11). La “nueva revelación” afirmaba que hablar en lenguas y los dones del Espíritu eran nuestros dones, y que podíamos usarlos a nuestra voluntad. Se comenzó a enseñar a las personas cómo hablar en lenguas. A otros se les daba palabras “de iniciación” para repetir. Mientras que a otros se les decía simplemente que hablaran lo que escucharan en su mente.
Incluso muchos de aquellos que habían recibido el Espíritu por una visitación del Cielo fueron seducidos por esta “nueva revelación”. Recuerdo cuán extraño fue la primera vez que escuché a un ministro instruir a todos a hablar en lenguas. ¡Fue algo impactante! Sabíamos que las lenguas venían por el mover del Espíritu de Dios y no por el impulso del hombre. Pronto se comenzó a enseñar que las lenguas eran nuestro lenguaje de oración, y que podíamos y debíamos orar en lenguas cuando quisiéramos. A algunos les sonaba espiritual, pero no lo era. Se volvió mecánico. Congregaciones enteras supuestamente oraban “en el Espíritu”, y el Espíritu de Dios ni siquiera estaba en el edificio. Uno podía ir al altar, y no era necesario realmente hablar con Dios. Bastaba con hablar en lenguas. Podías hacerlo en la iglesia, mientras veías televisión o después de cometer fornicación. Era tu don. Pero, ¿venía de Dios?
No escribo estas cosas porque no crea en el Bautismo con el Espíritu de Dios ni en los dones espirituales, sino ¡porque sí creo! El hablar en lenguas que es testimonio de Dios para ti y para todos los demás de que Su Espíritu ha venido, aún funciona exactamente de la misma manera que en el Día de Pentecostés. Ellos hablaron en lenguas “según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4). ¡Qué error es perder esa soberana visitación para unirse a las voces de decenas de miles que hablan en lenguas o profetizan a su voluntad! Eso, claro está, si tú eres alguien que prefiere tener la presencia de Dios.
Artículo original publicado en inglés el 15 de Junio de 2024, con el título: Speaking in Tongues – Part 3 (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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