
No hay nada más escritural que el hecho de que aquellos que creen en Jesucristo hablen en otras lenguas. Poco antes de su ascensión, Jesús les dijo a sus discípulos: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas…” (Marcos 16:17). Tal vez conozcas a personas que hablan en lenguas que no son más que obra de la carne, euforia, fingimiento o incluso algo demoníaco, pero su error no invalida las palabras de Jesús, de los apóstoles, ni el testimonio de las Escrituras. Negar que el hablar en lenguas es ordenado por Dios es negar una porción muy sustancial de la Biblia. Si una persona se siente cómoda negando la Palabra de Dios de esta manera, dudo que haya algo que yo pueda decir que haga alguna diferencia para ella.
Es claro en las Escrituras que hablar en otras lenguas (como el Espíritu de Dios da que se hable) es el testimonio que Dios da de que una persona ha recibido Su Espíritu. La Biblia registra cuatro ocasiones en que las personas recibieron el Bautismo del Espíritu Santo. Veamos cada una con un corazón abierto, aceptando la Palabra de Dios tal como está escrita.
1. El Día de Pentecostés
La mayoría recuerda este asombroso relato del día en que el Espíritu de Dios fue derramado por primera vez sobre ciento veinte creyentes. La Biblia dice: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4). Las lenguas que hablaron aquel día eran otros idiomas reconocidos por personas de muchas naciones distintas. Sin embargo, esta es la única ocasión registrada en la que se menciona que las lenguas habladas eran idiomas conocidos.
Algunos argumentan que para que una lengua sea de Dios debe ser un idioma conocido. Pero si eso fuera cierto, ¿por qué los apóstoles hablan de “lenguas humanas y angélicas”? ¿O por qué Pablo dice: “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios”? (1 Corintios 14:2).
2. Los creyentes en Éfeso
Cuando el apóstol Pablo se encontró con algunos creyentes en Éfeso, les preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” (Hechos 19:2). No estaba cuestionando su fe o su salvación, sino que simplemente quería saber si habían recibido el prometido bautismo del Espíritu de Dios desde que creyeron en Jesucristo. Como muchos cristianos hoy en día, le dijeron que nunca habían oído hablar de tal cosa. La Biblia registra: “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hechos 19:6).
3. La casa de Cornelio
Pedro, siendo instruido por el Señor, entró en la casa de Cornelio —un gentil— y compartió el evangelio de Jesucristo. Mientras Pedro hablaba, “el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios” (Hechos 10:44-46). La Biblia es clara al decir que Pedro y los judíos que lo acompañaban supieron que estos gentiles recibieron el Espíritu Santo aquel día “porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios”. Nuevamente, el hablar en lenguas fue el testimonio que Dios dio de que Él había dado Su Espíritu a estos nuevos creyentes. Años después, Pedro les recuerda esto a los líderes de la iglesia en Jerusalén, diciendo: “Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros” (Hechos 15:8). Dios les dio Su Espíritu como testimonio de que sus corazones habían sido purificados por la fe en Cristo, pero el hablar en lenguas fue el testimonio de que habían recibido el Espíritu Santo.
4. Los creyentes en Samaria
Cuando Felipe predicó el evangelio en Samaria, estalló un gran avivamiento con muchos milagros, señales y conversiones a Jesucristo. La Biblia dice: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hechos 8:12). Muchas personas fueron salvas, pero hasta ese momento, ninguna había recibido el Espíritu Santo. Lo sabemos porque la Biblia dice: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús” (Hechos 8:14-16). Los apóstoles sabían que una persona no recibía el Espíritu Santo simplemente por creer en Jesucristo para salvación.
Por cualquier medida bíblica, estos nuevos creyentes en Samaria eran “personas salvas”. Creyeron el evangelio que Felipe les predicó. Fueron bautizados. Eran seguidores de Cristo. Pero cuando los apóstoles oyeron el informe, supieron incluso antes de llegar que ni una sola persona entre ellos había recibido el Espíritu Santo. La Biblia dice: “porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos”. Había una evidencia que los apóstoles esperaban ver, y que ocurría cada vez que el Espíritu Santo descendía sobre alguien. Eso no había sucedido con ningún creyente en Samaria.
Después de que los apóstoles llegaron a Samaria, “les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8:17). Aunque la Biblia no nos dice exactamente qué ocurrió, fue tan sorprendente que “cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo” (Hechos 8:18-19). Los apóstoles reprendieron fuertemente a Simón, pero el punto evidente es que todos pudieron notar cuando estos creyentes recibieron el Espíritu Santo. ¡Dios otra vez había dado Su testimonio! Yo digo que, como en todas las demás ocasiones, hablaban en lenguas y glorificaban a Dios.
Es evidente por el testimonio de las Escrituras que el hablar en lenguas es el testimonio que Dios da de que una persona ha sido llena del Espíritu Santo. Esta es una verdadera evidencia porque siempre ocurrió “según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4). Esto significa que el Espíritu Santo formaba realmente las palabras que salían de su boca. Estas personas no fueron entrenadas, ni preparadas, ni enseñadas. Cuando el Espíritu de Dios entró en ellos, dio Su propio testimonio en otras lenguas para que todos lo oyeran.
Este gran testimonio del bautismo del Espíritu Santo pone en evidencia el gran error de muchos movimientos modernos pentecostales y carismáticos. En muchos círculos se enseña que hablar en lenguas, así como profetizar y los demás dones del Espíritu, son cosas que se pueden enseñar. Si lo son, entonces no dan ninguna evidencia de que el Espíritu de Dios ha venido sobre esa persona. Ya no sería el testimonio de Dios, sino el testimonio de la carne religiosa. Muchas personas tienen una “lengua” que pueden activar a voluntad, sin importar si el Espíritu de Dios se está moviendo o no. Ellos creen que es su don, por lo tanto, pueden usarlo cuando quieran. No sé qué es lo que tienen, pero no es el testimonio del Espíritu de Dios.
Incluso aquellos ministros que le dicen a las personas que hablen las palabras que oyen en su mente están guiando al pueblo a una falacia. Cuando el Espíritu Santo descendió sobre los primeros creyentes, Dios no puso palabras en su mente. ¡Formó palabras en su boca! Tu mente puede oír las lenguas que escuchaste del predicador, de tu abuela o de alguna otra idea concebida en tu mente. ¡Esa no es la forma en que el Espíritu de Dios obra! Esta falacia no es prueba del bautismo del Espíritu Santo, sino, si acaso, prueba de la falta de él. Concluyo la Parte 1 de este mensaje con la pregunta de Pablo a los creyentes: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” (Hechos 19:2).
Artículo original publicado en inglés el 27 de Mayo de 2024, con el título: Speaking in Tongues – Part 1 (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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