
Las bacinicas eran vasijas usadas como inodoros interiores antes de que existiera la plomería moderna. Estas vasijas evitaban al usuario tener que ir a la letrina exterior. Cumplían una función específica y eran muy diferentes de las vasijas utilizadas para servir alimentos. Las de la cena eran limpiadas y guardadas en el área de preparación de alimentos, mientras que las bacinicas se almacenaban con los demás recipientes “menos honrosos”.
Pablo utiliza el ejemplo de estas vasijas distintas cuando explica la necesidad de que el pueblo de Dios se separe de los obradores de iniquidad. Él dijo: “Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para honra y otros para deshonra. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Timoteo 2:20-21).
Las “vasijas para honra” de las que habla Pablo son aquellos a quienes Cristo ha limpiado del pecado. Las “vasijas para deshonra” son aquellos que, aunque religiosos, aún caminan en pecado y tinieblas. Sus corazones albergan cosas como pornografía, adulterio, codicia y engaño. Pueden ser los ministros de los que Pablo advirtió que “por la hipocresía de mentirosos” (1 Timoteo 4:2) manipulan al pueblo de Dios, o falsos profetas que “por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 Pedro 2:3). Todas estas cosas han sido lavadas de las “vasijas para honra” por la preciosa sangre de Cristo.
Un hijo de Dios no es una vasija inmunda. Ellos son los “vasos y platos” de los que habló Jesús en Mateo 23:25-26, que han sido limpiados de la contaminación del pecado. Este mensaje de lavar al creyente llena las páginas de la Biblia. Cuando Pablo habló de los tipos de personas injustas que “no heredarán el reino de Dios”, les recordó a los santos: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11). La Palabra de Dios nos dice que la sangre de Cristo fue derramada para “limpiar vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo” (Hebreos 9:14). Limpiar significa purificar. A aquellos que Cristo ha purificado, se les anima entonces a acercarse a Dios “con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:22). Todos fuimos una vez vasijas inmundas, pero la contaminación del pecado ha sido lavada de nuestros corazones por la fe en Jesucristo. Como dice la Escritura: “…somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10).
Cuando oigo a un ministro decirle a los santos: “Todos somos pecadores y pecamos todos los días”, considero que él o ella está muy confundido. Parece olvidar que el pueblo de Dios son “vasijas de honra” y no bacinicas. Quiero decir, es normal que una bacinica tenga un poco de “estiércol” en ella, pero ¿por qué se encontraría eso en un vaso para beber? Algunos dirán: “Bueno, todos nos ensuciamos un poco de polvo a veces”. Puede ser cierto, pero la pornografía, el adulterio, la manipulación, la codicia y cosas semejantes no son polvo. Es el estiércol de Satanás, y Dios nunca derramará “agua viva” en una vasija que contiene tales cosas.
Pablo instruyó a las “vasijas de honra” a limpiarse de las “vasijas de deshonra”. No se puede tener comunión en una discoteca donde abundan los deleites carnales, la lujuria, la codicia y la mentira. Tampoco puedes tener comunión en una iglesia donde esas mismas cosas se excusan o se disfrazan de espiritualidad. La unidad cristiana no es lo mismo que tener comunión con las tinieblas. Dios dio un llamado eterno a su pueblo, diciendo: “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré” (2 Corintios 6:17).
Cuando Cristo quitó tu pecado, no dejó un poco de “estiércol del diablo” dentro de ti. Te lavó completamente. He oído a ministros contar sobre la profanidad de su propia boca, la inmoralidad de su corazón y la codicia de su espíritu. Luego te aseguran que tú eres igual que ellos. Perdona mi franqueza, pero tales ministros no son más que asalariados en una letrina espiritual, y están tratando de mantenerte allí también. Pero si eres una “vasija de honra”, ese no es tu lugar. ¡Tú no eres una bacinica!
Artículo original publicado en inglés el 8 de Agosto de 2024, con el título: Spiritual Chamber Pots (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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