214. Santificados por la fe – Parte 2

En el libro de Romanos, el apóstol Pablo usa el mensaje de la justificación para presentar el evangelio al mundo grecorromano. Su presentación multifacética de la justicia de Dios comienza con el perdón de los pecados pasados y culmina con la liberación del creyente de la presencia del pecado en su naturaleza, mediante el poder de la crucifixión de Jesús (Romanos 6:6-7). Sin embargo, el libro de Hebreos revela el mismo evangelio en términos que los judíos —quienes habían confiado en los rituales de purificación y ordenanzas de la Ley— podían comprender. Esta forma de predicar el evangelio presenta la redención como una obra llamada santificación.

Ser santificado por la fe en Cristo no es una segunda obra de gracia, ni una obra progresiva. Es la obra que Cristo realizó en la cruz por todos nosotros, y constituye la esencia misma de la salvación. Cuando Jesús salvó a Pablo en el camino a Damasco y lo llamó al ministerio, le dijo: “…a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados1 (Hechos 26:17-18). La frase “santificados por la fe” es sinónima de ser “salvos por la fe” en Cristo.

Las palabras iniciales de varias epístolas confirman esta equiparación de la santificación con la salvación. Pablo inicia su primera epístola a los Corintios escribiendo: “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús…” (1 Corintios 1:2). El apóstol Pedro escribe su primera epístola a los “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo…” (1 Pedro 1:2). Judas también escribe “…a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo” (Judas 1:1). Cada una de estas epístolas está dirigida a un cuerpo entero de santos, y no solo a ciertos individuos que hubieran alcanzado un nivel espiritual especial. Pablo confirma que la santificación es la obra de la salvación cuando dice: “Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13).

Muchos creen que uno es primero “nacido de nuevo” o “regenerado”, y luego santificado en algún momento posterior. Las palabras de Pablo refutan esta idea cuando escribió: “…nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3:5-6). No hay “regeneración” sin “el lavamiento de la regeneración”. ¡Somos lavados de nuestros pecados cuando nacemos de nuevo por el Espíritu de Dios!

Quizás el ejemplo bíblico más claro de lo que significa ser “santificado por la fe” lo relata Pedro al hablar de la salvación de Cornelio y los que estaban con él. Pedro dijo que Dios “…ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones (Hechos 15:9). Tener el corazón purificado por la fe en Jesucristo es lo que significa ser santificado por la fe. Esta es la obra de la salvación.

El libro de Hebreos nos da la explicación más detallada de lo que significa ser santificado. Comienza diciéndonos que Jesucristo es el Hijo y la imagen misma de Dios, quien …habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:3). El poder de esta declaración se revela capítulos más adelante cuando se nos dice que “…los adoradores, una vez purificados, no tendrían ya más conciencia de pecado (Hebreos 10:2). La “conciencia” se refiere a nuestros pensamientos y sentimientos más profundos. Cuando una persona es santificada por la fe en Cristo, el pecado es lavado de su corazón, es decir, de su conciencia. Esto es lo que Jesús quiso decir al hablar de limpiar “el interior del vaso” (Mateo 23:26). Cuando Jesús purga tu pecado, este ya no habita en tu corazón, y por eso ya no tienes “conciencia de pecado”.

El libro de Hebreos presenta la santificación como una obra completa que Cristo realiza en el creyente. En múltiples ocasiones, usa la palabra “perfecto”, que significa “completo”, para describir esta obra de Cristo. Expone la incapacidad de la Ley de Moisés para hacer algo completo, ya que solo podía afectar al hombre exterior, o la carne. La Escritura dice: “Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, (¿Puedes ver que el resultado de que algo sea santificado es que es purificado?) ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:13-14). Todo lo que deja a una persona con un corazón impuro se asemeja más a la Ley de Moisés que al evangelio de Cristo. El poder santificador de la sangre de Cristo limpia a la persona del pecado tanto interior como exteriormente.

Nuestra santificación es el propósito central por el cual Cristo padeció y murió en la cruz. La Biblia dice: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12). Este poder purificador de la sangre de Cristo está disponible para cualquiera que crea el evangelio y confíe en Cristo. Creemos en Dios, y Él nos santifica. Esto es lo que significa ser santificados por la fe.

1 NT. En la KJV, este texto aparece cómo: “…I send thee, To open their eyes, and to turn them from darkness to light, and from the power of Satan unto God, that they may receive forgiveness of sins, and inheritance among them which are sanctified by faith that is in me.” La traducción en español cambia un poco el orden de las palabras. La traducción literal sería: “…yo te envío, para abrir sus ojos, y para convertirlos de la oscuridad a la luz, y del poder de Satanás a Dios, para que reciban perdón de pecados y herencia entre aquellos que son santificados por la fe que es en mí.

Artículo original publicado en inglés el 16 de Septiembre de 2024, con el título: Sanctified by Faith – Part 2 (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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