
La Biblia es clara en que el lavamiento del pecado de nuestros corazones por medio de la obra de santificación de Cristo es la esencia de nuestra salvación. Aunque es evidente que una gran parte de quienes llenan las iglesias nunca han nacido del Espíritu de Dios, también hay quienes realmente encontraron a Cristo, pero ahora se encuentran luchando con el pecado en sus corazones. La pregunta es: “¿Por qué no son libres?”.
Mientras oraba hace un par de días, le pedí a Dios que me diera palabras para responder esta pregunta para su pueblo. Inmediatamente, el Espíritu de Dios habló las palabras que el apóstol Juan registró en el Apocalipsis, diciendo: “…y el dragón se paró delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese” (Apocalipsis 12:4). En ese momento, comprendí lo que necesitaba tratar en este artículo.
¡Los hijos de Dios nacen (nacen de nuevo) libres! Libres del pecado. Libres de Satanás. Libres de las tinieblas. Eso es la salvación. Eso es lo que hace la salvación. No es un proceso. Es lo que Jesucristo logró en la cruz y lo que Él nos da gratuitamente en la redención. Sin embargo, para algunos que realmente recibieron esta gran salvación, la gloria de ella les es robada antes siquiera de comenzar a comprender su grandeza. Así como el “dragón”, que es Satanás, anda buscando una ocasión para devorar al hijo recién nacido de Dios, en muchos casos, encuentra esa ocasión en la iglesia. Allí, en lo que se supone debe ser un lugar de nutrición y edificación para los hijos de Dios, Satanás encuentra incontables herramientas cuyo único propósito es despojar y destruir al pueblo de Dios.
La verdad de Cristo “os hará libres” (Juan 8:32), pero una mentira religiosa te robará esa libertad mientras te hace pensar que es el plan de Dios. El apóstol Pablo nos dijo que “consideremos que estamos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11), pero la mayoría de los cristianos son instruidos a hacer exactamente lo opuesto. Lo primero que se enseña a un nuevo convertido hoy en día es a aceptar que todavía es un pecador y que siempre lo será. La mentalidad es que solo un hipócrita lleno de justicia propia podría creer que en verdad está muerto al pecado. En lugar de ser afirmado en la verdad, se le enseña a desconfiar de ella. La verdad no puede hacerlos libres porque se les enseña a rechazarla y abrazar una mentira.
En lo natural, si tomas a un niño hermoso e inteligente y continuamente le dices que es feo, inútil y tonto, tus palabras producirán una persona fea, inútil y tonta. Esto no sucede porque tus palabras sean verdaderas, sino porque lo despojaste de toda seguridad que pudiera tener acerca de su belleza, valor e inteligencia natural. Cuando le dices a un hijo de Dios que es y siempre será un pecador, y que Cristo no lava eso de nuestro corazón, lo estás despojando de la confianza en la obra y el poder de la sangre de Cristo. Cuando la fe en lo que Cristo logró es destruida, la obra de Cristo deja de tener efecto en el creyente (Gálatas 5:4, 1 Corintios 1:17). Entonces se convierte en la persona pecadora que tú le aseguraste que era, aunque esa no fuera la verdad de lo que Cristo había hecho por él.
El apóstol Pablo advirtió acerca de esto, diciendo: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:8). La palabra griega traducida como “engañe” significa “llevar cautivo como botín”. Esto habla de una persona que se ha convertido en el botín de guerra de Satanás. Nació de nuevo libre, pero por medio de la “filosofía y vanas sutilezas” religiosas, volvió a convertirse en esclavo. Así como Satanás intentó matar a Jesús tan pronto como nació de María, también logra traer muerte espiritual a muchos hijos recién nacidos de Dios usando las herramientas que le entregan en las iglesias. No hay persona que Satanás no pueda destruir si logra que niegue la verdad y abrace una mentira.
La mayoría de las iglesias se han convertido en poco más que casas de filosofía religiosa. Las “verdades” que proclaman son conclusiones teológicas basadas en deducciones humanas y no proclamaciones bíblicas. Sus doctrinas son simplemente sabiduría humana. Por eso Pablo las llamó filosofía. A los nuevos cristianos se les enseña desde su “nacimiento” a ignorar las declaraciones directas de la Biblia y a abrazar las posturas filosóficas de la iglesia acerca de la Palabra de Dios. Jesús dijo: “la verdad os hará libres” (Juan 8:32), pero la filosofía religiosa dice que nadie puede ser libre del pecado. La Biblia dice: “los injustos no heredarán el reino de Dios”, pero la filosofía religiosa dice que esto no aplica a los cristianos pecadores. Pablo nos dijo que si no perseveramos en la bondad de Dios, “tú también serás cortado” (Romanos 11:22), pero la filosofía religiosa dice que nunca puedes ser cortado una vez que crees. Estos son solo algunos ejemplos de muchos en los que la iglesia considera que sus argumentos filosóficos son más verdaderos que la Palabra de Dios.
Cada vez que elegimos nuestra sabiduría por encima de la Palabra de Dios, estamos dándole a Satanás las herramientas que necesita para devorar a los hijos de Dios. Por medio de este tipo de enseñanzas, Satanás convence a los hijos de Dios de que la libertad que Cristo les proveyó es solo un mito. Se mantienen en negación de la verdad que Jesús dijo que los hace libres, y corren a defender doctrinas que suenan sabias pero que jamás son expresadas en la Palabra de Dios. Entonces, una vida de victoria se convierte en una lucha constante contra el pecado, lo cual termina “demostrándoles” que su teología es correcta. Y mientras todo esto ocurre, el dragón se sienta y se ríe.
Artículo original publicado en inglés el 4 de Octubre de 2024, con el título: Sanctified by Faith – Part 4 (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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