217. En las manos de Dios

El siguiente es un testimonio sobre Leroy Surface, fundador y presidente de Calvary Outreach Ministries.

En 1979, un gran trozo de hierro fundido cayó dentro de la bota de mi papá y cocinó la carne. Después de cortar la bota, se descubrió que la quemadura había llegado hasta el hueso. El médico le dijo a papá que lo anestesiarían para raspar su pie hasta el hueso. Los ligamentos desaparecerían y perdería el uso de varios dedos del pie. Él respondió que era un ministro del evangelio y que predicaba que Dios es un Dios de milagros. Luego les pidió que vendaran su pie para poder irse a casa, diciendo: “Mi Dios me va a dar algo mejor que lo que ustedes pueden ofrecerme”. Inicialmente, su pie estaba de un color negro quemado, pero durante las semanas siguientes, la carne muerta se volvió blanca. Después de unas seis semanas, la carne muerta comenzó a desintegrarse, dejando un hoyo de unos tres centímetros de ancho por ocho de largo y medio centímetro de profundidad. Luego comenzó a crecer piel sobre la herida, y durante los siguientes meses se fue llenando con carne nueva desde adentro. Su pie hizo lo imposible: sanó por completo, sin tejido cicatricial ni señales de que alguna vez hubo una lesión.

Alrededor de 1986, una piedra lanzada por una podadora comercial rebotó en una llanta y golpeó a papá en el ojo. La capa externa del ojo se rompió, y de inmediato el ojo se puso morado. Mientras lo llevaba en auto hacia casa, el dolor se volvió insoportable y su visión empezó a desvanecerse. Me detuve, puse mis manos sobre él y clamé a Dios por un milagro. Al seguir conduciendo, el dolor se fue, y la vista regresó. Nos detuvimos en una farmacia para comprarle un parche para el ojo. Cuando el farmacéutico vio su ojo, exclamó: “¡Dios mío, hombre, vaya a emergencias! Los vasos de su ojo están reventados, y cuando se acumule la presión, perderá la vista. ¡Vaya tan rápido como pueda!”. Papá nunca fue al médico, pero esa noche predicó usando el parche en el ojo. Al comenzar, se lo quitó y mostró su ojo a la congregación, diciendo: “Quiero que vean lo que Dios va a hacer por mí”. Su ojo sanó perfectamente, sin pérdida de visión. Ahora tiene 85 años y lee sin gafas.

En el año 2002, durante un tiempo de oración, Dios le habló a papá y le dijo: “Confiaste en mí con tu pie, y confiaste en mí con tu ojo; ¿confiarás en mí con tu vida?”. Papá le respondió a Dios: “Con todo mi corazón, quiero ser uno que confíe en ti con su vida”. Me contó sobre la pregunta que Dios le hizo, pero ninguno de los dos sabía lo que estaba por suceder. Varios días después, papá estaba ayudando a cavar el fundamento para el edificio de nuestra editorial. Estaba acostado en el suelo intentando cortar una vieja tubería de alcantarillado con una amoladora, cuando las aguas residuales comenzaron a salpicarle en la cara, llenándole la boca y las fosas nasales. Durante las semanas siguientes, su cuerpo comenzó a volverse “séptico”. Su aliento literalmente comenzó a oler como un tanque séptico. Con el tiempo, su corazón empezó a latir de forma errática, y un día, mientras trabajaba, cayó al suelo con un dolor severo en el pecho. Su hígado se endureció y se inflamó, con dolor constante en el lado derecho, tanto al frente como en la espalda. Comenzó a toser una secreción verde y a tener dolores en los riñones y la vejiga. Me dijo que debía prepararme para su “partida”, pero yo le recordé lo que Dios le había preguntado y le dije: “Yo creo que vas a estar aquí por mucho tiempo”. Curiosamente, comenzó a ayunar por la sanidad de otra persona. En el día veintiocho del ayuno, se despertó con dolores de estómago y sintió que necesitaba evacuar. Una gran cantidad de mucosidad verde y grumosa salió de sus intestinos. Cuando todo terminó, todos los síntomas desaparecieron de su cuerpo, y su salud se volvió mejor que en muchos años. Había confiado en Dios con su vida, y Dios renovó su salud.

Hace unas seis semanas, a la edad de 85 años, papá tuvo un infarto masivo. Después de ser estabilizado y examinado en la sala de emergencias y el hospital, el cardiólogo le dijo que la mayor parte de su corazón estaba destruido, y que sin intervención solo le quedaban un par de semanas de vida. Le aconsejó que saliera de ese hospital y fuera al Hospital Metodista en Houston, Texas. Allí, después de múltiples exámenes, decidieron que era demasiado riesgoso hacerle una cirugía a corazón abierto, pero intentarían abrir la arteria principal del corazón con un stent, sabiendo que tal vez no funcionaría. Poco antes de que lo llevaran, envié el siguiente mensaje de texto a nuestra familia: “Todos saben que esto es incierto, por la condición del corazón de papá. Nunca ha estado en manos de hombres. Ni cuando el metal fundido le quemó un hoyo en el pie. Ni cuando una piedra le reventó el ojo. Ni cuando un hombre enfurecido le puso un cuchillo en el abdomen. Ni cuando tragó aguas negras y su cuerpo se volvió séptico. ¡Y tampoco ahora! Siempre ha estado en las manos de Dios. Lo que suceda hoy no puede cambiar eso. ¡Papá sabe mejor que nadie que está en las manos de Dios!”.

Cuando el doctor habló con nosotros después de la cirugía, dijo que no había podido hacer nada en absoluto. “Pero”, dijo, “su corazón parece estar funcionando mejor de lo que todos pensábamos. Ha creado sus propios desvíos, y una buena cantidad de sangre está fluyendo hacia la cámara superior, que no está ni cerca de tan dañada como creíamos”. “¿Qué podrá hacer?”, le pregunté. “¡Lo que quiera hacer!”, respondió el doctor. Cuando finalmente vi a papá después de que despertó de la recuperación, me preguntó: “¿Supiste que sus esfuerzos fueron un completo fracaso?”. Entonces le conté todo lo que el médico nos había dicho, y le respondí: “¡A mí me parece que Dios nos acaba de recordar que no estás en manos de hombres, sino en las manos de Dios!”.

Durante casi un mes, papá ha estado enseñando nuevamente cada mañana en Facebook y trabajando de cuatro a cinco horas al día en la oficina de Behold the Lamb. Ha vuelto a ministrar en dos servicios por semana en la iglesia, y está comenzando a escribir su próximo libro de Behold the Lamb. Durante años he dicho a las personas que papá predicará hasta que Dios termine con él, y luego morirá. Papá siempre ha dicho que no lo haría de otra manera. ¡Él sigue estando en las manos de Dios!

Artículo original publicado en inglés el 10 de Octubre de 2024, con el título: In the Hands of God (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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