218. Carne y Espíritu – Parte 1

Cuando el apóstol Pablo habla de estar “en el Espíritu”, se refiere a una persona que ha nacido del Espíritu de Dios. Por otro lado, la expresión “en la carne” casi siempre se refiere a aquellos que nunca han nacido de nuevo. Jesús nos dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Toda persona nacida en este mundo está “en la carne” hasta que nace del Espíritu de Dios. Cuando ocurre ese nuevo nacimiento, se convierte en una creación espiritual, y su vida existe en un ámbito espiritual que conocemos como estar “en Cristo”.

Los que están “en la carne” son creaciones naturales, pero los que han nacido de Dios son “creaciones espirituales”, así como Cristo fue un “hombre espiritual”. La Biblia nos dice: “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán (Jesucristo), espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual” (1 Corintios 15:45-46). Las palabras “postrer Adán” hablan de Jesucristo. El siguiente versículo lo confirma, diciendo: “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo” (1 Corintios 15:47). Todos somos como uno de estos dos hombres tan distintos. El apóstol Pablo continúa diciendo: “Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales (1 Corintios 15:48). Según este pasaje, toda persona es una creación “natural”, o “alma viviente”, hasta que nace de Dios. Su único lugar de existencia es “en la carne”. Sin embargo, en el nuevo nacimiento, nos convertimos en seres “espirituales”, y vivimos “en el Espíritu”.

La persona “natural” puede ser muy religiosa, pero sigue estando “en la carne” y no puede conocer ni recibir las cosas del Espíritu de Dios. La Biblia dice: “…el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas…” (1 Corintios 2:14-15). La persona espiritual, aquella que ha nacido de Dios, tiene “la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16) y puede “…conocer lo que Dios nos ha dado gratuitamente” (1 Corintios 2:12).

Jesús le dijo a Nicodemo que, a menos que una persona nazca del Espíritu, no puede ver ni entrar en el Reino de Dios (Juan 3:3,5). Pablo añade a esto diciendo: “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios (Romanos 8:7-8). Hasta que una persona nace del Espíritu de Dios, su mente está en guerra contra Dios y jamás podrá sujetarse a su ley. Por causa de esta condición, es imposible que la persona que está “en la carne” pueda agradar a Dios. Ninguna enseñanza religiosa ni esfuerzo humano puede cambiar esta realidad. ¡Deben nacer de nuevo! (Juan 3:7).

En Gálatas, Pablo describe la gran diferencia entre “la carne” y “el Espíritu”. Él dice: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais” (Gálatas 5:17). Algunos enseñan erróneamente que este versículo describe una lucha interna en el hijo de Dios. Nada podría estar más lejos de la verdad. En este pasaje, Pablo está explicando cuán diferentes son estas dos condiciones. El que está “en el Espíritu” desea cosas completamente distintas al que está “en la carne”. Por esta razón, una persona que anda en el Espíritu no puede hacer las cosas que hace una persona que está en la carne.

En su carta a los creyentes en Roma, Pablo recuerda a los judíos entre ellos (Romanos 7:1) cómo era bajo la Ley el intentar servir a Dios antes de venir a Cristo. Él dice: Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte” (Romanos 7:5). Las “pasiones pecaminosas” de las que habla son el conflicto que una persona encuentra cuando intenta servir a Dios carnalmente. Tratan de hacer el bien, pero descubren que el mal aún está presente en su corazón (Romanos 7:21). Parece que mientras más lo intentan, peor se vuelve el problema. No entienden que la mente carnal jamás puede agradar a Dios. Y sin embargo, hasta que nacen del Espíritu de Dios, la mente carnal es lo único que pueden ofrecer. Todo el capítulo 7 de Romanos describe la futilidad de intentar servir a Dios con la mente carnal. La declaración final de Pablo en Romanos 7 nos dice que mientras una persona intente servir la ley de Dios con la mente carnal, siempre acabará sirviendo al pecado con su carne (Romanos 7:25).

Una inmensa multitud de personas ha sido llevada a creer que una confesión, un bautismo o un programa de discipulado los ha hecho hijos de Dios. Ninguna de estas cosas tiene poder para salvar a nadie. Solo una visitación del Espíritu de Dios puede traer una verdadera experiencia de “nacer de nuevo”. No es de extrañar que tantas personas se encuentren en una lucha carnal contra el pecado en sus corazones mientras intentan servir a Dios. Como Pablo nos recuerda: …los que viven según la carne no pueden agradar a Dios (Romanos 8:8).

Artículo original publicado en inglés el 12 de Noviembre de 2024, con el título: Flesh and Spirit – Part 1 (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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