219. Carne y Espíritu – Parte 2

Un hijo de Dios es una creación espiritual, mientras que el hombre natural es una creación almática. El apóstol Pablo lo confirma al decir: “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán (Jesucristo), espíritu vivificante. …Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales” (1 Corintios 15:45-48). La creación almática vive en el ámbito carnal, o “en Adán”. La creación espiritual vive en el ámbito espiritual, o “en Cristo”. Pablo habló de estos dos ámbitos distintos cuando escribió: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:22).

El término “en la carne” se refiere al ámbito carnal de “Adán”. Por otro lado, el término “en el Espíritu” se refiere al ámbito espiritual de “Cristo”. Aquellos que han nacido de Dios viven “en el Espíritu”. Los que no han nacido de Dios viven “en la carne”. Nadie vive en ambos ámbitos. Pablo dice a los redimidos: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (Romanos 8:9).

Solo los que están “en el Espíritu” pueden “andar en el Espíritu” (Gálatas 5:16). De hecho, es imposible que aquellos que todavía están “en la carne” puedan “andar en el Espíritu”. Pueden ser sinceros y hacer muchas obras religiosas, pero no pueden “andar en el Espíritu” si no han nacido del Espíritu de Dios. Por eso Pablo dice: “Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:8).

Así como la vida de un pez se halla en el océano, así un hijo de Dios prospera mientras anda en Cristo. Son creaciones celestiales, y en ese ámbito celestial encuentran todo lo que necesitan para una vida gozosa y victoriosa. Mientras andan en Cristo, no luchan contra el pecado, porque “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús” los ha “librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2). Sin embargo, hay algo que puede hacerlos caer repentinamente en las luchas de la oscuridad religiosa. Pablo advirtió sobre esto cuando dijo: “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis” (Romanos 8:13).

“Vivir conforme a la carne” es andar como andan los que viven en el ámbito carnal. Pablo reprendió a la iglesia de Corinto por esto, diciendo: “Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:3). Los hombres carnales no pueden andar con Dios, pero es posible que un hijo de Dios ande como andan los hombres carnales. Tal andar siempre conduce a la destrucción. Un andar “conforme a la carne” puede ser mundano, pero también puede ser religioso.

Pablo advirtió repetidamente a la iglesia sobre volverse sujetos a los rudimentos, o elementos, del mundo. Esto habla de la manera en que se hacen las cosas en el ámbito carnal. Pablo describió estos elementos del mundo como “débiles y pobres” (Gálatas 4:9). Se refería a observancias religiosas, rituales, mandamientos y tradiciones que nunca pueden limpiar el pecado del corazón ni dar la vida de Cristo. Por eso tales cosas son llamadas “débiles y pobres”.

Pablo identifica algunos de estos “elementos débiles y pobres” como la observancia religiosa de “días, meses, tiempos y años” (Gálatas 4:10). Es sorprendente cuántos cristianos confían en guardar un día de fiesta o “…día de fiesta, luna nueva o días de reposo” (Colosenses 2:16), pensando que esto añade valor espiritual a su caminar con Dios. No hay nada de malo en observar un día de fiesta o el día de reposo, como tampoco hay nada de malo en no observarlo. Sin embargo, confiar en tales cosas es lo que hacen los hombres carnales.

El apóstol Pablo también identifica las ordenanzas religiosas como un rudimento de este mundo. Preguntó a los colosenses: “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso)?” (Colosenses 2:20-22). Si has nacido del Espíritu de Dios, ¿por qué te sometes al dominio de ordenanzas, rituales y mandamientos religiosos? Todas estas cosas son carne, y como Jesús nos dijo: “la carne para nada aprovecha” (Juan 6:63). Ninguna de estas cosas puede añadir algo a la obra que Cristo ya ha hecho en ti.

En su epístola a los filipenses, Pablo identifica la “carne” religiosa en la que él antes confiaba bajo la ley de Moisés. Su ceremonia de iniciación religiosa era carne. Su linaje natural era carne. Su afiliación religiosa era carne. Su celo religioso era carne. Y su obediencia a los mandamientos era carne (Filipenses 3:4-6). Cuando se dio cuenta de cuán impotentes eran realmente estas cosas, renunció a todo eso para “ganar a Cristo y ser hallado en él” (Filipenses 3:8-9). Nos recuerda que el verdadero pueblo de Dios es aquel “…que en espíritu sirve a Dios, y se gloría en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne” (Filipenses 3:3).

Artículo original publicado en inglés el 11 de Diciembre de 2024, con el título: Flesh and Spirit – Part 2 

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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