
Cuando una persona nace de nuevo por el Espíritu de Dios, se convierte en una creación espiritual y comienza a vivir en un ámbito que se conoce como estar “en el Espíritu”. Este ámbito del “Espíritu” también se denomina “el Reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13) y como estar “en Cristo” (2 Corintios 5:17). Puede que no sepa nada sobre este nuevo reino en el que ahora vive, así como un recién nacido no sabe nada del mundo en el que ha nacido. Este nuevo hijo de Dios ya no vive en el ámbito de la carne. Por eso el apóstol Pablo habla diciendo: “Porque mientras estábamos en la carne…” (Romanos 7:5). También nos dijo que Dios “…nos libró de la potestad de las tinieblas, y nos trasladó al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13).
Por otro lado, el hombre natural aún vive en el ámbito de la carne y ni siquiera puede ver el ámbito del Espíritu en el cual ahora vive el hijo de Dios. Como dijo Jesús: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).
Las “leyes” que gobiernan estos dos ámbitos son completamente distintas. En el ámbito de “la carne”, reina absolutamente la “ley del pecado y de la muerte” (Romanos 5:12; Romanos 7:23). Esta ley nos dice que el pecado y la muerte (la condenación) son tan seguros para la humanidad como lo es la fuerza de gravedad para los objetos en la Tierra. El ámbito del “Espíritu” no tiene tal ley. De hecho, el apóstol Pablo nos dijo: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2). Aquellos que viven en Cristo Jesús no están sujetos a “la ley del pecado y de la muerte”, por lo tanto, no son pecadores, ni están condenados.
Quienes continuamente afirman que los redimidos aún son pecadores saben muy poco, si acaso algo, sobre la “vida en Cristo Jesús”. Todas sus experiencias y creencias han sido formadas por el ámbito de la carne, y ni siquiera pueden empezar a considerar lo que la palabra de Dios dice acerca de la vida en Cristo. Luchan con el pecado, y por tanto concluyen que todos deben ser pecadores. Tienen deseos prohibidos, así que enseñan que un corazón impuro es aceptable para los hijos de Dios. Hoy en día, más del 50 % de los pastores admiten consumir pornografía en ocasiones. Para ellos, esto prueba que tal esclavitud es normal para todos. Sus doctrinas no se forman por la palabra de Dios, sino por su entendimiento de lo que es la vida viviendo en el ámbito de la carne.
Cuando nací por segunda vez (nací de nuevo), no tuve un pastor como muchos tienen, que constantemente me asegurara que aún era un pecador y que seguiría pecando mientras viviera en este cuerpo. No oí que debía luchar cada día con el “viejo hombre” o la “naturaleza pecaminosa” mientras caminaba con Dios. En cambio, oí acerca de la victoria dada a los que están en Cristo Jesús, y cómo Jesús destruyó a Satanás y al Pecado en la cruz. Nunca oí que fuera difícil servir a Dios, sino que se me enseñó que el caminar cristiano es un andar en “…justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17), aun en tiempos de grandes pruebas y tribulación. Creí lo que oí, y encontré que era completamente cierto.
Desafortunadamente, muchos convertidos a Cristo tienen pastores que están bien versados en cómo vivir en el reino de la carne. Te aseguran que lucharás, te debilitarás y sucumbirás a deseos pecaminosos. Te dicen que es difícil caminar con Dios, difícil perdonar a otros, y difícil amar a tu enemigo. Te informan que el pecado no solo está en cada esquina, sino que también está incrustado en tu propio corazón y naturaleza. Presentan estas falacias como verdades, y luego te ofrecen respuestas carnales para lidiar con tales cosas.
Al escuchar a tales maestros, multitudes de personas que han tenido una verdadera experiencia de haber nacido de Dios, vienen a ser como peces que están siendo instruidos para vivir en tierra seca. Al pez se le puede enseñar a quedarse en la sombra para que el sol no lo seque tan rápido, o a practicar la respiración con la esperanza de obtener algo de oxígeno. Tal vez incluso aprenda a ejercitar su habilidad para agitarse y moverse por la arena. El problema es que un pez no puede sobrevivir en tierra seca. Fue creado para vivir en el mar. Allí encontrará todo lo que necesita. De la misma manera, un hijo de Dios no sobrevivirá si intenta caminar como aquellos que están “en la carne”. Por eso el apóstol Pablo dijo: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25).
Puede sonar extraño, pero Pablo reprendió a los colosenses por andar como si aún vivieran “en el mundo”. Dijo: “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos…?” (Colosenses 2:20). En lugar de caminar en la gloria de Cristo, estaban abrazando mandamientos carnales, ordenanzas, rituales, fingiendo “humildad” y “culto a los ángeles” (Colosenses 2:16-23). Un hijo de Dios no sirve a Dios por medio de tales cosas. Esas son cosas que hacen quienes aún están “en la carne” al intentar servir a Dios.
Dios tiene un reino preparado para que sus hijos caminen en él. Es un lugar de libertad, justicia, paz y gozo. Ni Satanás ni el pecado existen en el reino de Dios. Nadie puede acceder a este reino mediante obras religiosas. Sin embargo, sí es necesario creer el evangelio y confiar en Jesucristo para hacer lo que su palabra declara.
Artículo original publicado en inglés el 11 de Enero de 2025, con el título: Born into the Spirit
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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