223. El Reino del Hijo de Dios

Cuando el apóstol Pablo dijo que Dios “…nos ha trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13), estaba hablando de un reino celestial en el cual habita el pueblo de Dios, el cual Pablo a menudo describía como estar “en el Espíritu”. Dos personas pueden estar trabajando en el mismo lugar, adorando en el mismo banco o viviendo en el mismo hogar, pero si solo una de ellas ha nacido de Dios, entonces una vive “en el Espíritu”, mientras que la otra vive en un ámbito conocido como “en la carne” (Romanos 8:9). Ambas caminan por este mundo presente, pero viven en dos reinos muy diferentes. A quienes viven “en el Espíritu” se les suele describir también como estar “en Cristo”.

Jesús introdujo este reino celestial desde el principio de su ministerio, diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado (Mateo 4:17). La venida de este ámbito celestial fue anunciada desde tiempos antiguos por los profetas bíblicos, y de manera más clara por el profeta Isaías. Consideremos una de las grandes profecías sobre este ámbito del “Espíritu”, registrada en el capítulo 35 de Isaías.

Versículo 4 – “Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará” (Isaías 35:4). Esta profecía comienza con la promesa de que Dios vendría a salvarnos. Era una promesa clara y directa de la salvación que vendría a nosotros por medio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Varios hombres se levantaron proclamando ser el Salvador y el Mesías de Israel, pero eran impostores y engañadores. Sin embargo, en el siguiente versículo de esta profecía, Isaías registra cómo todos podrían saber, sin lugar a dudas, cuándo habría venido verdaderamente el Salvador.

Versículos 5-6 – “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se destaparán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo…” (Isaías 35:5-6). Los grandes e innegables milagros que hizo Jesús fueron la prueba bíblica de que Él era, en verdad, el Cristo y que el Reino de Dios había venido a los hombres. Cuando Juan el Bautista envió mensajeros a Jesús preguntando: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”, la respuesta de Jesús dirigió la atención de Juan nuevamente a esta profecía. Él dijo: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mateo 11:3-5). Con esto, Juan sabría sin duda que Jesús era el Cristo prometido por Dios.

El resto de esta gran profecía revela la naturaleza del reino que Cristo preparó para que su pueblo habitara en él.

Versículos 6-7 – “…porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos” (Isaías 35:6-7).  Esta es una promesa para aquellos cuyas vidas eran como desiertos donde nada crecía y no se hallaba agua. En este Reino de Cristo encontrarían una tierra donde fluye el agua viva. Ya no estarían secos ni desolados. Como dijo Jesús: “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).

Versículo 8 – “Y habrá allí calzada y camino…” (Isaías 35:8).  Isaías habló mucho de esta calzada preparada para el Señor y su pueblo (Isaías 11:6, 40:3, 62:10). Las piedras de tropiezo y los obstáculos serían quitados del camino, haciéndolo fácil para el pueblo. Como dijo Jesús: “Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:30). Puedes enfrentar dificultades en la vida, pero no es difícil servir a Dios cuando vives en Cristo.

Versículo 8 – “…y será llamado Camino de santidad…” (Isaías 35:8).  La santidad no es el camino hacia Dios. Si lo fuera, los fariseos no habrían necesitado salvación. Sin embargo, Jesús es el camino, y el único camino de santidad. Él sufrió y murió para “santificar al pueblo mediante su propia sangre” (Hebreos 13:12). Su pueblo es un pueblo santo porque el pecado ha sido lavado de su corazón y de su naturaleza por la sangre de Cristo.

Versículo 8 – “…no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos…” (Isaías 35:8). Solo aquellos que han sido lavados de sus pecados mediante la fe en Jesucristo pueden habitar esta tierra. Puede haber personas pecadoras e inmundas en los templos o incluso en el púlpito, pero no hay ni una sola en el Reino del Hijo de Dios. “…no pasará inmundo por él”. El apóstol Pablo reafirma esto diciendo: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?” (1 Corintios 6:9).

Versículo 8 – “…el torpe no errará en él” (Isaías 35:8). Hay solo una entrada a este ámbito del Espíritu. Jesús dijo: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Nadie tropieza y entra por accidente en este reino. Puedes recorrer toda la tierra y probar cada religión conocida por el hombre, pero nunca entrarás en este reino hasta que, con fe en Jesucristo, “te arrepientas y creas en el evangelio” (Marcos 1:15). Jesús nos dijo claramente: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Versículo 9 – “No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos” (Isaías 35:9). Ni el pecado ni Satanás existen en este reino. En el ámbito de la carne, Satanás “anda como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8), pero en el ámbito de Cristo, Satanás y sus obras no tienen lugar alguno. Nunca hallarás al león rugiente (Satanás) ni a la bestia feroz (el pecado) en el reino de Cristo. El apóstol Juan nos dijo: “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca…” (1 Juan 3:5-6).

Versículo 10 – “Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido” (Isaías 35:10). El apóstol Pablo nos recuerda esta gloriosa verdad diciendo: “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). ¡Qué gozo es vivir en el Reino del amado Hijo de Dios!

Artículo original publicado en inglés el 5 de Febrero de 2025, con el título: The Kingdom of God’s Son 

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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