225. Redención

Alguien me preguntó una vez: “¿Por qué Dios simplemente no perdonó a Adán y a Eva después de que transgredieron en el huerto?” Le respondí que no sabía si Dios los perdonó o no, pero que si lo hizo, eso no cambió el resultado de lo que habían hecho. Incluso si Dios perdonó a Adán y a Eva, el pecado seguiría teniendo dominio sobre ellos; Satanás seguiría siendo el dios de este mundo; sus hijos seguirían siendo “concebidos en pecado y formados en maldad” (Salmos 51:5); y la sentencia de muerte (condenación) seguiría pendiendo sobre la cabeza de toda persona desde ese día en adelante. Tal vez fueron perdonados, pero lo que necesitaban era redención.

El perdón no es redención. El perdón trata con tu pasado. La redención es el acto de recuperar algo que se había perdido. Para entender la redención, hay cuatro preguntas que debemos responder.

1. ¿QUÉ FUE LO QUE SE PERDIÓ?

Nosotros somos los que nos perdimos. La transgresión de Adán vendió a toda la humanidad al cautiverio del pecado y de Satanás. El profeta habló de esto diciendo: “Porque así dijo Jehová: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados” (Isaías 52:3). El apóstol Pablo confirma esto al hablar de su intento de servir a Dios bajo la Ley, antes de venir a Cristo. Él dijo: “…pero yo soy carnal, vendido al pecado” (Romanos 7:14). En Adán, todos fuimos “vendidos al pecado”, al reino de las tinieblas (Colosenses 1:13), del cual jamás podríamos redimirnos por nosotros mismos.

2. ¿A QUIÉN SE PERDIÓ?

Nos perdimos para Dios. Él creó a la humanidad a su imagen y para su gloria. La humanidad debía ser una manifestación en carne y sangre del Dios invisible. En la transgresión de Adán, perdimos la imagen de Dios y tomamos la imagen de la serpiente. Juan escribió: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio”. También dijo: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios” (1 Juan 3:8,10). Cuando Jesús dijo que vino “…a buscar y a salvar lo que se había perdido”, hablaba de nosotros como perdidos para Dios. Nuestra redención restaura a Dios aquello que se había perdido para Él. Juan escribió: “Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9). En la redención, la imagen y gloria de Dios son restauradas en aquellos que son restaurados a Dios (Romanos 8:29-30). Así como Él fue manifestado en Cristo, ahora en los redimidos, Dios es nuevamente “manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16).

3. ¿QUIÉN TOMÓ POSESIÓN DE LO PERDIDO?

El pecado y Satanás se convirtieron en señores sobre toda la humanidad. Ellos se convirtieron en los poseedores de lo que pertenecía a Dios. Así como Dios envió a Moisés a liberar a Israel de la esclavitud en Egipto, Dios envió a su propio Hijo para liberarnos de la esclavitud del pecado. Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34). La redención nos libera de esa esclavitud. Pablo escribió que Cristo “…se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14). Observa que Cristo nos redimió “de toda iniquidad” y “para sí mismo”. Por eso el ángel le dijo a José: “…y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Pedro dijo que fuiste “rescatado … de vuestra vana manera de vivir” (1 Pedro 1:18). Zacarías habló de nuestra redención, diciendo: “…que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos” (Lucas 1:74). El Calvario no fue acerca de pagar una deuda por el pecado, sino de librarnos del pecado mismo.

4. ¿QUÉ SE REQUIERE PARA RESTAURAR LO PERDIDO A AQUEL A QUIEN SE PERDIÓ?

La parte final para entender la redención es reconocer lo que se requería para redimir lo que se había perdido. Esto se llama el “rescate”. Es el costo de la redención. La Escritura es clara al decir que Cristo “…se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6). Un rescate no necesariamente implica un pago a alguien, pero siempre habla del costo que conlleva redimir algo. En la Segunda Guerra Mundial, millones de soldados aliados murieron en el campo de batalla luchando contra los nazis. Su sangre fue el rescate requerido para librar al mundo de la tiranía de Hitler. De igual forma, la sangre de Cristo fue el rescate requerido para destruir a Satanás y librarnos de todo pecado e iniquidad. Nadie tiene que ser más esclavo del pecado o de Satanás, porque Cristo derramó su sangre para hacernos libres. ¡Somos redimidos!

“Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo” (Salmos 107:2).

Artículo original publicado en inglés el 23 de Febrero de 2025, con el título: Redemption 

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Published by

Deja un comentario

¿Es este tu nuevo sitio? Accede para activar las funciones de administrador y cerrar este mensaje
Iniciar sesión