228. No tienen excusa

Cuando Jesús dijo: “pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28), no estaba revelando un cambio en la forma en que Dios ve el pecado o al pecador. Simplemente estaba declarando una verdad sencilla sobre un corazón lleno de lujuria. Una persona que es adúltera en su corazón se presentará ante Dios como adúltera. Esto no es nada nuevo. Dios siempre ha juzgado a una persona con base en el contenido de su corazón.

Considera las palabras que Dios le habló a Samuel cuando lo envió a ungir a David como rey sobre Israel. Dijo: “porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7).

Cuando Dios envió al profeta Isaías para anunciar el juicio que vendría sobre Jerusalén, dijo: “Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí…” (Isaías 29:13). Sus palabras de alabanza fueron una ofensa para Dios porque sus corazones contaban una historia diferente.

Incluso el gran diluvio en los días de Noé vino no solo por las malas acciones de la gente, sino por las imaginaciones de sus corazones. La Biblia dice: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente al mal (Génesis 6:5).

Esta conexión inquebrantable entre lo que una persona es y el contenido de su corazón se revela en una advertencia sobre aquellos que te hablan con palabras amables y halagadoras mientras en su corazón traman contra ti. El mensaje es: ¡Cuidado! …porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él (Proverbios 23:7).

Jesús fue muy claro al enseñar que Dios es fiel para juzgar el contenido del corazón de una persona. Les dijo a los fariseos: “Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones” (Lucas 16:15). También dijo que eran como “sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27). Y añadió: “Limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio” (Mateo 23:26).

Las palabras de Jesús respecto al contenido del corazón de la persona están en el centro mismo de por qué los líderes religiosos lo odiaban tanto. Jesús lo reconoció cuando dijo: “Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado” (Juan 15:22). Como ellos guardaban mandamientos ante los hombres, se sentían muy justificados, hasta que Jesús dirigió su atención al contenido de sus propios corazones. Cuando eso sucedió, sus corazones comenzaron a condenarlos (Juan 8:9), y se vieron a sí mismos como pecadores. Las palabras de Jesús arrancaron el manto religioso que siempre había cubierto su desnudez espiritual.

El “manto” de la iglesia moderna es un poco diferente al de los fariseos. La proclamación interminable de que “todos somos pecadores, y pecamos cada día” se ha convertido en la única doctrina tan sagrada que cualquiera que se atreva a cuestionarla es atacado desde todos los frentes. ¿Por qué es esto así? Si Jesús prometió tan claramente hacernos libres del pecado (Juan 8:32–36), ¿por qué debería ofenderse alguien cuando alguien declara que el pueblo de Dios ya no es pecador?

La razón por la cual esta doctrina se ha vuelto tan sagrada es que cubre los ojos de quienes la creen, impidiéndoles ver su verdadera condición espiritual. Es su “manto para su pecado”. Predicadores modernos tuercen abiertamente las Escrituras, tratando de hacer del apóstol Pablo un pecador. Necesitan que esto sea cierto para justificar sus propios pecados e imaginaciones. Con la pornografía alcanzando proporciones epidémicas dentro de las iglesias, los pastores desesperadamente necesitan que sus congregaciones sientan que “todo está bien”. Pero no lo está.

Jesús dijo: “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:37). Cuando el apóstol Pablo nos dice tres veces de forma clara que los injustos, o los que hacen injusticia, “no heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10, Gálatas 5:19-21, Efesios 5:5-6), ¿crees que tus palabras: “Soy un pecador y peco todos los días”, te justificarán cuando estés ante Dios? ¿No es más probable que esas mismas palabras te condenen?

Jesús les dijo a aquellos que lo rechazaban: “si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). No tienes que ser uno de ellos. Ese destino es para el incrédulo. Tú puedes ser alguien que cree la sencilla verdad de la Palabra de Dios y ser hecho libre del pecado, tal como Jesús lo prometió. Todo manto ha sido quitado.

Artículo original publicado en inglés el 26 de Abril de 2025, con el título: They Have No Cloak 

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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