229. El problema de pecado de Pablo

Una de las objeciones más comunes a la promesa de Jesús de que Él nos haría libres del pecado (Juan 8:32-36) se fundamenta en una visión errónea del apóstol Pablo. “¿Pero qué hay de Pablo?”, dicen. “Él luchaba con el pecado. Él dijo: ‘Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.’” (Romanos 7:19). Sí, Pablo escribió esas palabras. Sin embargo, como sucede a menudo, las personas leen ciertas palabras que parecen probar su creencia y descartan el resto de la Palabra de Dios si no encaja con su narrativa.

Las palabras mencionadas arriba, que tan a menudo son citadas por quienes buscan probar que el apóstol Pablo tenía un problema de pecado, se encuentran en el capítulo 7 de Romanos. Pablo comienza este capítulo hablando directamente a los judíos creyentes en la iglesia. Él dice: “¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley)…” (Romanos 7:1). Estos eran judíos que, como el apóstol Pablo, ahora creían que Jesús es el Cristo.

Pablo les recuerda a estos creyentes judíos su pasado en común, diciendo: “Porque cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.” (Romanos 7:5). Las palabras “cuando estábamos en la carne” hablan de su vida antes de venir a Cristo y de haber nacido del Espíritu de Dios. Si nunca has “nacido de nuevo”, eres “carne” y vives “en la carne”. En cambio, Pablo nos dice a todos: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros.” (Romanos 8:9). Esta declaración confirma que solo aquellos que no han recibido a Cristo siguen estando “en la carne”.

Cuando Pablo recordó a los creyentes judíos de “las pasiones pecaminosas que eran por la ley” se refería a las luchas con el pecado que todos ellos soportaron cuando servían bajo la Ley. Él dijo que estas “obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.” El resto de este capítulo está escrito para describir esas pasiones pecaminosas que eran por la ley, que Pablo soportó antes de rendirse a Jesucristo.

Estas palabras, que muchos aseguran son una descripción de la vida cristiana, son en realidad lo que hizo que Saulo de Tarso (después conocido como Pablo) se diera cuenta de que no era el hombre espiritual que él creía ser, y que en realidad era un esclavo del pecado. Él escribió: “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.” (Romanos 7:14-15). En sus luchas con el pecado bajo la Ley, Saulo llegó a darse cuenta de que algo más poderoso que él mismo estaba en control. Cuanto más resistía el dominio del pecado, peor se volvía su lucha. Esto fue lo que lo llevó a clamar: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24). Si escuchamos a muchos maestros modernos, concluiríamos que no halló liberación del dominio del pecado. Sin embargo, sus siguientes palabras contradicen a los que niegan la esperanza: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” (Romanos 7:25). Saulo halló la liberación que anhelaba cuando se rindió a Jesucristo en el camino a Damasco.

La declaración final de Pablo en el capítulo 7 nos advierte que si sirves a la ley de Dios con la mente (intelecto), servirás al pecado con la carne. (Romanos 7:25). Esta es la misma “mente” de la que Pablo habla unos versículos después, diciendo: “Por cuanto los designios de la carne (KJV. mente carnal) son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden.” (Romanos 8:7). Un hijo de Dios no sirve a Dios con el intelecto carnal. Le sirve con su espíritu. Pablo dijo: “Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo…” (Romanos 1:9).

En un intento de hacer de todos pecadores, las personas a menudo citan otro pasaje donde Pablo dice: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” (1 Timoteo 1:15). Una vez más, unas pocas palabras son tomadas fuera de contexto y se ignoran los versículos anteriores que dan el contexto. Solo dos versículos antes de hacer esta afirmación, Pablo escribió de sí mismo: “habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor e injuriador…” (1 Timoteo 1:13). Nota que dice: “habiendo sido yo antes…” Antes de venir a Cristo, Pablo persiguió a la iglesia, puso a los creyentes en prisión e incluso causó que algunos fueran muertos. La Biblia dice: “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor…” (Hechos 9:1). Fue su persecución de la iglesia lo que llevó a Pablo a describirse como el “primero” de los pecadores. Más adelante Pablo diría que esas acciones le hacían considerarse “indigno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.” (1 Corintios 15:9). Sin embargo, Pablo no deja dudas de que esas acciones son lo que hizo “antes” de venir a Cristo.

Veamos si las palabras de Pablo acerca de su caminar después de venir a Cristo encajan en la narrativa moderna de que “Pablo era un pecador”. Pablo escribió: “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes.” (1 Tesalonicenses 2:10). Pablo también nos dijo que ellos renunciaron “…a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. (2 Corintios 4:2). El apóstol Pablo encomendó su vida y ministerio a la conciencia de toda persona que quisiera examinarlo. ¿Es esta la descripción de un hombre que, según los maestros modernos, “tenía un problema de pecado”? ¡De ninguna manera! La promesa de Jesús de hacernos libres del pecado sigue siendo verdadera para ti hoy, tal como lo fue para el apóstol Pablo.

Artículo original publicado en inglés el 6 de Mayo de 2025, con el título: Paul’s Sin Problem 

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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