
El 21 de junio de 2025, Estados Unidos desplegó siete bombarderos furtivos B-2, que fueron vistos dirigiéndose hacia el oeste, sobre el océano Pacífico, rumbo a Guam. Al mismo tiempo, otros siete bombarderos B-2 despegaron sin ser vistos, en dirección opuesta, para bombardear las instalaciones nucleares de Irán. Los bombarderos que se dirigían hacia Guam eran una estratagema destinada a convencer al régimen iraní de que los B-2 estadounidenses no iban hacia su territorio. Fue una simple desorientación… y funcionó.
Los adversarios han utilizado la desorientación para confundir a sus enemigos desde el principio de los tiempos. En la Segunda Guerra Mundial, los Aliados engañaron a los nazis haciéndoles creer que la invasión para liberar Europa comenzaría a 150 millas al noreste del lugar donde realmente ocurrió: Normandía. Esta campaña de desviación fue uno de los factores clave en el éxito aliado en el Día D.
Satanás es un maestro de la desorientación. Desde Eva, ha usado continuamente argumentos filosóficos y religiosos para convencer a las personas de ignorar lo que Dios realmente ha dicho. Les da algo a qué aferrarse, algo que Dios no ha dicho, para impedirles ver la verdad que Jesús prometió que los haría libres.
En las últimas semanas, he recibido numerosos correos electrónicos de personas que objetan la verdad que he señalado: que la Palabra de Dios nunca dice que Jesús tomó nuestro castigo o pagó nuestra penalidad en la cruz. Sé que esta doctrina suena maravillosa y ofrece una gran sensación de seguridad a quienes la creen, pero no se encuentra en la Palabra de Dios. De hecho, la Palabra de Dios presenta una razón completamente diferente para la muerte de Cristo en nuestro favor.
Jesús fue a la cruz para librarte de las garras del pecado y de Satanás. Esto está claramente expresado en la Palabra de Dios. Hubo algo en la muerte de Cristo, quien creó todas las cosas en el principio, que hizo que el pecado y Satanás perdieran su dominio sobre aquellos que simplemente creen la verdad y confían en Cristo.
El libro de Hebreos explica el propósito de la muerte de Jesús de esta manera: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo; y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14–15). La muerte fue el acceso de Cristo para entrar en el dominio de Satanás y destruir su poder. La palabra griega traducida como “para” en este texto significa “a fin de que”. Cristo vino en forma de hombre “a fin de que” pudiera usar su muerte para destruir al diablo y librarnos. No hay mención alguna de pagar una penalidad en este pasaje.
El apóstol Pablo nos da más entendimiento sobre la muerte de Jesús en la cruz cuando dice: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). Este pasaje nos da una gran comprensión de por qué Jesús “llevó nuestros pecados” a la cruz. Él estaba usando su cuerpo como un vehículo para llevar nuestro pecado a su destrucción. Por la fe en Jesucristo, su muerte se convierte en nuestra muerte, y lo que Él logró a través de la muerte se convierte en nuestra posesión. Su muerte trajo muerte a “nuestro viejo hombre” y destruyó el “cuerpo del pecado”. Pablo nuevamente usa la palabra griega que significa “a fin de que” dos veces en este versículo. Morimos con Cristo “a fin de que” “el cuerpo del pecado sea destruido”. Esto fue hecho “a fin de que” “no sirvamos más al pecado”. Al creer el testimonio de las Escrituras, se vuelve claro que Jesús fue a la cruz para destruir tanto el pecado como a Satanás, y al hacerlo, hacernos libres.
El apóstol Pedro confirma este propósito de la muerte de Jesús cuando dice: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para (a fin de que) que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia” (1 Pedro 2:24). Cristo “llevó nuestros pecados en su cuerpo” a fin de que nuestro viejo hombre de pecado muriera con Él en su cruz, y que nosotros, estando muertos al pecado, viviéramos para la justicia.
El libro de Hebreos nuevamente declara claramente el propósito de la muerte de Jesús en la cruz al decir: “Por lo cual también Jesús, para (a fin de que) santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12). ¿Qué puede ser más claro que esto? Jesús sufrió “a fin de que” pudiera santificar al pueblo con su propia sangre. Este sencillo mensaje se repite una y otra vez en las Escrituras. Cada uno de estos pasajes es claro acerca de lo que la muerte y la sangre derramada de Jesús lograron, pero igualmente silencioso en cuanto a cualquier tipo de pago o penalidad.
Con declaraciones tan directas de los apóstoles sobre el propósito de la muerte de Jesús, ¿por qué la gente se aferra a cosas que nunca se dicen en la Palabra de Dios? La respuesta es sencilla: es desorientación y desviación. Satanás les da una filosofía religiosa en la cual confiar, para impedirles ver que Cristo murió para hacerlos libres. El apóstol Pablo nos dijo: “…el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4).
Artículo original publicado en inglés el 18 de Julio de 2025, con el título: Misdirection
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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