
La palabra “salvos” en la Biblia realmente significa “liberar o proteger”. La palabra de Dios es muy clara en cuanto a que somos salvos (liberados) tanto del pecado como de Satanás. Por eso la salvación produce un cambio tan radical en todos los que verdaderamente encuentran a Cristo.
Los “salvos” no son simplemente pecadores perdonados. ¡Son nuevas criaturas! (2 Corintios 5:17). Han sido lavados de sus pecados (Apocalipsis 1:5), y su naturaleza pecaminosa ha sido destruida en la cruz de Cristo (Romanos 6:6). El cambio es tan profundo y abarcador que ninguna obra o esfuerzo religioso carnal podría producirlo. En todos los casos, es un asombroso milagro enviado del Cielo.
Esta salvación no es por obras, lo que significa que no puedes ganarla ni producirla. Solo viene como un regalo de Dios, pero es muy, muy real. Entonces surge la pregunta: “¿Cómo podemos nosotros, que conocemos a Cristo, llevar tan asombrosa salvación a aquellos que aún están atados por el pecado y por Satanás?”
El apóstol Pablo responde a esta pregunta, diciendo: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21). La palabra “predicación” simplemente significa “anunciar, proclamar, declarar”. Dios escogió el simple acto de contar lo que Cristo logró en la cruz como su gran herramienta para traer esta transformación que cambia vidas a los perdidos.
David, el antiguo rey de Israel, nos dijo que Dios usaría este método para engendrar almas en Su reino. Él profetizó: “La posteridad le servirá; esto será contado de Jehová hasta la postrera generación. Vendrán, y anunciarán su justicia; a pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto” (Salmos 22:30–31). La muerte de Jesús en la cruz declara la justicia de Dios para salvar a los pecadores (Romanos 3:25). Somos enviados a anunciar esta justa salvación a “un pueblo que ha de nacer”. Estos son los que “nacerán de nuevo” si creen en el mensaje del evangelio. El mensaje es simplemente: “¡Él hizo esto!”. Esta es una referencia a lo que Jesucristo logró en la cruz para librarnos del pecado, de Satanás y de todo poder de las tinieblas.
Pablo nos dijo con valentía: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo” (1 Corintios 1:17). Este versículo está lleno de verdad que todos necesitamos comprender. Primero, el poder de la salvación no está en el bautismo. Tampoco reside en ningún otro rito, ceremonia u ordenanza religiosa. El poder de la salvación se extiende únicamente por medio de la proclamación del evangelio y se recibe solo por la fe en Jesucristo. Pablo reitera esto en el siguiente versículo, diciendo: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18).
Pablo advirtió contra añadir sabiduría de palabras al mensaje de Cristo. Nos dice que si ocurre esta mezcla, el evangelio se volverá impotente, sin efecto, “vano”. Debemos declarar aquello que Cristo hizo para hacernos libres (Juan 8:32), sin añadir filosofía, psicología, tradiciones religiosas o mandamientos carnales. Tales cosas añadidas al mensaje del evangelio solo sirven para anular su poder de liberar a cualquiera de la esclavitud de Satanás. Por eso Pablo dijo: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:2). Cuanto más añadimos al evangelio, más tendremos que añadir, porque hemos destruido su poder para salvar.
Es una locura creer que simplemente al oír y creer el mensaje de lo que Cristo ha hecho, una persona pueda ser librada del pecado y transformada en una nueva creación. Sin embargo, así es exactamente como el evangelio obra. Pablo dijo: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18). Por medio de la locura de la predicación del evangelio, vemos la gloria de lo que Jesucristo logró en la cruz para librarnos. Cuando esa gloria brilla en nuestro corazón, somos transformados. Todo esto se ofrece a un mundo perdido, simplemente por medio de la locura de la predicación. Así que, ¡abre tu boca y cuéntales lo que Cristo ha hecho!
Artículo original publicado en inglés el 10 de Octubre de 2025, con el título: The Foolishness of Preaching
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Deja un comentario