
Según Jesús, no había ninguna circunstancia en la que una persona pudiera entrar en el reino de Dios si su justicia no era mayor que la justicia de los fariseos. Él dijo: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20). Sin embargo, muchos de los fariseos eran como Saulo de Tarso, quien, antes de venir a Cristo, era irreprensible en cuanto a la justicia que es en la ley (Filipenses 3:6).
Jesús habló de estos fariseos, diciendo: “Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado” (Juan 15:24). Ellos eran perfectos e irreprensibles en guardar los mandamientos de la Ley. Como dijo Jesús, no tenían pecado cuando se les juzgaba conforme a los mandamientos de Moisés; pero Jesús no juzgaba de esa manera. El profeta Isaías habló de Él, diciendo: “…y no juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra…” (Isaías 11:3–4).
Los fariseos eran maestros en guardar mandamientos. Todo lo que hacían era “legal” según la ley de Moisés, pero sus corazones estaban muy lejos de estar bien con Dios. Bajo la ley, Saulo de Tarso podía “legalmente” causar que los cristianos fueran condenados a muerte. Los fariseos “legalmente” “devoraban las casas de las viudas” (Mateo 23:14). Siempre estaban atentos a cumplir sus obligaciones bajo la ley, pero en su corazón eran muy codiciosos y engañosos (Lucas 16:14). Durante mis más de cuarenta años de ministerio, he visto a muchos que se llamaban a sí mismos cristianos y ministros aprovecharse de los inocentes, defraudar a otros, satisfacer lujurias impuras y exaltarse con orgullo y altivez, todo mientras afirmaban obedecer los mandamientos de Jesús. Sus acciones podían ser “legales”, pero estaban muy lejos de ser justas.
Jesús presentó una justicia que era mayor que la justicia de los fariseos. Él enseñó que el contenido del corazón es la verdadera medida de una persona. Les dijo: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27–28). A los ojos de Dios, la persona que comete adulterio en su corazón es un adúltero.
Jesús comparó a los fariseos con una copa limpia por fuera, pero que por dentro estaba “llena de robo y de injusticia” (Mateo 23:25–26). También dijo que eran como sepulcros blanqueados: por fuera hermosos a la vista, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia (Mateo 23:27–28). Las palabras de Jesús expusieron la verdadera naturaleza de aquellos que se consideraban justos basándose en los mandamientos que cumplían.
Jesús enseñó que el contenido del corazón revela la verdadera condición de una persona, y que las acciones pecaminosas de alguien revelan el verdadero contenido de su corazón. Él dijo: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre…” (Mateo 15:19–20).
La verdadera justicia es un don de Dios. Sin embargo, la justicia que Él da es una justicia muy real. Cuando Dios habló del nuevo pacto, prometió: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón…” (Jeremías 31:33). Jesucristo murió en la cruz para hacer esta obra en nosotros. El apóstol Pablo nos dijo: “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:19). Por la desobediencia de Adán todos fuimos hechos pecadores; así también, por la obediencia de Jesús en la cruz, los que confían en Él son hechos justos. Pablo nuevamente nos dijo: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Jesucristo realmente hace justos a los suyos.
Nunca serás justo por tus esfuerzos en guardar mandamientos. La verdadera justicia es una transformación interna que solo se recibe al creer el evangelio y confiar en Jesucristo. Por eso el apóstol Pablo nos dijo: “Porque con el corazón se cree para justicia…” (Romanos 10:10).
Artículo original publicado en inglés el 15 de Octubre de 2025, con el título: True Righteousness
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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