
“Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20).
¡Qué declaración tan audaz hizo el apóstol Pablo! ¿Acaso no sabía que multitudes de cristianos, a lo largo de los próximos dos mil años, fracasarían en sus esfuerzos por alcanzar tal posición? Algunos llegarían a extremos increíbles, como la autoflagelación o incluso la crucifixión literal de sí mismos. Otros se encerrarían en monasterios o se entregarían a una vida de extrema pobreza, creyendo que eso los identificaría con Cristo. Aún hoy, hay muchos que actúan como si creyeran que Dios solo se agrada cuando están sufriendo grandemente. Sin embargo, a través de tales cosas, nadie ha alcanzado jamás la gloriosa libertad de estar crucificado con Cristo.
La crucifixión con Cristo es la gran “clave” de la libertad cristiana. Por medio de la obra de Cristo en la cruz, somos “muertos al pecado” (Romanos 6:11), “muertos a la ley” (Romanos 7:4) y “muertos al mundo” (Gálatas 6:14). Al estar “muertos al pecado”, el pecado no tiene poder ni presencia en los hijos de Dios. Al estar “muertos a la ley”, no estamos obligados a servir a Dios mediante ordenanzas religiosas, rituales o mandamientos carnales. Al estar “muertos al mundo”, el mundo no tiene atractivo ni dominio sobre quienes viven en Cristo.
Quizás la explicación más clara en la Escritura acerca de la obra de la cruz se encuentra en este pasaje: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). Consideremos el poder de esta declaración:
“Sabiendo esto…” Esto no es una suposición. Es una verdad fundamental del evangelio que todo hijo de Dios debe SABER.
“…nuestro viejo hombre…” El hombre adámico. La persona que eras antes. El pecador. El “hombre de pecado”.
“…fue crucificado…” Nuestro viejo hombre no está siendo crucificado. Él (ella) ya fue crucificado(a).
“…juntamente con él (Cristo)…” La muerte de nuestro “viejo hombre” se llevó a cabo en la cruz. No es algo que logremos después de venir a Cristo; ocurrió “con” (en unión con) Cristo.
“…para que el cuerpo del pecado…” Esto no se refiere a una parte o porción, sino al todo. No una mano o un pie, sino todo “el cuerpo del pecado”. No somos salvos por partes.
“…sea destruido…” El propósito de nuestra crucifixión con Cristo es que todo “el cuerpo del pecado sea destruido”. La palabra “destruido” proviene del mismo término griego que los apóstoles usaron al hablar de Cristo “destruyendo la muerte” (1 Corintios 15:26) y “al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). Es una victoria completa y una destrucción total de la presencia y del poder del pecado en el creyente.
“…a fin de que no sirvamos más al pecado.” El gran propósito y resultado de nuestra crucifixión con Cristo es que hemos sido libertados del pecado. Para los que están crucificados con Cristo, todo “el cuerpo del pecado” ha sido destruido y ya no lo sirven. ¡Han sido hechos libres!
La crucifixión con Cristo es una obra consumada para los hijos de Dios. No estamos muriendo al pecado: “estamos muertos al pecado”. Los apóstoles siempre hablan de nuestra crucifixión como una condición presente, basada en la obra consumada de Cristo. Si no está cumplida actualmente, no es “con Cristo”.
Aunque un hijo de Dios necesita ser “renovado de día en día” (2 Corintios 4:16; Tito 3:5), la Escritura es clara al afirmar que morimos al pecado solo una vez. Pablo dice: “Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también (de la misma manera) vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:10-11). Así como fue con Cristo, así es con el creyente: morimos al pecado una sola vez, pero vivimos para siempre para Dios.
¡Con Cristo estoy juntamente crucificado! ¡Está hecho! ¡Está consumado! A causa de ello, he sido librado de la esclavitud del pecado, de la opresión de la ley religiosa y del atractivo del mundo. Yo no lo hice. De hecho, nadie puede hacerlo. Es únicamente la obra de Cristo. La única manera de recibir esta gloriosa libertad es creer la verdad del evangelio y confiar en Cristo.
Artículo original publicado en inglés el 8 de Noviembre de 2025, con el título: Crucified with Christ
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Deja un comentario