
¿Se debe/puede jurar?
Algunos dicen que se puede jurar cuando lo que se afirma o se dice es verdad. ¿Es esto correcto?
¿Cuál es la diferencia entre juramento y promesa?
La diferencia principal es que jurar implica poner un testigo (a menudo una entidad superior, como Dios, o institucional, como la Constitución) para asegurar el compromiso, mientras que prometer es un compromiso personal sin invocar a un testigo externo. Aunque existen diferencias semánticas y de connotación, a efectos prácticos ambos tienen el mismo efecto legal: obligar a cumplir con las obligaciones asumidas.
Parte 1. Los hombres y los juramentos
¿Qué podría llevar a una persona a recurrir a juramentos y promesas?
Algunas personas recurren a promesas y juramentos cuando sus oyentes no confían en ellos. Ya sea porque está hablando de cosas que parecen imposibles o porque sabe que anteriormente ha hecho las mismas promesas y las ha incumplido.
Afortunadamente para nosotros, los cristianos, en este tema Jesús dejó enseñanzas bien claras.
“33Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. 34Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.” (Mateo 5:33-37)
Este pasaje contiene varias referencias bíblicas que pueden ayudarnos a estudiar el tema. Iré desglosándolas poco a poco:
v33. “los antiguos”, se refiere a los hebreos del Antiguo Testamento, específicamente a los que recibieron la Ley a través de Moisés.
v33. “No perjurarás”, leer (Levítico 19:11-12)
v33. “cumplirás… tus juramentos”, (Números 30:2; Deuteronomio 23:21-23)
v34. “No juréis en ninguna manera”, este es el centro de la enseñanza de Jesús sobre este tema. No debemos jurar por ningún motivo, de “ninguna manera”. Él mismo da la explicación en los versículos siguientes.
v34-35. “el cielo… es el trono de Dios; …la tierra… es el estrado de sus pies”, (Isaías 66:1; Mateo 23:16-22)
v35. “Jerusalén… la ciudad del gran Rey”, (Salmos 48:1-2)
v36. “Ni por tu cabeza”, o sea, tampoco debes jurar por ti mismo, o, lo que es lo mismo, no debes prometer algo. Los humanos no tenemos la capacidad de controlar nuestro destino ni de cambiar las cosas. Tenemos un accionar limitado. Planificar algo sin contar con Dios no garantiza su éxito. El hombre puede ocuparse de cosas humanas, pero no tiene verdadero control sobre ellas. Solo puede obrar y esperar lo mejor.
v37. “sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no”, esta es la manera en que debemos hablar. Esto es una invitación a ser personas de integridad, sinceras en todo momento, de palabra y confiables. Estas mismas palabras las recuerda Santiago en su carta:
“Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.” (Santiago 5:12)
v37. “porque lo que es más de esto, de mal procede”, literalmente dice que procede del maligno. O sea, tener que recurrir a los juramentos porque nuestro hablar de “Sí y No” no sea confiable termina por hacer que uno caiga en el lazo del enemigo; puede hacer que nos caiga en condenación. Piensa esto: al hacer una promesa, estás jurando por ti mismo que cumplirás lo que dices. Básicamente, estás asumiendo en tu corazón que tú tienes el control de tu destino, que tú puedes hacerlo y lograrlo. En realidad, esto no es diferente del pecado original de Satanás, cuando quería ocupar el trono de Dios. Al prometer algo, te estás haciendo o creyendo que eres como Dios, quien realmente tiene el control de todas las cosas. De aquí la advertencia de Jesús de que “de mal procede” y la de Santiago, al decir “para que no caigáis en condenación”.
Hay algunos versículos en los Salmos y en los Proverbios que abordan el tema de los juramentos, votos y promesas.
- “Lazo es al hombre hacer apresuradamente voto de consagración, y después de hacerlo, reflexionar.” (Proverbios 20:25) – Es una advertencia para pensar bien las cosas antes de hablar y comprometerse.
- “Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios.” (Proverbios 6:2) – Muy parecido a lo que sucede en el versículo anterior.
- “El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño.” (Salmos 24:22) – Según esto,uno podría pensar que “jurar con engaño” es malo, pero que sí se puede “jurar con verdad”. En realidad, esa es una conclusión obtenida mediante el razonamiento humano. La Biblia no dice que se debe “jurar con verdad”. Jesús aclaró eso en el texto principal de este estudio.
- “Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia” (Salmos 15:4) – Está hablando de una persona con integridad. Incluso si hubiera jurado algo que le pudiera causar pérdida o daño, esta persona mantiene su palabra.
Parte 2. Dios y los juramentos
¡La segunda parte de este estudio es descubrir qué hay pasajes en las Escrituras donde Dios jura!
¿No sería esto una contradicción? Jesús, el Hijo de Dios, Dios mismo hecho carne, enseñó que no se debe jurar “en ninguna manera”, pero, por otro lado, Dios sí hace juramentos y promesas a los hombres.
En realidad no hay ninguna contradicción. Una cosa es el hombre y otra es Dios. Una cosa son las criaturas y otra el creador. El hombre no tiene control sobre su destino. Dios conoce todo y, siendo creador del universo, todo lo puede, incluso hacer cumplir su Palabra.
Veamos algunos de estos versículos:
- “Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo.” (Salmos 89:35-37) – Nótese cómo Dios jura por su santidad.
- “En verdad juró Jehová a David, y no se retractará de ello: de tu descendencia pondré sobre tu trono.” (Salmos 132:11) – Dios le juró a David que de su descendencia habría un Rey que se sentaría sobre su trono. Este no es otro que el Jesús, el Cristo, el ungido de Dios, el Rey de reyes y Señor de Señores.
- “Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre Según el orden de Melquisedec.” (Salmos 110:4) – Este es un juramento que aparece citado cuatro veces en el libro de Hebreos (ver. Hebreos 5:6; 6:20; 7:17,21). El autor de Hebreos explica que, por esta razón, el sacerdocio de Jesucristo, de la tribu de Judá, es superior al sacerdocio levítico.
Hay dos versículos más en los que Dios jura por sí mismo. Vamos a estudiarlos también.
- “Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua.” (Isaías 45:23) – Esto que Dios ha jurado es algo que sucederá sin lugar a dudas. Al final de los tiempos, en el juicio ante el gran trono blanco, “toda rodilla se doblará y toda lengua confesará” (Romanos 14:11; Filipenses 2:10-11)
- “y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.” (Génesis 22:16-18)
Este segundo juramento es muy especial; tiene mucho significado para quienes hemos creído en Jesús. Vamos a estudiarlo con más detalle. Luego haremos otro estudio para analizar la promesa que Dios hizo a Abraham en Génesis 22.
Lo primero que debemos hacer es entender por qué Dios hizo este juramento por sí mismo. Eso está explicado en la carta a los Hebreos:
“13Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, 14diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. 15Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. 16Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. 17Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; 18para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. 19La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, 20donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.” (Hebreos 6:13-20)
v13. “cuando Dios hizo la promesa a Abraham”, Dios hizo varias promesas a Abraham (Génesis 12:2-3 y Génesis 15), pero de la que está hablando el autor en este pasaje es de la promesa que encontramos en Génesis 22:16-18.
v14. “De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.” – Esta es solo una parte de la promesa. Es la que el autor quiere resaltar pues menciona en el v15, que Abraham, “habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa” (ver. Génesis 24:35).
v16. En este versículo, el autor toma como ejemplo al hombre cuando hace promesas el valor que para ellos tiene. Por eso menciona en el v17, que Dios usó este método para “mostrar más abundantemente … la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento”. O sea, Dios usó el mismo método que el hombre usa para hacerles saber que eso era muy importante para Él. Sin embargo, como no podía jurar por nadie mayor, ya que no hay ningún otro dios, juró por sí mismo. O sea, él se puso como garantía de que eso sucedería.
v18. “dos cosas inmutables”, las dos cosas inmutables son el juramento realizado y Dios mismo. Dios no cambia. Por eso, el juramento es algo sagrado para los hombres y considerado inmutable, y Dios mismo es inmutable. Esto nos da “un fortísimo consuelo”.
v19. Como Dios juró y prometió cosas, nosotros podemos esperar y confiar en esas promesas, porque ciertamente se cumplirán. Esas promesas, esa esperanza, son una “segura y firme ancla del alma” y nos permiten entrar a través “del velo”, esto es, al lugar Santísimo donde está la misma presencia de Dios.
v20. Cita otro de los juramentos de Dios, el de que Jesús sería “hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Salmos 110:4)
Es en las promesas de Dios y en el hecho de que Él no cambia que podemos tener seguridad y confianza. Dios “nos ha dado preciosas y grandísimas promesas” (2 Pedro 1:4). No hay nada imposible para Dios. Si Él ha prometido algo, Él lo hará. Solo debemos creerle y confiar en Él.
“Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2 Corintios 1:19-20)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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