
En los días del ministerio terrenal de Jesús, el pueblo judío tenía la Torá —los cinco libros escritos por Moisés—, los Proverbios —escritos por Salomón—, los Salmos, los libros de los Profetas y los libros históricos de la Biblia. Ellos creían que, mediante el estudio y la obediencia a estos escritos, obtendrían la vida eterna. Jesús fue muy claro al señalar que esta manera de pensar era una falacia. Él les dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39-40).
Todos debemos estudiar la Palabra de Dios. Sin embargo, la vida eterna no se encuentra en las páginas de la Biblia; se encuentra únicamente en la persona de Jesucristo. Este fue el mensaje de Jesús a los judíos de su tiempo. Eran muy diligentes en su estudio de la Escritura, pero ciegos a lo que ella les estaba señalando. Eran como aquellos de los que el apóstol Pablo hablaría más tarde: “Siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad”. (2 Timoteo 3:7) Con toda su devoción a la Ley, su adhesión a los Proverbios y su reverencia por los Profetas, no le conocieron y rechazaron a su Mesías cuando vino. Jesús había predicho esto: “…y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:40).
- Desde la primera promesa de redención —la que habló de la simiente de la mujer que heriría la cabeza de la serpiente—, las Escrituras continuamente nos señalan a Jesucristo (Génesis 3:15).
- Moisés dijo a Israel: “Jehová tu Dios te levantará un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo” (Deuteronomio 18:15).
- Abraham vería a Dios proveer su propio sacrificio, tal como él ofreció a su hijo Isaac (Génesis 22:14).
- David profetizó acerca del Cristo cuyo enemigo sería hecho estrado de sus pies y que sería sacerdote para siempre, sentado a la diestra del Dios Todopoderoso (Salmos 110).
- Isaías dijo que el Cristo nacería de una virgen y que a su venida se verían milagros asombrosos (Isaías 7:14, Isaías 35:4-10).
- También dijo que Él llevaría sus iniquidades, escribiría Su Ley en sus corazones y les daría un nuevo corazón y un nuevo espíritu (Isaías 53; Jeremías 31:33; Ezequiel 36:26).
- Daniel anunció que Cristo “haría acabar el pecado, haría expiación por la iniquidad y traería la justicia eterna” (Daniel 9:24-27).
Estas son solo algunas de las muchas profecías de las que Jesús habló cuando dijo: “…ellas son las que dan testimonio de mí…”. (Juan 5:39)
Una persona puede buscar la vida eterna mediante la obediencia a los mandamientos religiosos, pero nunca encontrará lo que busca. Pablo nos dijo: “…si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley” (Gálatas 3:21). Solo Cristo tiene el poder de hacer verdaderamente justo a un hombre (Romanos 5:19; 2 Corintios 5:21).
Otros buscarán en la sabiduría religiosa, como los Proverbios, esperando formar un carácter que agrade a Dios; pero jamás lo hallarán en las palabras de Salomón. Pablo dijo: “Pues ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación… pero nosotros predicamos a Cristo crucificado… Cristo, poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:21-24). Las Escrituras nos dicen que la sabiduría de Dios solo se encuentra en Cristo; “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:2-3). Solamente viniendo a Cristo y permaneciendo en Él podrás andar en la verdadera sabiduría de Dios.
Ni siquiera prestar atención a las advertencias de los profetas puede darte la vida de Dios. Dios instruyó a Israel por medio de Ezequiel: “Hacedos, pues, corazón nuevo, y espíritu nuevo; por qué moriréis, casa de Israel” (Ezequiel 18:31). Después de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, Israel ya no volvió a adorar los ídolos de las naciones; sin embargo, no pudieron hacerse un corazón nuevo ni un espíritu nuevo por sí mismos, y fueron otra vez vencidos, esta vez por los ejércitos de Roma. Dios, previendo esta incapacidad, habló del día en que Él mismo “esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpios de todas vuestras inmundicias, y de todos vuestros ídolos os limpiaré; y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne; y pondré mi Espíritu dentro de vosotros, y haré que andéis en mis decretos, y guardéis y pongáis por obra mis ordenanzas” (Ezequiel 36:25-27). Todo esto se cumple por la obra de la sangre de Jesucristo.
La Palabra de Dios nos dirige continuamente a “… Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Corintios 1:30).
- La verdadera sabiduría solo se encuentra viniendo a Jesucristo y permaneciendo en Él.
- La verdadera justicia solo se encuentra viniendo a Jesucristo y permaneciendo en Él.
- La verdadera santificación solo se encuentra viniendo a Jesucristo y permaneciendo en Él.
- La verdadera redención solo se encuentra viniendo a Jesucristo y permaneciendo en Él.
Los que alguna vez buscan en otro lugar están buscando en vano. Puedes buscar en el mundo, en sus placeres y en su vasta sabiduría tratando de hallar la vida de Dios, pero tu búsqueda te dejará tan vacío como dejó a Salomón. Incluso puedes escudriñar las Escrituras, pero si no ves que ellas te señalan a la persona de Jesucristo, tu búsqueda será también en vano. Pablo nos dice esto cuando declara: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). ¡Todo lo que Dios tiene para ti se encuentra en Jesucristo!
Artículo original publicado en inglés el 2 de Diciembre de 2025, con el título: Where do I find Eternal Life?
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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