
Si a un niño se le dice repetidamente que es estúpido, malo y sin valor, a menudo crecerá y se convertirá en una persona que actúa como estúpida, mala y sin valor. Esto no significa que la persona que puso estas cosas en su mente esté en lo correcto. Más bien, las mentiras que le dijeron a ese niño fueron como el ladrón del que habló Jesús, quien vino para “hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10). Estas mentiras despojaron a ese niño de su dignidad humana y le robaron la vida que podría haber tenido.
El apóstol Pablo deja claro que la purificación del creyente del pecado es la obra central de la salvación. Él dice: “…Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13). La palabra griega traducida como “santificación” significa “purificación”. El “espíritu” del que se habla en este versículo es tu espíritu y no el Espíritu Santo. El texto debería traducirse como “santificación del espíritu”. ¡Dios escogió salvarte purificando tu espíritu! Esta es la obra que Jesucristo realizó en la cruz, donde murió para “quitar el pecado del mundo” (Juan 1:29). Esta “santificación del espíritu” se convierte en nuestra realidad cuando creemos la verdad y somos “nacidos de nuevo” del Espíritu de Dios.
Una persona cuyo espíritu, o corazón, ha sido limpiado del pecado, todavía tiene mucho que aprender en este caminar en Cristo. No son robots espirituales. Cometerán errores. Deben “…crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Sin embargo, debido a que han sido lavados del pecado y nacidos de Dios, ya no son seres pecaminosos. Su propia naturaleza ha sido cambiada por medio de la salvación que les fue traída por la obra de Cristo.
Pablo describe la obra de esta gran salvación en su carta a los creyentes en Roma. Les dice que todo el que está en Cristo ha sido crucificado en unión con Cristo, para que “el cuerpo del pecado” —o “naturaleza pecaminosa”— “sea destruido” (Romanos 6:6). Va aún más lejos, diciendo que no solamente el creyente ha muerto con Cristo y está “libertado del pecado” (Romanos 6:22), sino que también ha resucitado con Cristo “para que andemos en vida nueva” (Romanos 6:4).
Luego, el apóstol le dice a cada creyente: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Romanos 6:11). La palabra griega “men”, aparece en este versículo dando una certeza a la afirmación de que estamos “muertos al pecado”, dando un énfasis en que esto es un “hecho”. Es un hecho que un hijo de Dios está muerto al pecado y vivo para Dios. No son pecadores. No son de este mundo. La obra de Cristo en la cruz los ha hecho “nuevas criaturas” (2 Corintios 5:17). Debes reconocerlo y tenerlo por verdadero.
En el siguiente versículo, Pablo advierte lo que sucederá si un hijo de Dios no acepta la verdad de lo que Cristo ha hecho en él. Dice: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias” (Romanos 6:12). La palabra griega traducida como “no reine” en este versículo en realidad significa “para que no”. Pablo te está diciendo cuán vitalmente importante es que creas la verdad de lo que Cristo ha hecho en ti, para que no reine el pecado en tu cuerpo mortal. Si rechazas la verdad y crees una mentira, abres la puerta para que el pecado vuelva a convertirse en tu amo.
El constante redoble que proviene de los púlpitos por toda América, que dice: “Todavía somos pecadores, y pecamos todos los días”, es semejante a la persona que le dice a un niño que es “malo, estúpido y sin valor”. Aquellos que dicen tales cosas están destruyendo la fe en Cristo, quien prometió que nos haría libres del pecado. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Los que creen esas palabras se sienten humildes al repetirlas, así como un niño puede aceptar las mentiras acerca de su propia falta de valor.
Mi padre cuenta acerca de un hombre que acudió a él por causa de su hija adolescente. El hombre era muy severo y rígido con sus hijos. Acusaba a su hija de querer ser una ramera y una Jezabel porque quería ponerse un poco de rubor en las mejillas. Pronto, la hija comenzó a escaparse por la noche y encontrarse con hombres mayores. Mi padre fue muy directo con el hombre, diciéndole: “Usted la ha hecho pensar que es una ramera solo porque quiere usar un poco de maquillaje. Entonces, cuando un hombre aparece fingiendo amarla, ella ya se siente como una ramera. Así que, ¿cuál es el problema en acostarse con él?”
El hijo de Dios, que ha sido convencido de que todavía es pecador, ya está medio derrotado cuando Satanás llama a su puerta. Las cosas que él le ofrece “no harán ninguna diferencia” porque ya es lo que piensa que es. Satanás tiene que hacer muy poco para demostrarles que sus pastores tenían razón cuando les dijeron que pecarían todos los días. Y por supuesto, ¡este es ese día! Alguien debe decirles: “¡No! Tú no eres un pecador. ¡Jesucristo te ha hecho una nueva criatura! ¡Su sangre te ha hecho libre!”. ¡No permitas que nadie robe la gloria de tu vida en Cristo Jesús!
Artículo original publicado en inglés el 18 de Febrero de 2026, con el título: A Stolen Life
NOTA: Todas las citas bíblicas provienen de la versión Reina-Valera 1960.

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