250. Ya no soy un esclavo

En el Nuevo Testamento, las palabras “libre”, “hacer libre” y “hecho libre” provienen del griego “eleutheros”, que significa literalmente “sin ataduras, es decir, no esclavo”. La esclavitud era muy común en el Imperio Romano y ser “eleutheros”, o “no esclavo”, no era algo que se tomara a la ligera. Entender esta palabra y cómo se usa en la Escritura nos ayuda a ver por qué los judíos se ofendieron tanto cuando Jesús les dijo: “la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Ellos se opusieron de inmediato, porque entendieron que eso implicaba que eran esclavos. Le respondieron a Jesús: “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?” (Juan 8:33). En otras palabras, preguntaban: “¿Cómo puedes decir que dejaremos de ser esclavos?”.

La respuesta de Jesús aumentó aun más su ofensa. Él dijo: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34). Jesús estaba mostrando que los actos de pecado son, en realidad, actos de obediencia al poder del pecado que gobierna en el corazón de una persona. El apóstol Pablo confirma este tipo de esclavitud cuando dice: “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Romanos 6:16). El apóstol Pedro también muestra esta relación entre pecado y esclavitud, diciendo: …ellos mismos son esclavos de corrupción; porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció (2 Pedro 2:19). El pecado no es solo una acción carnal del cuerpo. Es una obediencia externa a la maldad que gobierna en el corazón de una persona.

Jesús dio una promesa a todo “esclavo del pecado”, diciendo: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Una lectura honesta de este pasaje no puede negar que Jesús prometía librarnos de la esclavitud del pecado. El pecado deja de tener poder sobre nosotros cuando Jesucristo lo limpia de nuestro corazón.

El apóstol Pablo también fue muy claro al afirmar que los redimidos ya no son esclavos del pecado. Él dijo: …el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:14). Luego añade: y libertados del pecado (no esclavos del pecado), vinisteis a ser siervos de la justicia.” (Romanos 6:18). Si de verdad estás bajo la gracia, el pecado ya no es tu señor, sino que la justicia ahora gobierna en tu corazón. Pablo lo afirma otra vez, diciendo: Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna” (Romanos 6:22). La santidad no es una lucha para aquellos a quienes Cristo ha hecho libres. Es simplemente el fruto natural de caminar con Cristo.

En este punto, casi todos los movimientos cristianos están de acuerdo. En general, el católico, junto con el protestante, el bautista, junto con el pentecostal, el reformado, junto con el carismático, y casi todos los grupos cristianos establecidos que conozco, rechazan que Jesús realmente nos hace libres del pecado. Mi pregunta para ellos es: “¿Por qué actúan como si Jesús hubiera mentido en esto? O Él nos hace libres del pecado, o nos deja en esclavitud. O dijo la verdad, o mintió. ¿Qué creen ustedes?”.

Conozco a un hombre de Dios llamado Curtis Nestegard, quien durante años, como ministro en Alaska, luchó contra deseos y pasiones impuras. Estas eran tan fuertes que pensó que lo destruirían por completo. Otros ministros le decían: “Así es la vida cristiana”. Pero él siguió buscando a Dios hasta que Dios le dio entendimiento del capítulo 6 de Romanos, donde Pablo dice claramente: “…nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). Cuando vio que nuestra liberación del pecado es la razón por la cual Jesús fue a la cruz, sus luchas terminaron y todo deseo pecaminoso desapareció. Vio la verdad, ¡y la verdad lo hizo libre!

Cuando trató de compartir con otros ministros lo que Cristo había hecho en él, no encontró a nadie que lo creyera. Finalmente, un ministro le dijo: “Hermano, no conozco a nadie que viva en esa victoria que dices que Dios te ha dado”. “Puede ser”, respondió el hermano Nestegard, “¡pero yo no voy a perder la mía!”.

No permitas que la incredulidad de los demás te robe la libertad que Jesucristo compró para ti con su propia sangre.

Artículo original publicado en inglés el 9 de Abril de 2026, con el título: No longer a Slave 

NOTA: Todas las citas bíblicas provienen de la versión Reina-Valera 1960.

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