
Hace años, el pastor de otra iglesia comenzó a asistir con regularidad a nuestros cultos. Me invitó a predicar en su iglesia, lo cual hice. Su congregación, aunque pequeña en número, era muy expresiva. Desde el inicio del servicio, hubo emoción y grandes expresiones de gozo y alabanza. Mientras ministraba, parecía que la congregación estaba encendida. Los “amén”, “aleluya” y “¡Predique, hermano!” no se detenían. Era una congregación muy emotiva, pero sin la presencia de Dios. En realidad, era una congregación muy difícil para ministrar.
Unas semanas después, ese pastor nos visitó nuevamente y, como sucedía muchas veces, las personas estaban adorando a Dios con simples lágrimas de gozo y adoración mientras el Espíritu de Dios descendía sobre ellos y llenaba el lugar. No había gritos, saltos ni música fuerte. No había escenario, luces especiales ni grupo vocal. Solo estaban los santos de Dios adorando a Dios en Su presencia.
El pastor visitante se acercó a mí y parecía un poco confundido. Aunque no recuerdo sus palabras exactas, sí recuerdo que dijo: “Nunca he visto esto en mi vida”. “¿A qué te refieres?”, le pregunté. “A la forma en que tu gente adora: el quebrantamiento, las lágrimas, la calma y la rendición delante de Dios”, respondió. No había duda de que este pastor fue profundamente impactado por la presencia de Dios en los cultos y por las personas mientras le adoraban. Pero yo también me impacté al darme cuenta de que él nunca había visto la verdadera adoración en toda su vida.
Hoy, en muchos lugares, el servicio de adoración se ha convertido en una producción cuidadosamente planeada. Los músicos son profesionales, los cantantes conmueven y el ambiente está perfectamente preparado. Las luces se apagan y las personas son tocadas emocionalmente con facilidad. Las luces se encienden y las personas se emocionan. El ritmo aumenta y la energía alcanza su punto máximo. Sí, es una producción efectiva, pero ¿dónde está Dios en todo esto?
Jesús dijo: “…los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad…” (Juan 4:23). Su adoración a Dios no es una forma, un ritual ni una producción planeada. Estos adoradores han nacido del Espíritu de Dios y las palabras que ofrecen a Dios con sus labios también son verdaderas en sus corazones. Su verdadera adoración los lleva a la presencia del Dios Todopoderoso.
Cuando Jesús habló de estos verdaderos adoradores, dijo: “…porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23). El Espíritu de Dios busca a estos “verdaderos adoradores” cuando levantan sus corazones y sus voces para adorarle. Para estos adoradores, la adoración no es solo algo que hacen, sino lo que son en su corazón y en su vida.
Desde tiempos antiguos, Dios ha mostrado quién habita en Su presencia. Él dijo: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15). Dios siempre ha escogido al quebrantado de espíritu antes que a aquellos que ofrecen una apariencia religiosa de espiritualidad.
Un verdadero adorador traerá la presencia de Dios a un servicio, ya sea como predicador, cantante o miembro de la congregación. Cuando el “verdadero adorador” comienza a adorar a Dios, el Espíritu de Dios lo busca para reposar sobre él. Muchas veces, cuando estos verdaderos adoradores se reúnen, la presencia de Dios que viene sobre ellos sacude el lugar donde están reunidos para adorar.
A veces le digo a nuestra congregación en Calvary Outreach Church que nuestra iglesia vive o muere dependiendo de la presencia de Dios en nuestros cultos. Cuando Su presencia llena nuestros cultos, lo tenemos todo. Cuando Su presencia falta, no tenemos nada. No tenemos las habilidades humanas para sostenernos en la ausencia de la visitación de Dios. No ofreceremos a Dios una producción hecha por el hombre. Si la presencia de Dios no está con nosotros, estamos desnudos, y lo sabemos.
No hay sustituto para la presencia soberana de Dios sobre Su pueblo. Todo lo demás es solo una imitación barata. Si quieres que la presencia de Dios venga sobre ti, “adóralo en espíritu y en verdad” (Juan 4:23). Rechaza las formas carnales y las demostraciones externas de adoración y simplemente adora a Dios desde lo profundo de tu corazón redimido. La verdadera adoración no necesita gran talento, música emocionante, un ambiente perfecto ni nada de eso. Pero sí requiere una cosa: un “verdadero adorador”. ¿Eres tú?
Artículo original publicado en inglés el 14 de Abril de 2026, con el título: The True Worshipper
NOTA: Todas las citas bíblicas provienen de la versión Reina-Valera 1960.

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