
Existe una ley de la que todo ser humano se vuelve experto en algún momento de su existencia. Desde el bebé hasta el anciano, desde el vagabundo hasta el ingeniero aeroespacial, todos somos estudiantes de esta ley y continuamente adquirimos nuevos conocimientos sobre cómo funcionar bajo su dominio. Esta ley de la que hablo se llama la ley de la gravedad. Todo lo que hay en el planeta Tierra está afectado y limitado por su poder. Nada infringe esta ley, pero todos aprendemos a compensarla y afrontarla. Puede parecer que un avión infringe la ley de la gravedad, pero eso es sólo una ilusión. Un avión de pasajeros 707 quemará más de 30,000 libras de combustible por hora mientras lucha por mantenerse en el aire contra la implacable atracción de la gravedad. Un bebé debe aprender a ejercer energía para compensar la gravedad antes de que pueda darse la vuelta o comenzar a gatear. Las «leyes» absolutas, como la ley de la gravedad, se definen como «algo para lo que no hay excepción».
La palabra de Dios habla de otra ley similar a la que llama “la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2). Esta “ley del pecado y de la muerte” no es un mandamiento, sino más bien una descripción del dominio bajo el cual la humanidad ha vivido desde la transgresión de Adán. El apóstol Pablo dice, qué es esta “ley”, y cuándo ganó su dominio, cuando dice que “el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Romanos 5:12). La entrada del pecado y la muerte (condenación) en el mundo cambió todo. Su poder se volvió absoluto. Esto se verifica por el hecho de que Pablo nos recuerda, diciendo; “por cuanto todos pecaron”. Si sólo “casi todos” hubieran pecado, esto no sería una “ley” absoluta. Pero debido a que todos los demás excepto Jesucristo (que no era de la tierra, sino que era el Señor del cielo 1 Corintios 15:47) han caído al dominio del pecado, es evidente que esto ES una «ley» absoluta. Nadie infringe esta «ley del pecado y de la muerte«. La gente simplemente aprende a compensarlo y a lidiar con ello. Toda religión carnal busca, de alguna forma, equipar a la humanidad para sobrevivir y sobresalir bajo su implacable opresión.
El apóstol Pablo nos habla sobre el funcionamiento de esta “ley” en el capítulo 7 de Romanos. Como Saulo de Tarso, era un experto en compensar y sobresalir bajo su dominio, pero así como un avión no puede permanecer en el aire para siempre, Saulo de Tarso descubrió que esta “ley” nunca dejaba de arrastrarlo hacia el cautiverio. El escribió, “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.” (Romanos 7:21-23). De hecho, cada experiencia de cada persona bajo esta “ley del pecado y de la muerte” nos enseña que es inquebrantable a tal punto que cualquiera que siquiera insinúe que puede ser libre de esta “ley” es considerado un tonto.
Pero ¿qué pasa con la Palabra de Dios? ¿Es tonta? Escucha lo que dice el apóstol Pablo acerca de este asunto: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8:2) ¿Cuán tonta es esa afirmación? Cuando cada experiencia de la humanidad nos ha demostrado que esta “ley del pecado y de la muerte” es de dominio absoluto, ¿cómo puede Pablo decir tal cosa? La respuesta es simple. Había descubierto que en Cristo había otra “ley absoluta” que reemplazaba a la “ley del pecado y de la muerte”. A esta “ley” mayor la llamó “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús”.
Aquellos cuya vida está EN Cristo Jesús son liberados de “la ley del pecado y de la muerte” y su dominio sobre la humanidad. Los que viven en Cristo Jesús no luchan ni con el pecado ni con la condenación, porque Cristo los ha librado de la esclavitud del pecado y de la condenación que siempre lo acompaña. El pecado es lavado de su corazón y naturaleza por la sangre derramada de Cristo (Apocalipsis 1:5) y su viejo hombre de pecado es crucificado con Cristo donde el cuerpo del pecado es destruido (Romanos 6:6).
El evangelio de Cristo no nos enseña cómo compensar y lidiar con «la ley del pecado y de la muerte«. ¡Nos hace LIBRES de ello! Aquellos que protestan contra tal cosa están eligiendo vivir bajo “la ley del pecado y de la muerte” y nunca conocerán la plena victoria y libertad de “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús” hasta que comiencen a tener la autoridad de la Palabra de Dios sobre la autoridad de su experiencia carnal.
Dios te Bendiga,
Pastor Keith Surface
Calvary Outreach Ministries
Artículo original publicado en inglés el 2 de Noviembre de 2016, con el título: Life in Christ Jesus (PDF)
NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Deja un comentario