30. Oscuridad del alma

El PECADO no es simplemente un acto. El pecado es una oscuridad del alma. Es un desorden y desenfreno que encontró refugio en el corazón del hombre. El pecado es el veneno de la Serpiente que actúa en la humanidad caída y que estimula la rebelión contra Dios y todo lo que Él es. Jesús lo describe como el amo de esclavos que hace que la gente cometa actos de pecado (Juan 8:32-36). Esta presencia maligna es lo que contamina a una persona. Es lo que los separa de Dios. La religión carnal lo restringe. ¡La redención se lo lleva! (Juan 1:29)

Todos tenemos convicciones personales y deberíamos tenerlas. Dudo que tu idea de la santidad sea exactamente igual a la mía. Como hijo de Dios hay muchas cosas que dejo de lado, no porque las crea pecado, sino porque las creo perjudiciales para mi caminar con Dios. Todavía hay otras cosas que creo que arruinarían mi testimonio personal o harían que algún alma se ofendiera. Como dijo el apóstol Pablo: “…si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.” (1 Corintios 8:13). Hay muchas cosas como estas que tal vez puedan llamarse pecados contra nuestro testimonio o contra la débil conciencia de alguien (1 Corintios 8:12), pero lo que las Escrituras generalmente llaman pecado es lo que Juan llama «pecado de muerte» (1 Juan 5:16). Este “pecado de muerte” surge de las tinieblas del alma y produce la manifestación del pecado a través de nuestras obras. Tal cosa es siempre condenable y, por lo tanto, siempre es “de muerte”.

El pecado es más que romper una regla o incluso la letra de un mandamiento. David comió el pan de la proposición que Jesús dijo “…no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes” (Lucas 6:4), pero no fue condenado por ello. Los discípulos fueron condenados por los fariseos porque violaban las reglas impuestas por los ancianos cuando comían sin antes lavarse las manos. Pero Jesús respondió diciendo: “lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.” (Mateo 15:18-20). El pecado exterior es la manifestación de un problema en el corazón. Es este pecado en el corazón lo que contamina a una persona ante Dios. Que no quepan dudas; una persona comete adulterio porque tiene adulterio en su corazón. Otros participan de la pornografía a causa de la fornicación en su corazón. Otro más roba por la codicia de su corazón. Incluso el que confía en su propia bondad sin Cristo, lo hace a causa de la contaminación del pecado. Es este corazón contaminado lo que hace que una persona sea pecadora ante Dios.

Estaba compartiendo con un hombre la escritura donde Pablo nos asegura que “los injustos no heredarán el reino de Dios”. Pablo incluía al fornicario, al idólatra, al adúltero, al avaro y a los hacedores de otras cosas similares (1 Corintios 6:9-10). El hombre protestó la verdad que le señalé que los redimidos no hacen esas cosas. Él dijo: «Todos nosotros somos pecadores». Como prueba, dijo: “Venía tarde a casa del trabajo y conduje más rápido que el límite de velocidad. ¡Eso es un pecado!” Me quedé allí, incrédulo ante lo que estaba escuchando, recordando las palabras de Jesús: “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!” (Mateo 23:24). ¿Ha llegado la iglesia a tal ceguera que creemos que una persona que supera el límite de velocidad equivale o justifica la fornicación? Si va a exceso de velocidad, ¡BAJE LA VELOCIDAD! ¡Si estás en fornicación, ARREPIÉNTETE Y CREE LA VERDAD QUE TE HARÁ LIBRE!

Inmediatamente antes de que Cornelio y los que estaban con él fueran llenos del Espíritu Santo, Dios hizo algo milagroso que la mayoría de la gente desconoce. Pedro dijo que Dios purificó sus corazones por la fe (Hechos 15:9). Pedro acababa de predicarles que aquellos que creen en Jesús “recibirán perdón (libertad) de pecados1 (Hechos 10:43). Al creer el evangelio que Pedro predicaba, el Espíritu Santo cayó sobre ellos y los llenó, pero Dios en ese momento ya había purificado sus corazones. Esta es la obra de la sangre derramada de Jesucristo. Es la promesa del evangelio. Jesús vino, sufrió y murió para lavar las tinieblas de tu alma.

Artículo original publicado en inglés el 15 de Junio de 2017, con el título: Darkness of the soul (PDF)

1 N.T. En Hechos 10:43, la palabra “perdón” viene del griego aphesis que literalmente significa “libertad”, figurativamente significa «perdón», por lo que podría traducirse también cómo «liberación», «remisión».

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

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