136. El espíritu incorrecto

Un domingo compartí un sueño que había recibido esa misma mañana. En el sueño, estaba visitando a algunas personas cristianas cuando alguien dijo: “La hermana (no recuerdo el nombre) tuvo un ataque demoníaco ayer, pero está bien, porque hoy estuvo en el Espíritu”. No sabía si el ataque demoníaco consistía en que se tiraba al suelo en convulsiones o si había maldecido a alguien, pero en el sueño dije: “¡Si tuvo un ataque demoníaco ayer y estuvo en el Espíritu hoy, es el espíritu incorrecto!”.  

Una señora estaba visitando ese servicio, y su hermano compartió esto conmigo. Me dijo: “Mi hermana ha sido la pianista en otra iglesia durante años, pero recientemente Dios verdaderamente la salvó. Todo en ella ha cambiado, pero por alguna razón, los demás ministros de su iglesia ahora se están separando de ella. Mi hermana me contó: ‘Mi pastor recientemente me maldijo, pero en el siguiente servicio, mi pastor estaba en el púlpito y parecía muy espiritual. No sé qué pensar de esto’. Entonces usted contó su sueño y dijo: ‘…si alguien tuvo un ataque demoníaco ayer y estuvo en el Espíritu hoy, ¡es el espíritu incorrecto!’”  

El apóstol Pablo nos dijo: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:16). Las palabras “da testimonio a” provienen de una palabra griega que significa “testificar conjuntamente”. En otras palabras, nuestro espíritu y el Espíritu Santo presentan evidencia en unísono de que somos hijos de Dios. Pero, ¿qué significa cuando el testimonio de uno parece contradecir al otro? Este era el caso del pastor mencionado anteriormente.  

Al prometer la redención, Dios dijo: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros” (Ezequiel 36:26). Recibir este “corazón nuevo” y “espíritu nuevo” es la esencia de lo que significa “nacer de nuevo” (Juan 3:7). Esto sucede cuando Dios envía el Espíritu de Cristo a nuestros corazones.  

La primera evidencia de este nuevo nacimiento es una sed insaciable por las cosas celestiales, que de hecho es nuestro “espíritu nuevo” buscando comunión con Dios nuestro Padre. Pablo describe esto diciendo: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:6).  

La siguiente gran evidencia de este nuevo espíritu es el “amor”. Cuando una persona nace de Dios, se siente abrumada por el amor y la compasión hacia los demás. El amor es una evidencia tan poderosa de haber nacido de Dios que el apóstol Juan escribió: “El que no ama, no ha conocido a Dios…” (1 Juan 4:8). Sin embargo, el amor no es la única evidencia de conocer a Dios. Juan también nos dijo que “todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.” (1 Juan 3:6). Juan utiliza estas cosas como el testimonio que nuestro espíritu da de si somos hijos de Dios o no. Él dice: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Juan 3:10).  

La manifestación de la naturaleza de Cristo en nuestro corazón y vida es el “testimonio” que nuestro espíritu da de que somos hijos de Dios. Pero Pablo habla de un segundo testimonio, diciendo: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu…” (Romanos 8:16). Cuando el Espíritu de Dios llena a un hijo de Dios, comienza a dar un segundo testimonio. El Espíritu de Dios empieza a ungir, obrar a través de la persona y guiarla de manera sobrenatural. Hablar en lenguas, los dones del Espíritu, la unción para predicar, los milagros, y muchas otras cosas similares son testimonios dados por el Espíritu Santo de que esta persona es un hijo de Dios. Sin embargo, es importante recordar que el Espíritu de Dios solo “testificará conjuntamente” con aquellos que también tienen el Espíritu de Cristo (Romanos 8:9). El Espíritu Santo nunca dará testimonio de un corazón pecaminoso.  

Este próximo párrafo puede ser impactante, pero es importante entenderlo. Si el espíritu de una persona se manifiesta a través de impurezas, odio, blasfemias, codicia o cualquier otra cosa similar, aunque hablen en lenguas o profeticen, puedes estar seguro de que sus lenguas y profecías no son un testimonio del Espíritu de Dios. Solo un espíritu incorrecto dará testimonio en unísono con un corazón impuro. Lo mismo aplica para aquellos que predican, enseñan o incluso parecen realizar milagros. Si el testimonio de su espíritu no refleja la naturaleza de Cristo, el espíritu que obra con ellos no es el Espíritu de Dios. ¡Es el espíritu incorrecto! 

Artículo original publicado en inglés el 14 de Marzo de 2021, con el título: The Wrong Spirit (PDF)

NOTA: Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

Published by

Deja un comentario

¿Es este tu nuevo sitio? Accede para activar las funciones de administrador y cerrar este mensaje
Iniciar sesión