
Nada cambia el pasado. La leche ya fue derramada; el hecho ya fue cometido; nada puede cambiarlo. Ni siquiera Dios cambia el pasado, pero Él sí cambiará tu futuro. Y lo hace cambiando lo que eres en el presente.
La Biblia habla de “pecados pasados”. Estos son pecados que ya no están presentes. Ya no forman parte de lo que una persona es. Cuando el apóstol Pablo menciona los tipos de personas que “no heredarán el reino de Dios” —fornicarios, adúlteros, avaros, ladrones, etc.— continúa diciendo: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11). Estas personas de las que Pablo hablaba, como hijos de Dios, ya no practicaban esas cosas pecaminosas. Tales cosas habían sido lavadas de su corazón y de su vida por la sangre de Jesucristo. Aquellos viejos hechos eran ahora “pecados pasados”.
Pablo dejó muy claro el tema del perdón de los pecados para quienes confían en Cristo. Él nos hace saber que Cristo, siendo puesto como “propiciación”, declara la justicia de Dios “…a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Romanos 3:25). La palabra “pasados” en este versículo proviene de una palabra griega que significa “que ya ocurrieron”. La Biblia nunca dice que se nos perdonan nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Antes de discutir esto, ve a la Biblia y encuéntralo. La Biblia sí dice que Cristo “…habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados…” (Hebreos 10:12), pero no dice que Él perdonó tu vida de pecado para siempre.
Este pasaje que acabamos de mencionar nos dice claramente que Dios perdona los pecados de nuestro pasado. La expresión “pasado por alto” en este pasaje proviene del término griego “paresis”, que significa “pasar por alto” o “tolerar”. Habla de “dejar pasar algo sin tomarlo en cuenta”. En términos sencillos, Dios tolerará tus pecados pasados y no los tomará en tu contra si confías en Su Hijo, Jesucristo. Es importante notar que Pablo especificó que este “pasar por alto” se refería a “pecados pasados”. A esto llamamos perdón.
Mientras una persona esté contenta viviendo en pecado, nunca conocerá a Cristo. Pero aquel que busca apartarse del pecado descubre que, aunque muchas veces puede cambiar sus acciones, no puede cambiar el contenido de su corazón. En verdad, solamente Cristo puede apartar verdaderamente a una persona de sus iniquidades.
Después de que el hombre cojo fue sanado en la puerta llamada la Hermosa, Pedro dijo al pueblo: “A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad” (Hechos 3:26). ¿Puedes ver que la bendición de Cristo es que Él nos convierte de nuestras maldades, es decir, nos aparta de nuestras iniquidades? Esta misión de Jesucristo de “convertirnos de nuestra maldad” y de “apartarnos de las iniquidades” no se cumplió durante Su ministerio terrenal, porque Pedro dice que fue después de que Jesús resucitó de los muertos que Él fue enviado para apartarnos de la maldad.
Jesús nos aparta de la iniquidad cumpliendo la promesa hablada por el profeta Ezequiel. Dios dijo: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26-27).
Jesucristo sufrió y murió en la cruz para cumplir la promesa de darnos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Esto no se logra mediante principios y mandamientos religiosos, sino mediante el poder santificador de la sangre de Cristo. “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12). Cuando Cristo cambia el corazón de una persona, todo en ella cambia. Es imposible que alguien que conoce a Cristo continúe en pecado. “Todo aquel que permanece en él, no peca…” (1 Juan 3:6). “En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:2). Cuando Cristo entra, los pecados que estaban presentes se convierten en “pecados pasados”. Esta es la maravillosa obra de Cristo Jesús, quien vino para hacernos libres.
Dios les bendiga,
Pastor Keith Surface
Artículo original publicado en inglés el 16 de Mayo de 2026, con el título: Sins that are Past
NOTA: Todas las citas bíblicas provienen de la versión Reina-Valera 1960.

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